Un Nuevo Aire en la Televisión Pública: La Revuelta Revoluciona La 1
Desde su llegada al prime time de La 1, el programa «La Revuelta» ha causado una auténtica tormenta de opiniones. David Broncano y su equipo han convertido el espacio en un lugar de encuentro para todo tipo de personajes: desde cirujanos que comparten anécdotas de quirófano, deportistas que cuentan sus retos más épicos, hasta actores, cantantes de flamenco, youtubers y, por supuesto, la ya conocida irreverencia de los colaboradores habituales de Broncano. Sin embargo, como en toda buena revolución, el desparpajo de «La Revuelta» no ha dejado indiferente a nadie, especialmente a quienes vigilan con lupa la imagen de la televisión pública.
RTVE, consciente de su función de servicio público, ha defendido la iniciativa asegurando que el programa aporta frescura y actualidad a temas tan variados como los problemas de vivienda que sufren los jóvenes o la importancia de la sanidad pública. No obstante, a pesar de cumplir con esa promesa de abordar cuestiones relevantes y ofrecer contenidos que conectan con la realidad de los espectadores, «La Revuelta» ha tropezado con ciertas normas que una televisión pública como La 1 no puede ignorar. Y es que, si bien Broncano y compañía han traído un aire desenfadado, no todos están encantados con ese toque «sin filtros» que, por momentos, parece salirse de la raya.
El Delicado Equilibrio entre Libertad Creativa y Control de Contenidos
La cuestión principal radica en un dilema que enfrenta RTVE: ¿cómo permitir la frescura y libertad de un programa que proviene de un entorno más relajado en cuanto a normas, como La Resistencia, y adaptarlo a las restricciones de la televisión pública? Es innegable que Broncano llega de un contexto donde las regulaciones son más laxas, acostumbrado a un formato en el que el lenguaje y el contenido no estaban sujetos a la censura de horarios ni a normas de edad. En «La Revuelta», sin embargo, la realidad es otra, ya que más de 20 minutos del programa se emiten en horario infantil, un espacio que está regulado de forma estricta por la normativa audiovisual.
El equipo de «La Revuelta» ha procurado adaptarse, e incluso ha recordado a los más pequeños que ya es hora de ir a dormir antes de que el programa alcance su tono más desenfadado. Pero, a pesar de estas advertencias, el propio David Broncano ha protagonizado momentos que han dejado a más de un espectador boquiabierto. No han faltado chistes sobre drogas, palabrotas dichas al calor del momento, o comentarios que, para muchos, parecen rozar el límite de lo aceptable en un programa de televisión pública. A esto se suma el hecho de que, en el contrato del programa, existe una cláusula que les garantiza «libertad absoluta de creatividad y contenidos», lo que ha generado sorpresa entre los que esperaban un Broncano más contenido.
La Opinión del Público y el Camino hacia la Adaptación
No es la primera vez que este choque entre creatividad y normativa se convierte en tema de debate. Durante el FesTVal de Vitoria, donde el equipo de «La Revuelta» presentó el programa, la prensa no tardó en cuestionarles sobre cómo abordarían la censura de ciertos temas y palabras. La respuesta fue clara: “En la primera parte del programa tendremos más cuidado, porque es una responsabilidad, pero en el resto creo que se pueden hacer bromas y que la gente lo va a entender”. Un compromiso que, sin embargo, parece haberse quedado corto en más de una ocasión, ya que las bromas subidas de tono han irrumpido en horarios que deberían ser más recatados.
Uno de los momentos que más ha llamado la atención se produjo cuando Grison, un colaborador del programa, soltó un comentario del estilo: “Eso lo pillo yo hace unos años y me lo fumo”, refiriéndose a la caca cuadrada de los wombats, o cuando Sergio Bezos exclamó “¡Farlopa!” sin más. Evidentemente, estos comentarios no pasaron desapercibidos y la reacción de RTVE no se hizo esperar. La cadena exigió a Broncano y a su equipo mayor contención, y para sorpresa de muchos, la respuesta fue positiva. Se comprometieron a no repetir estos comentarios y a respetar la franja de horario protegido.
La Intervención de la Defensora de la Audiencia
El asunto llegó a oídos de Rosa María Molló, la Defensora de la Audiencia de RTVE, quien no dudó en abordar la cuestión en su propio programa, que se emite los domingos a las 13:30 en La 2. En un interesante diálogo, convocó tanto al delegado de Contenidos de RTVE, Agustín Alonso, como al propio Ricardo Castella, director y productor ejecutivo de «La Revuelta», para discutir los límites y responsabilidades que conlleva emitir un programa de estas características en una televisión pública.
Durante la conversación, ambos responsables no solo reconocieron la necesidad de ajustar ciertos aspectos del contenido, sino que además se comprometieron a eliminar bromas y referencias a drogas durante la franja de access prime time y, lo que muchos aplaudieron, a incrementar la presencia femenina en el programa. Hasta ahora, solo dos mujeres, Lalachus y Valeria Ros, formaban parte del equipo, una cifra que claramente no representa la diversidad que se espera de un programa con tanto alcance.
Un Nuevo Capítulo para La Revuelta
Estos acuerdos suponen un punto de inflexión para «La Revuelta», que a partir de ahora tendrá que ajustarse aún más a los parámetros que exige una televisión pública. Dicho esto, no todo ha sido un tirón de orejas, ya que el formato ha logrado atraer a una audiencia fiel que ha elevado las cifras de espectadores de La 1. De hecho, RTVE ha apostado tanto por David Broncano y su equipo que no solo ha recortado minutos del Telediario para que el programa tenga más tiempo al aire, sino que incluso ha añadido 10 minutos adicionales para competir en la misma franja que «El Hormiguero» de Pablo Motos.
El balance es, sin duda, un reflejo de lo que ocurre cuando la televisión pública busca renovarse y acercarse a un público más joven sin perder de vista su misión de servicio público. Y aunque el viaje no ha estado exento de polémicas, parece que La Revuelta está encontrando poco a poco el equilibrio entre ser un espacio irreverente y cumplir con las normas que exige una televisión que, a diferencia de otras, pertenece a todos los ciudadanos.