Se confirma la venganza machista de Tomás Gimeno: así fue el parricidio planificado

Los dos bultos se han encontrado atados al ancla, pero uno estaba vacío.

El barco Ángeles Álvariño estuvo parado en el barranco en el que días antes encontró la botella de buceo de Tomás Gimeno con el edredón atado por un extremo. El robot buscó sin tregua, palmo a palmo, porque la Guardia Civil estaba convencida de que Tomás asesinó a sus pequeñas. Luego embarcó los cuerpos y los lastró en el mar con el ancla y la cadena de la barca.

Es exactamente así como han hallado los dos bultos, atados al ancla, aunque uno estaba vacío. En el otro encontraron el cuerpo de Olivia, a 1.000 metros de profundidad. Los lastró, creen, entre las 21:30 y las 23:15 horas, ya que cuando volvió al puerto ya no llevaba los petates que había cargado.

La búsqueda continúa en la misma zona en la que aparecieron los petates sin tregua porque todavía no se ha encontrado el cuerpo de la pequeña Anna, de un año. La benemérita está convencida de que cerca estará el de Tomás.

El Servicio Marítimo registró la barca aquella misma noche sospechando que pudiera haber un asunto de drogas. Tomás, muy nervioso, fue a comprar un cargador de móvil antes de embarcar otra vez. Había hablado con la madre de sus hijas en tres ocasiones, tres llamadas que ayudaron a situar su teléfono en el mar.

En la segunda salida regresó a las 00:15 al mismo punto del mar. Otra vez el teléfono lo situó, durante una conversación de más de 20 minutos con Beatriz, en la que hablaron sobre el matrimonio y de la vida. En las otras conversaciones le había dicho que ya no les volvería a ver, que él cuidaría bien de sus hijas. Sin embargo, en la última llamada le dijo que se iban “muy lejos”. Era la 1:30 de la madrugada, y el móvil de Tomás volvió a situar la escena del crimen.

Despiadado hasta el final: dejó su barca a la deriva para que ella pensara que había huido.

La Guardia Civil tiene la hipótesis de que Tomás se lastró después con los 8 kilos de plomos de su cinturón de buceo, para caer al fondo como una piedra. Su móvil se apagó en el mar bruscamente.

El parricida dejó su barca a la deriva, apareciendo al día siguiente más al sur. Sin embargo, los investigadores sabían que todo había ocurrido más al norte, y que las corrientes habían desplazado la lancha. Opinaban que dejar la barca vacía era una escenificación cruel y despiadada para que su exmujer nunca supiera qué había ocurrido.

Aunque era inviable escapar de la isla con dos pequeñas, él quería que todo el mundo lo pensara. La Guardia Civil sabía que esa había sido la gran escenificación de Tomás, aunque la madre de Anna y Olivia le daba la vuelta al argumento e intentaba pensar que todo era un montaje para eliminar cualquier rastro y huir con ellas.

Obviamente, no quería ni imaginar que la acción de Tomás Gimeno tenía más que ver con lo que pretendió hacer José Bretón para seguir maltratando a su exmujer de por vida. Hay que destacar que Bretón jamás ha reconocido que matara a sus hijos en la hoguera, a pesar de haber sido condenado por ello.

La Guardia Civil sospechó desde el principio, porque nadie había visto a las niñas Olivia y Anna salir de la vivienda de su padre. Esa tarde, Tomás recogió a sus hijas, a la pequeña en casa de su madre y a la mayor en el colegio. Pasaron por casa de los abuelos, donde Tomás llevó a su perro sin que nadie se diera cuenta.

Después, volvió a su casa con las pequeñas después de llevar a la mayor a sus clases en el puerto y verificar, mientras tanto, que la barca estaba en condiciones para su plan.

Los investigadores creen que asfixió a las pequeñas.

Lo que ocurrió a continuación fue una desesperada persecución de una madre angustiada. Beatriz llegó a la casa a las 21 horas, pero ya no estaban ni Tomás ni las pequeñas. Cuando le llamó, él ganó tiempo diciendo que estaban cenando fuera y que luego las llevaba. En ese momento estaba camino del puerto y probablemente ya las había asfixiado, que es la hipótesis principal de la Guardia Civil.

Beatriz volvió a localizarle a las 10, y fue en esa conversación en la que Tomás le dijo que no le devolvería a las niñas. Las cámaras le habían captado en el puerto sacando de su coche seis bultos en tres viajes, desde el maletero a la lancha.

Dos bultos eran dos sospechosos petates de neopreno. Tras ser incapaz de volver a contactar con él, Beatriz fue al cuartel de la Guardia Civil, pero cuando los agentes hicieron un par de llamadas el móvil de Tomás ya no funcionaba, ya que se había quedado sin batería.

Los agentes le dijeron a Beatriz que si no tenían convenio de visitas, no podían determinar un secuestro parental. La búsqueda comenzó al día siguiente, pero para entonces todo el entorno de Tomás había recibido mensajes de despedida.

El entorno creyó que el hecho de que dejara su coche, su moto, su lancha, o su perro a amigos y familia, significaba que quería que le cuidaran todo porque se fugaba. Para la Guardia Civil, sin embargo, era evidencia de un brutal crimen machista.