Un programa que también mira hacia dentro.
Risto Mejide es uno de esos comunicadores que han convertido la opinión en una forma de narrar la actualidad. Publicista de formación, saltó a la primera línea como jurado televisivo, donde su estilo directo se volvió marca personal. Con el tiempo, dejó de ser solo un rostro de plató para convertirse en presentador y conductor de formatos propios. Su presencia suele mezclar ironía, análisis y un pulso claro por el ritmo del directo.

Más allá del personaje público, Mejide ha construido una carrera ligada a la comunicación en varios frentes. Ha firmado libros, ha desarrollado proyectos creativos y ha trabajado como estratega en campañas y marcas. En televisión, ese bagaje se traduce en una manera muy reconocible de ordenar debates, abrir temas y cerrarlos con titulares. Incluso cuando el contenido es ligero, suele buscar el ángulo que conecta con lo que se comenta en la calle.
En ‘Todo es mentira’, ese enfoque le ha permitido consolidar un espacio que vive a caballo entre la actualidad y la conversación en tiempo real. El programa no solo se apoya en quienes aparecen ante la cámara, sino en un engranaje técnico que sostiene el tono y la agilidad. Ahí, el presentador suele marcar distancia con lo solemne, pero no renuncia a subrayar lo importante cuando toca. Y, precisamente, esa sensibilidad hacia lo que sucede dentro del propio plató es parte de su sello.
La firma de Risto: ritmo, criterio y un punto de teatro.
Quien sigue a Risto Mejide sabe que su forma de conducir un directo tiene tanto de análisis como de puesta en escena. Maneja la pausa como recurso, cambia de registro cuando conviene y vuelve al hilo principal sin perder el control del plató. Esa capacidad para pasar del comentario al gesto humano es una de las razones por las que genera adhesiones y críticas con la misma facilidad. En cualquier caso, pocas veces deja indiferente.
También ha sabido evolucionar con los años, adaptándose al tipo de televisión que hoy reclama inmediatez. En los formatos donde participa, suele priorizar el debate ágil, el contraste de puntos de vista y una narrativa que se entiende en pocos segundos. No es extraño que, en mitad de una escaleta cargada, encuentre un hueco para una nota personal o un paréntesis inesperado. Esa mezcla de foco y espontaneidad define su etapa actual.
Por eso no sorprendió que, al inicio de 2026, el programa haya vivido varias despedidas y cambios en su equipo. En un contexto de reajustes, Mejide decidió detener el curso habitual del espacio antes de entrar en asuntos como la denuncia contra Julio Iglesias, la política internacional con Trump en el centro del foco y otros temas del día. No era un anuncio sobre tertulianos ni sobre rostros habituales, sino sobre alguien imprescindible tras los focos. Y el tono elegido fue el de reconocer el trabajo silencioso.
Cuando el directo se detiene para aplaudir.
«Hoy se despide de este programa un compañero técnico de sonido que lleva 35 años en esta casa. Justo Sanz. El programa de hoy va por ti», dijo Risto Mejide en pleno ‘Todo es mentira’. Tras esas palabras, el plató respondió con un aplauso sostenido que funcionó como despedida colectiva. La escena, breve y clara, colocó en primer plano a quien normalmente no se ve. Y dejó la sensación de que el programa, por un momento, hablaba de sí mismo.
Justo Sanz llevaba vinculado a Telecinco desde los primeros pasos de la cadena, cuando aún se estaba construyendo la plantilla inicial. Su llegada a Mediaset se sitúa en 1990, y desde entonces ha trabajado como especialista de sonido en un sinfín de espacios. Para el equipo, era una pieza de confianza; para el público, un nombre casi desconocido. Precisamente por eso, el homenaje tuvo un peso especial: poner nombre y trayectoria a un trabajo que suele pasar desapercibido.
Hubo, eso sí, un instante en el que Sanz se asomó al otro lado del espejo mediático. En el Día del Padre de 2017 participó en un reportaje para la web de Telecinco dentro del videoblog ‘Que no salga de aquí’. Allí aparecía con su hija, que por entonces también trabajaba en Mediaset, mostrando una rutina cotidiana que rara vez se cuenta. Y con ese detalle quedó retratada una idea muy presente en el sector: hay oficios y familias enteras que sostienen la televisión desde la continuidad.
Como suele ocurrir con los momentos inesperados en plató, el gesto se expandió más allá de la emisión. En cuestión de minutos, las redes sociales se llenaron de comentarios sobre lo sucedido en directo, con mensajes de reconocimiento al veterano técnico y aplausos al homenaje. Muchos usuarios destacaron lo poco habitual que es ver a un profesional “invisible” recibir ese foco. Y otros aprovecharon para recordar que, detrás del espectáculo, siempre hay gente haciendo posible que todo suene y encaje.