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Sale a la luz la estrella de «La que se avecina» que lleva ingresado en una clínica desde hace dos años: «Mi lucha es para salir»

Del éxito en televisión al silencio más absoluto

Ricardo Arroyo ha sido, durante años, uno de esos rostros familiares que entraban en millones de hogares cada semana para arrancar carcajadas. Su carrera comenzó con un pequeño papel en la inolvidable *El milagro de P. Tinto*, pero fue su interpretación de Higinio Heredia en Aquí no hay quien viva la que marcó un antes y un después en su trayectoria profesional. A partir de ese momento, su talento cómico le convirtió en pieza clave de la ficción televisiva española, especialmente con su personaje de Vicente Maroto en La que se avecina, serie heredera del fenómeno vecinal que conquistó a toda una generación. Sin embargo, cuando parecía estar en la cima, el actor desapareció de la vida pública sin demasiadas explicaciones, alimentando rumores y especulaciones durante años.

Una desaparición que escondía una dura realidad

Ha sido el programa *El tiempo justo* el que ha puesto luz a la situación que atraviesa el intérprete. «Está recuperándose», tranquilizaba Joaquín Prat tras explicar que el equipo tardó más de medio año en conseguir localizarle. «Nos ha costado mucho localizarlo. Casi seis meses, porque él desapareció de la vida pública hace tres años», confesaba el presentador, recordando cómo su personaje «se fue de repente». Finalmente lograron hablar con él y la revelación sorprendió a todos: «Hemos dado con él y nos ha contado que el ritmo acumulado y la presión le llevaron a estar dos años ingresado por estrés»; una confesión que destapaba el alto precio que puede tener el éxito cuando no hay descanso ni equilibrio.

Un ingreso prolongado y cuidados constantes

Antes de escuchar la voz del actor, el programa explicó que se encuentra en una clínica de Madrid bajo supervisión médica especializada. Allí recibe atención constante para tratar las secuelas del estrés extremo derivado de jornadas maratonianas. «Es el estrés lo que le lleva a estar así. Dice que trabajaba más de 12 horas diarias», comentaban desde el espacio televisivo, subrayando que los rodajes son especialmente exigentes. Durante años, Arroyo encadenó grabaciones, estudio de guiones y promociones sin apenas margen para la vida personal. La presión sostenida terminó pasando factura a su salud física y mental, hasta el punto de obligarle a parar por completo.

“Hasta aquí”: el momento en que todo se rompió

«Estoy recuperándome en una clínica de descanso. Me pudo el estrés. Llegó un momento que dije: ‘Hasta aquí'», relataba el propio actor en conversación telefónica. Ricardo recuerda cómo la situación se desbordó progresivamente: «fui de urgencias» y «de una clínica pasé a otra, y de otra a otra», en un peregrinaje médico que evidenciaba la gravedad del cuadro. Con sinceridad, reconoce que aún arrastra secuelas importantes: «para recuperarme del todo me falta tener memoria»; y aunque matiza que se refiere a «de todo», admite que le gustaría recuperar la sensación de «de ser un tío normal». Una frase que refleja no solo desgaste profesional, sino también una pérdida de identidad personal tras años de exigencia constante.

Caídas, mareos y casi dos años ingresado

Aunque asegura que «Voy cada vez mejor», su recuperación sigue siendo lenta y requiere precaución. Debe vigilar especialmente «los pasos» para evitar mareos, y ha confesado que ha sufrido «He tenido casi 20 caídas por la calle». Desde que abandonó la serie —hace casi tres años— su vida cambió por completo. Poco después ingresó en la primera clínica y actualmente acumula «Llevo ingresado casi dos años», con un coste mensual de «Unos 3.000 euros o algo así». Una cifra que da cuenta del esfuerzo económico que supone priorizar la salud cuando todo lo demás se detiene.

No fue la fama, fue la prisa

Ricardo quiere dejar claro que su situación no se debe al peso mediático. «eso no me ha pasado por la fama, sino por la prisa», afirma con contundencia. El actor describe una rutina agotadora que se prolongó durante casi dos décadas: «El estar trabajando un día, llegar a casa a las ocho o nueve de la noche, ponerte a cenar, ponerte a estudiar y levantarte al día siguiente a las seis o siete de la mañana para volver a trabajar». Un ritmo que, sostenido en el tiempo, se convirtió en una bomba de relojería. El éxito profesional, cuando no se acompaña de descanso y límites claros, puede convertirse en un enemigo silencioso.

El apoyo del público y una lucha diaria por volver

A pesar de la dureza del proceso, Arroyo mantiene el ánimo. Físicamente no se siente mal y continúa recibiendo muestras de cariño de quienes le recuerdan en la calle: «La gente de la calle me viene a ver y me dice: ‘Estás muy bien, yo te veo bien, vete a casa'». Sin embargo, el equipo médico insiste en la prudencia. «Los de aquí me dicen que me espere y que esté tranquilo, que todavía me queda», explica el actor, consciente de que la recuperación no puede acelerarse. Día tras día, mantiene un objetivo claro: «Mi lucha es para salir», subraya con determinación, dejando claro que, aunque el camino está siendo largo, no ha perdido la esperanza de volver a sentirse plenamente él mismo.