Según estudio las personas que prefieren el café sin azúcar y el chocolate amargo son más malvadas

Que el café puede ser un verdadero lo sabemos todos los que somos aficionados a esta bebida. Pero no es menos cierto que, para muchos de nosotros, tomar el café sin azúcar resulta muy complicado, sobre todo cuando es café solo sin leche, ni nada para endulzarlo. Se trata de un sabor muy amargo para el que hay que estar muy acostumbrado.

Por eso, cuando restringimos el azúcar no lo disfrutamos tanto. Si lo tomamos de esta manera es porque estamos demasiado dormidos, y necesitamos desesperadamente despertarnos. Pero no es el caso de todo el mundo.

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Seguramente todos conozcamos a ese amigo extraño —porque para nosotros, por supuesto, es extraño— que nunca le pone azúcar al café… Pues según un estudio de la Universidad de Inssbruck en Austria, habría que vigilarle muy de cerca.

Y es que el estudio sostiene que las personas que prefieren el café sin azúcar tienen tendencia a ser más malvados. Y no ocurre solo con el café sin azúcar: también se aplicaría a las personas a las que les encanta el chocolate amargo, agua tónica o los rábanos.

El estudio se basó en una serie de encuestas a hombres y mujeres con una edad promedio de 35 años promedio, en las que se les preguntó sobre sus preferencias en sabores, o sea, si les gustaba más lo dulce, salado, amargo o ácido.

Posteriormente, compararon esos resultados con los análisis de personalidad que le hicieron a las mismas personas para medir sus niveles de agresividad. Y el estudio reveló algo sorprendente: las personas que preferían los sabores amargos tendían a presentar rasgos de psicopatía, narcisismo, sadismo y maquiavelismo. Por el contrario, a quienes les gustaba más de lo dulce, eran más amables.

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Los investigadores no se quedaron con ese primer estudio, y decidieron continuar investigando el motivo de la relación entre el sabor amargo y estas cualidades. Lo que descubrieron fue que las personas asocian el sabor amargo con “algo peligroso”, y encuentran satisfacción en consumir algo con esa carga de riesgo.

Eso sí, no perdamos la cabeza: hay que tener en claro que el que a una persona le guste lo amargo no significa necesariamente que sea malvado, ya que los gustos pueden cambiar con los años y no es 100% determinante en la personalidad de nadie.

¿Qué os parece a vosotros?