web analytics

Madre mía el que me ha tocado… Quiere salir corriendo de First Dates tras descubrir quién es su cita

Raquel y Gladys revolucionan First Dates: “Siempre he dado miedo por mi manera de ser”

Buscar el amor no es tarea fácil, y menos aún en los tiempos que corren. Ni siquiera en un entorno tan aparentemente ideal como el restaurante de First Dates, el popular programa de citas de Cuatro presentado por Carlos Sobera. Pero hay quienes siguen apostando por el romanticismo con toda su esencia… y un toque muy personal. Es el caso de Raquel, una segoviana de 61 años que llegó acompañada por su inseparable muñeca Gladys y dejó a todos sin palabras desde el minuto uno.

Artesana y profesora, Raquel no se corta a la hora de hablar de sí misma. «Siempre he dado miedo por mi manera de ser», confesó nada más llegar. Con una vida marcada por la independencia y el inconformismo, explicó que nunca ha creído en el compromiso tradicional. «A los cuatro años, me escapo. No me gusta el compromiso. Me gustan las relaciones abiertas. Estoy en un punto de mi vida que me gusta probar y averiguar», afirmó con desparpajo.

El regalo que no salvó la cita

Dispuesta a conquistar a su cita de una manera especial, Raquel llevó consigo un detalle único: un bolso de cremallera artesano, hecho por ella misma. Pero ni el gesto ni la simpatía inicial fueron suficientes para que surgiera la chispa.

El comensal elegido para compartir la cena fue José Leonardo, un médico venezolano de 66 años. Y la primera impresión no pudo ser más accidentada. «Cuando le he visto con la barba y esos pelos, he dicho ‘madre mía el que me ha tocado'», soltó Raquel, sin filtros. Él, en cambio, quedó encantado: «Lo que más me gustó es que me recibió con una gran sonrisa».

Polo naranja, peto vaquero y un hijo de tres años

Con una vestimenta difícil de ignorar —polo naranja y peto vaquero—, José Leonardo quiso romper el hielo con humor: «He venido con la artillería pesada para conquistarte, con mi traje de gala». Y aunque su simpatía fue evidente, sus circunstancias personales no terminaron de convencer a Raquel.

El venezolano explicó que lleva siete años en España y que no ha podido volver a ver a su madre por problemas de visado. Además, confesó tener un hijo de tan solo tres años. Esto último fue un punto de inflexión para Raquel: «Me da mucha pereza estar con una persona que tiene hijos y una vida que no va con la mía. No le gusta viajar, no tiene inquietudes… Yo no quiero gente perezosa, quiero gente con entusiasmo», sentenció con rotundidad.

Dos mundos opuestos

Mientras Raquel hablaba con ilusión de viajar en furgoneta y vivir nuevas experiencias, José Leonardo compartía una visión de vida más tranquila. El médico valoró positivamente el hecho de que Raquel cuidara de su madre y lo interpretó como una señal de buen corazón: «Quiero cumplir el rol de papá y para ello necesito el apoyo de una pareja que le gusten los niños. Y creo que ella cumple porque tiene buen corazón. Está cuidando de su madre y eso me lo dice todo».

Además, relató un episodio muy especial de su vida: vivió durante más de un año en la calle. Lejos de ser un recuerdo traumático, lo considera una etapa enriquecedora: «Para mí fue una experiencia maravillosa. He creado un grupo ‘Sin techos por el mundo mejorando el mundo’. Recogen plástico para niños con enfermedades». Raquel, por su parte, valoró su sensibilidad: «Me gusta porque está pendiente de la gente y de cuidar a los demás».

Final sin chispa… pero con respeto

La cita tuvo momentos de complicidad e incluso alguna que otra risa en el reservado del programa. Sin embargo, en el momento de la decisión final, las posturas no fueron coincidentes. José Leonardo expresó su interés en seguir conociendo a Raquel. Ella, sin embargo, fue honesta:

No sintió la chispa y rechazó una segunda cita.

Raquel se fue con la cabeza alta, fiel a sí misma, y acompañada de su muñeca Gladys, demostrando que a veces el amor propio y la autenticidad valen más que una cena en compañía.