Sale a la luz el motivo del accidente de Urda: «Ordenaron seguir el protocolo equivocado…»

Las decisiones bajo la lupa.

Cuando ocurre un accidente ferroviario, conocer la secuencia de los minutos anteriores resulta esencial. No basta con observar dónde quedaron los trenes tras el impacto. También hay que reconstruir qué información recibía cada profesional. Las comunicaciones pueden ayudar a entender cómo se tomaron las decisiones.

Montaje del accidente y un centro de control ferroviario

La seguridad del ferrocarril combina equipos técnicos, señales y normas de circulación. Si uno de esos elementos falla, las instrucciones que se aplican después adquieren especial importancia. El objetivo de los procedimientos alternativos es mantener la protección de los viajeros. Por eso, una diferencia entre dos órdenes puede resultar decisiva.

Los términos utilizados en una conversación de trabajo no siempre son fáciles de interpretar desde fuera. Algunas expresiones describen una avería y otras fijan cómo puede continuar un convoy. Confundir ambas cosas dificulta comprender lo ocurrido. Examinar las grabaciones junto a las reglas permite situar cada indicación en su contexto.

Las comunicaciones antes del choque.

En el accidente de Urda, la atención se ha centrado en las comunicaciones con el centro de control de Atocha. La incidencia inicial afectó al sistema LZB de la línea Madrid-Sevilla. Después se produjeron instrucciones para recuperar la circulación. El contenido de esas órdenes forma parte de las claves que se están analizando.

La reconstrucción publicada identifica una diferencia entre el procedimiento indicado y el que correspondía aplicar. El maquinista del AVE comunicó una incidencia de transmisión con bloqueo parcial. Los especialistas consultados sostienen que esa situación requería el telefonema LZB 3. Desde el puesto de mando, sin embargo, se eligió el LZB 4.

La distinción afecta a las condiciones en las que podía avanzar el tren. El procedimiento que señalan los expertos exigía circular a marcha a la vista. Esa modalidad obliga a poder detenerse ante un obstáculo visible. La orden recibida permitió, en cambio, retomar la circulación con marcha normal.

La orden que centra el análisis.

Las grabaciones recogen que el conductor pidió confirmar esa indicación. «¿Con marcha normal?», preguntó el maquinista. Desde el centro de control recibió una respuesta afirmativa. El intercambio resulta relevante porque deja constancia de la condición de circulación que se estaba autorizando.

El Iryo permanecía detenido por delante del AVE. Su maquinista comunicó que no conseguía reiniciar el sistema y que continuaba parada ante la señal de entrada de Urda. Esos avisos forman parte de los audios difundidos tras el choque. La revisión de las comunicaciones debe aclarar cómo se gestionó esa información.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, cuestionó la autorización para reanudar el recorrido en aquellas circunstancias. Según su explicación, la circulación debía haberse desarrollado bajo las restricciones de marcha a la vista. También relató que otro maquinista corrigió una orden parecida dirigida a un convoy distinto. En ese caso, el centro de control aceptó la rectificación.

Las preguntas que siguen abiertas.

La información sobre el protocolo aporta una pieza relevante a la reconstrucción del accidente. Sin embargo, no equivale a una conclusión judicial definitiva sobre todas las responsabilidades. Adif ha evitado valorar la aplicación concreta de las instrucciones mientras el caso está bajo investigación. Será necesario examinar conjuntamente los registros, los equipos y las decisiones adoptadas.

La difusión de estas conversaciones puede alimentar el debate en redes sobre la seguridad del transporte. La diferencia entre una avería y la respuesta posterior ofrece un motivo comprensible para pedir explicaciones. El interés público no elimina la necesidad de comprobar cada afirmación. Tampoco permite atribuir opiniones concretas a usuarios sin verificar sus mensajes.

En ese debate caben tanto las preguntas sobre los protocolos como las relativas a la formación y la organización del trabajo. Son cuestiones que conviene abordar con datos y con respeto a las víctimas. Las grabaciones ayudan a formular preguntas más precisas, aunque no resuelven por sí solas todo lo ocurrido. La exigencia de respuestas debe acompañarse de una información rigurosa.

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