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Última hora: Salvador Illa, ingresado en el hospital de urgencia

Un susto en la agenda del president.

La mañana del sábado empezó con un sobresalto para el Palau: Salvador Illa tuvo que frenar en seco su rutina deportiva tras encontrarse mal. Desde su entorno trasladaron que está “en buen estado”, aunque se desplazó a un centro hospitalario para una revisión completa. La noticia corrió rápido porque no se trataba de un acto público, sino de un episodio personal que acabó afectando a su agenda institucional. Aun así, el mensaje oficial fue de calma y prudencia.

Salvador Illa (La Roca del Vallès, 1966) es uno de los nombres más reconocibles del socialismo catalán y, desde 2024, el presidente de la Generalitat. Su trayectoria política se ha cocinado a fuego lento, con muchos años de trabajo municipal antes de dar el salto a responsabilidades mayores. En el PSC ha sido una figura clave en la organización y en el diseño de estrategia, con un perfil más de gestor que de orador de trazo grandilocuente. Esa mezcla de discreción y constancia es parte de su marca pública.

Su proyección estatal llegó cuando asumió el Ministerio de Sanidad en enero de 2020, en un periodo especialmente exigente para cualquier cargo público. Aquella etapa lo colocó en el foco mediático y lo convirtió en un rostro familiar para millones de ciudadanos. Más tarde, su regreso al primer plano catalán lo situó como líder socialista en el Parlament, hasta culminar en la presidencia. Hoy gobierna con un estilo que busca transmitir normalidad institucional y control del detalle.

Del despacho al asfalto.

Desde el verano de 2024, Illa dirige la Generalitat tras ser investido en el Parlament y abrir una nueva etapa política en Cataluña. Su llegada al cargo se interpretó como un cambio de ciclo, con el PSC recuperando la centralidad del Govern. En paralelo, el president ha intentado proyectar una imagen de cercanía, sin convertir cada gesto en un espectáculo. Y en ese retrato cotidiano, el deporte tiene un papel visible.

Precisamente después de entrenar fue cuando apareció el contratiempo: fuentes oficiales explicaron que se sintió “indispuesto” tras practicar deporte. A pesar del malestar, mantuvo una visita institucional prevista en el Ayuntamiento de Ascó (Tarragona). Allí se reunió con el alcalde, Miquel Àngel Ribes, en un encuentro que se desarrolló con aparente normalidad. Sin embargo, al no remitir la molestia, el president acabó poniendo rumbo al hospital.

La oficina del president detalló más tarde que las pruebas eran para “valorar una posible afectación muscular”. El resto de la agenda del sábado quedó suspendida, como medida lógica para priorizar la evaluación médica. Desde Presidencia insistieron en que se encontraba bien y que, por el momento, no había sido necesario ingresarlo. En política, donde cada gesto se interpreta, el comunicado buscó cortar de raíz cualquier lectura alarmista.

Mensajes de apoyo en el móvil.

No es un secreto que Illa es aficionado a correr y que suele entrenar con frecuencia, incluso cuando viaja por motivos oficiales. Esa constancia, que a menudo se lee como disciplina personal, esta vez jugó una mala pasada en forma de susto muscular. El episodio, sin dramatismos, también recuerda lo frágil que puede ser la normalidad cuando se mezcla vida privada y responsabilidades públicas. Y obliga a mirar con más humanidad a figuras que, por el cargo, parecen vivir siempre a prueba de imprevistos.

A última hora, la conversación ya estaba instalada en el terreno inevitable: el de los mensajes, los deseos de recuperación y las interpretaciones rápidas. En pocas horas, las redes sociales se han llenado de comentarios enviando ánimo al político. Entre publicaciones y respuestas, se repitió la idea de que lo importante era que las pruebas confirmaran que todo quedaba en una anécdota. Por ahora, el relato oficial va en esa dirección: prudencia médica y tranquilidad.