Así es la carta de El Ventorro.
Los hechos que estremecen a una comunidad entera no aparecen anunciados, pero cuando irrumpen dejan una huella difícil de borrar. La sorpresa colectiva suele ir acompañada de una mezcla de desconcierto y búsqueda de respuestas que no llegan con rapidez. En momentos así, la sociedad vuelve la mirada hacia cada detalle, tratando de entender cómo se desarrollaron los acontecimientos que marcaron un día que nadie esperaba.

A veces, estos episodios abren debates urgentes sobre la responsabilidad, la gestión y la transparencia de quienes ocupan cargos públicos. En cuestión de horas, lo cotidiano se transforma en un examen minucioso a cada gesto, cada desplazamiento y cada decisión. La conversación pública se acelera, y lo que antes pasaba desapercibido se convierte en objeto de análisis casi inmediato.
Lo vivido recientemente ha generado un efecto profundo, un sentimiento compartido de inquietud difícil de ignorar. La ciudadanía sigue desgranando información, reconstruyendo horarios, cruzando datos y tratando de recomponer una jornada que dejó un vacío enorme. Y en medio de esas horas convulsas, un restaurante del centro de València ha quedado fijado en el relato general.
Miradas en contexto.
Durante la tarde del 29 de octubre de 2024, marcada para siempre por una catástrofe meteorológica sin precedentes, el entonces president en funciones Carlos Mazón estuvo en el conocido restaurante El Ventorro acompañado por la periodista Maribel Vilaplana. De aquella estancia ya se conocen algunas llamadas oficiales, aunque quedan incógnitas sobre otras comunicaciones realizadas desde su teléfono. La comunicadora explicó ante la jueza que Mazón “estaba con el móvil constantemente”. Añadió que mientras ella guardó su dispositivo, él respondía avisos y “recuerda que sobre todo whatsappeaba, o escribía mensajes”.

El acta de su declaración señala que la testigo no escuchó las conversaciones telefónicas que él mantuvo con integrantes de su equipo ni con otros cargos del Consell. Sí hizo constar que el president parecía más atento a recibir información que a trasladarla. A preguntas de la acusación, ratificó que vio conversaciones escritas, sin poder precisar qué servicio de mensajería empleaba. Ese mismo día, otros cargos entregaron informes parciales: llamadas, registros notariales… pero no todos aportaron datos sobre mensajes o comunicaciones digitales.
Mientras tanto, la repercusión de aquella tarde se extendió más allá del ámbito político. El Ventorro, el local en el que ambos se encontraban, vio multiplicado su renombre a una velocidad inesperada. Lo que ya era un lugar apreciado por muchos pasó a ocupar titulares, comentarios y rutas improvisadas de curiosos que buscaban fotografiarse ante su puerta.
El peso de la fama.
El establecimiento, ubicado en pleno corazón de la ciudad, llevaba años ganándose el aprecio de quienes buscaban producto excelente y cocina tradicional. Sin embargo, tras el episodio que trascendió a escala estatal, su notoriedad se disparó. Hoy es difícil encontrar a alguien que no haya oído hablar del restaurante, de su dueño o de la célebre sobremesa que allí tuvo lugar. Su entrada, convertida casi en escenario, recibe a visitantes que se detienen para inmortalizar la visita.

Esa popularidad repentina ha llevado a muchos a preguntarse qué ofrece El Ventorro para atraer a tanta clientela de nivel. La respuesta no es una carta fija, porque, según explica el propio establecimiento, en El Ventorro “no seguimos una carta estándar. Cada día cocinamos ingredientes frescos y de temporada para nuestra oferta diaria”. El propietario, Alfredo, actúa como guía culinario y expone verbalmente las opciones del día.
Algunos usuarios de plataformas como Tripadvisor consideran esto poco práctico, pues les incomoda decidir sin conocer previamente todas las propuestas y sus precios. Una clienta escribió: “Pedimos carta y nos dijeron que no daban, directamente decía en voz alta rápidamente algunos platos y tú tienes que elegir casi sin pensar”. Para otros, no obstante, este sistema es parte del encanto. “Es lo que él pediría”, afirma un comensal en referencia al dueño.
Elección con gusto.
Quienes disfrutan de su mesa destacan especialmente los platos de cuchara, una de las señas de identidad del restaurante. Los responsables del local mencionan con orgullo su “fabada, garbanzos o alubias… sin olvidar nuestros pescados de playa o excelentes carnes”. A estas propuestas se suman recomendaciones muy celebradas entre los habituales.
Los entrantes más mencionados incluyen los “salmonetes en delicada fritura”, “sepionets fresquísimos”, “habitas con foie” y “vieiras exquisitas”. Como principales, vuelven a brillar los guisos del día, así como carnes selectas y productos del litoral en su punto. La bodega tiene también un papel destacado: una “cuidada selección de vinos” que se describe como compuesta por “vinos únicos, de muy diferentes regiones y países, vinos raros…”.
Para el restaurante, su misión es sencilla: alcanzar “el disfrute” y promover el “descubrimiento de nuevos sabores procedentes de muy diversos lugares”. Aun así, hay quienes señalan un punto débil, y es la falta de información previa sobre precios debido a la ausencia de carta. En las reseñas se repite la inquietud de no saber el coste de la experiencia antes de sentarse.
Un cliente lamenta que “no hay un menú fuera del restaurante y la gente no es capaz de conocer lo que ofrecen y lo que cuesta antes de entrar”. Otro afirma que el precio es alto, aunque reconoce la calidad de la cocina. La mayoría, sin embargo, pasa por alto este inconveniente y subraya la excelencia del servicio y el sabor de cada plato. Como referencia, la factura del día en que Mazón y Vilaplana comieron allí ascendió a 165 euros para dos personas.
El país entero sigue pendiente de cada avance relacionado con aquella jornada trágica, y el ambiente de indignación es palpable en cualquier conversación. Entre todo lo ocurrido, un matiz ha centrado buena parte de las miradas: el peculiar modo en que el restaurante gestiona su carta, o más bien, la ausencia de ella. Esa particularidad, inesperadamente, se ha convertido en uno de los detalles más comentados por los españoles.