First Dates no deja de sorprender.
Semana tras semana, First Dates sigue sorprendiendo a los espectadores. A pesar de ser un programa que lleva varios años en antena, se las ingenia para encontrar a pretendientes que no dejan a nadie indiferente. Además, Cuatro sigue teniendo una audiencia fiel y un gran seguimiento en las redes sociales.
Parte del éxito de First Dates consiste en que, gracias al programa que sigue presentando Carlos Sobera, aprendemos a ligar en la era moderna. Además, hace una gran labor ayudando a visibilizar a las minorías, aprendemos los valores de la tolerancia… y, otras veces, simplemente nos enseñan lo que no debemos hacer en una cita en absoluto.

En esta ocasión, la pretendienta era María, una mujer que afirmó que cada mañana reza un poquito al Ángel de la Guarda para que vengan las cosas buenas y los angelitos durante el día. Ella se considera una mujer muy tradicional y no ha tenido mucha suerte en el amor. Según le contó a Carlos Sobera, no ha encontrado a gente afín a ella.
“Gente muy mayor, gente con hijos, delincuentes…” es como ha definido a sus anteriores pretendientes. Pero ella está buscando a un hombre también tradicional que quiera tener hijos con ella, porque es su deseo y ya sabe que «va tarde».
María se ha encontrado con Álvaro, un hombre del Partido Popular, cristiano, aficionado a disfrazarse en el pasaje del terror. Él desea casarse y formar una familia, pero primero necesita conocer bien a la persona. Al verlo, María ha notado que es alto y fuerte. Él también ha sentido que hay algo entre ellos dos y rápidamente se han puesto a conocerse.

Ambos quieren una relación estable y comparten un interés por la informática. Sin embargo, Álvaro se ha quedado sorprendido al descubrir que María tiene un año más que él: «Siempre he estado con chicas menores que yo, entre 18 y 35 años».
María y Álvaro comenzaron la cena conversando sobre sus profesiones, y ella le mencionó que ella era abogada con varios campos de especialización. Aunque no se considera una persona pija, prefiere parecerlo antes que ser «una friki hortera rastrera». Además, le contó que tenía una faceta artística, y que además de cantar en los karaokes, también bailaba. Ella ha asistido a varias academias de renombre, pero decidió no hacerse profesional porque considera que es un mundo muy difícil.
“Ya me dijo mi hermano que iba a hacer el ridículo”.
María y Álvaro descubrieron que compartían intereses románticos y que ambos deseaban una relación seria con la intención de tener hijos. Álvaro había mencionado también que le apasionaban los pasajes del terror y que disfrutaba disfrazándose, algo que a María le resultaba un poco aterrador, sin embargo, estaba dispuesta a probarlo junto a él. Al conocer mejor a Álvaro, María se dio cuenta de lo religioso y tierno que era, así como de su debilidad por las películas de amor, ya que le hacían llorar.

En el reservado, María y Álvaro se han dedicado a hablar de su afición por la música, el karaoke y la capacidad del soltero para imitar a personajes famosos. Se atrevieron incluso a darse besos en el cuello. Todo iba bien y María llegó a la conclusión de que quería una segunda cita con el informático.
Sin embargo, Álvaro le dijo que no había sentido la conexión que él estaba buscando y que le gustaría conocer a alguien más joven. María se quedó atónita al escuchar aquello en público, y le reprochó que no se hubiera atrevido a decírselo en privado, asegurando que era una falta de respeto. Recordando las palabras de su hermano «vas a hacer el ridículo y encima te van a hacer daño», María temía que aquello se convirtiera en el tema de conversación de los colegios de abogados de media España.

María salió de la situación aterrorizada, mientras que Álvaro, desconcertado, le pidió disculpas en público. Sin embargo, explicó que había que ser honesto y que habría sido peor si se lo hubiera dicho más tarde.