web analytics

Se acabaron esos Bizums… La nueva medida de Hacienda que lo cambia todo para transferencias entre familiares y amigos

Cuidado con esto.

En redes sociales, las pequeñas rarezas cotidianas se han convertido en auténticos imanes de atención. Un cartel mal redactado, una norma absurda o un detalle que siempre había pasado desapercibido pueden disparar millones de visualizaciones en cuestión de horas. La gente comparte, comenta y diseca cada novedad como si se tratara de un misterio colectivo que resolver. Más allá del entretenimiento, estas curiosidades sirven también para tomar la temperatura a las preocupaciones del momento.

En ese océano de contenido, los temas relacionados con el dinero ocupan un lugar privilegiado. Cómo ahorrar unos euros, qué comisiones cobra el banco o qué letra pequeña se esconde en un contrato son asuntos que disparan la conversación. Cualquier cambio que afecte al bolsillo, por técnico que parezca, genera un aluvión de hilos explicativos, vídeos y memes. Y cuando entra en juego Hacienda, la atención se multiplica.

Últimamente, una de esas “curiosidades” financieras ha encendido todas las alarmas en los foros y grupos de WhatsApp. No se trata de un truco para ganar más, sino de una vuelta de tuerca a la manera en que el Estado vigila nuestros pagos del día a día. Usuarios de Bizum, tarjetas y plataformas de pago llevan días preguntándose si realmente “lo van a ver todo”. Lo que empezó como un comentario suelto se ha convertido en un tema recurrente en la conversación digital.

Descubriendo lo inesperado.

Lo que hay detrás de tanta inquietud es un cambio normativo que entra en vigor el 1 de enero de 2026 y que redefine la relación entre los ciudadanos, los bancos y la Agencia Tributaria. Desde esa fecha, las entidades financieras y de pago deberán enviar a Hacienda un retrato mucho más detallado de lo que ocurre en las cuentas y aplicaciones de sus clientes. Ya no solo interesarán las grandes operaciones, sino también los pagos cotidianos que antes pasaban desapercibidos. Para muchos usuarios, la sensación es que la lupa baja hasta los movimientos más pequeños.

Este refuerzo del control se articula a través del Real Decreto 253/2025, que actualiza las obligaciones de información de bancos y plataformas de pago. A partir de ahora, las entidades deberán remitir mensualmente a la Agencia Tributaria datos de todas las operaciones realizadas con Bizum y de los pagos con tarjeta, sin un umbral mínimo de importe. El límite anual de 3.000 euros, que hasta ahora marcaba cuándo había que reportar, desaparece del mapa. Todo movimiento computa, desde el café pagado con el móvil hasta la compra del supermercado.

El foco no se queda solo en los pagos pequeños: las emisoras de tarjetas estarán obligadas a señalar cada año a Hacienda qué usuarios han superado los 25.000 euros de gasto con sus plásticos. En ese cálculo entran las tarjetas de crédito, las de prepago y también las virtuales que se usan para compras online. Asesores fiscales consultados recuerdan que el objetivo oficial es estrechar el cerco sobre el fraude, especialmente en sectores donde abundan los micropagos. Autónomos y profesionales que cobran vía Bizum o TPV son, de facto, algunos de los perfiles más expuestos a este nuevo nivel de escrutinio.

Dinero bajo la lupa.

En paralelo a las nuevas obligaciones con Hacienda, otro movimiento ha pasado casi de puntillas para el gran público: un convenio de colaboración entre el Banco de España y Bizum para compartir información agregada sobre pagos. Durante un periodo inicial de cuatro años, el supervisor tendrá acceso a estadísticas por sectores y por países que le permitirán analizar con más detalle cómo y dónde se mueve el dinero digital. Los datos estarán anonimizados, pero servirán para dibujar mapas muy precisos de los hábitos de consumo. Además, alimentarán el Laboratorio de datos del Banco de España, una iniciativa orientada a impulsar la investigación en economía digital.

Con tanta información circulando, los expertos prevén que la Agencia Tributaria cuente con más munición a la hora de seleccionar a quién inspeccionar. El cruce de datos entre bancos, Bizum y tarjetas puede revelar patrones que antes pasaban desapercibidos para el fisco. Al mismo tiempo, juristas especializados en protección de datos señalan que la recopilación masiva de operaciones plantea interrogantes sobre el derecho a la intimidad. La cuestión clave será si el nivel de detalle que se exige a las entidades resulta proporcional al objetivo de combatir el fraude.

Ante este nuevo escenario, los asesores recomiendan a los autónomos y pequeños negocios separar de forma estricta sus cuentas personales y profesionales. Tener circuitos diferenciados facilita justificar qué movimientos pertenecen a la actividad económica y cuáles corresponden a gastos privados. También se insiste en la importancia de documentar correctamente ingresos y cobros, especialmente cuando se utilizan aplicaciones de pago inmediato o TPV móviles. El sistema de pagos se vuelve más trazable, y eso exige una mayor disciplina administrativa.

Para el ciudadano medio, el cambio no implica necesariamente pagar más impuestos, pero sí convivir con una sensación de vigilancia reforzada sobre su vida financiera digital. Pagar con el móvil, enviar un Bizum a un amigo o usar una tarjeta virtual serán gestos tan cotidianos como siempre, solo que ahora dejarán un rastro mucho más visible para las autoridades. Las dudas sobre qué puede revisar Hacienda y en qué casos puede iniciar una investigación han disparado la preocupación en redes sociales. La advertencia sobre este nuevo nivel de control ha sido, precisamente por eso, muy comentada entre los internautas.