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Se disfraza de su madre para seguir cobrando una pensión de 50.000 euros al año tres años después de su muerte

Se convierte en lo más comentado.

Hay noticias que interrumpen la rutina como una sirena en mitad del silencio. De pronto, una historia irrumpe en los informativos y convierte en irreales los gestos más cotidianos. La conversación en la oficina cambia, los grupos de mensajería hierven y todo el mundo busca entender qué ha pasado. Son episodios que, por lo inesperados, dejan a una sociedad entera con la sensación de que la realidad ha cruzado una línea insospechada.

A veces esos sucesos parecen sacados de una comedia negra; otras, recuerdan a un drama que nadie se habría atrevido a escribir. Los elementos son tan extravagantes que cuesta creer que hayan tenido lugar en una calle cualquiera, en un edificio administrativo o en una vivienda anónima. Y sin embargo ocurren, y quedan registrados en atestados policiales, actas municipales y expedientes judiciales. Lo verdaderamente desconcertante es que casi siempre empiezan con gestos que, vistos desde fuera, parecen rutinarios.

Eso es precisamente lo que ha sucedido en un pequeño municipio del norte de Italia, donde un trámite de documentación rutinario ha destapado una trama tan inverosímil como concreta. No hablamos de un gran escándalo financiero ni de una operación internacional, sino de una escena en la ventanilla de un ayuntamiento. En Borgo Virgilio, localidad cercana a Mantua, un vecino decidió desafiar los límites de la credibilidad para seguir cobrando una pensión familiar. El resultado ha dejado perplejos a residentes, autoridades y medios de comunicación.

Un caso que desconcierta.

El protagonista de esta historia es un hombre de 57 años, enfermero, que ideó un plan tan rudimentario como arriesgado. Su objetivo, según la reconstrucción de los hechos, era renovar el documento de identidad de su madre ya fallecida para seguir cobrando la prestación a su nombre. Para ello, decidió transformarse físicamente en ella y presentarse ante la administración como si nada resultara extraño. Peluca cuidadosamente colocada, rostro maquillado, manos arregladas y un collar de perlas componían la escena que dejó sin palabras a más de un funcionario.

La secuencia clave se produjo el 11 de noviembre, cuando el hombre entró en el ayuntamiento interpretando a Graziella Dall’Oglio, su madre, fallecida tres años antes. El parecido con la imagen del antiguo documento, según ha relatado el alcalde, existía pero no era suficiente para disipar todas las sospechas. Llamaba la atención la vitalidad de aquella supuesta anciana, algo que el regidor resumió con una frase que ya ha dado la vuelta a los titulares: “Esta señora llegó conduciendo y luego caminaba muy alegremente”. Ese detalle, que podría haber pasado desapercibido en otro contexto, fue la chispa que encendió las alarmas en la corporación local.

Un funcionario decidió entonces recurrir a una táctica tan vieja como eficaz en la burocracia: pedirle que regresara al día siguiente con la excusa de completar el trámite. La fórmula fue literal, la célebre invitación a posponer cualquier gestión: “Vuelva usted mañana”. Cuando el hombre volvió, ya no le esperaban únicamente ventanillas y formularios, sino agentes de la policía local. Lo acompañaron hasta su domicilio y, en el comedor de la vivienda, hallaron el cuerpo momificado de la madre, oculto desde 2022 para que la pensión continuara ingresándose con normalidad.

Un relato que viaja.

A partir de ese momento, el caso dejó de ser una sospecha pintoresca y pasó a ocupar un grueso expediente judicial. Al hombre se le atribuyen delitos relacionados con la ocultación del cadáver, la suplantación de identidad, el engaño a la Seguridad Social y la falsificación de documentos, mientras permanece en libertad con cargos a la espera de que avance la investigación.

Las autoridades intentan calcular cuánto dinero habría cobrado de forma indebida y si contó o no con la colaboración de otras personas. La prensa italiana ya lo cita como uno de los episodios de fraude más insólitos que se recuerdan, tanto por el engaño en sí como por el atrevido disfraz. El suceso ha sido muy comentado internacionalmente en las redes sociales.