La distancia que ya no disimulan.
Semana insólitamente ligera para la agenda de Casa Real. Felipe VI solo tiene compromisos oficiales el miércoles y jueves, mientras que Letizia ha optado por una agenda mínima. Sus caminos se cruzan simbólicamente en Granada, aunque en días distintos, lo que parece un gesto premeditado para evitarse. Una vez más, todo apunta a que su relación personal está completamente rota, más allá de las apariencias institucionales.

Esta nueva muestra de frialdad entre los reyes refuerza lo que Pilar Eyre lleva tiempo señalando: que su vínculo es meramente profesional. “Solo son un equipo de trabajo”, ha afirmado la periodista en más de una ocasión. Las decisiones individuales, la falta de sincronía y la evidente distancia física lo corroboran semana tras semana. El matrimonio real parece haber dejado de serlo hace tiempo en lo emocional.
La reina, de hecho, ha despejado voluntariamente toda su agenda para emprender un viaje muy personal. Solo tiene una cita oficial esta semana: la visita al centro de investigación Mente, Cerebro y Comportamiento. Después de eso, hará las maletas para volar a Chile, en busca de un reencuentro íntimo con su hija. Quiere abrazar a Leonor tras más de dos meses sin verla.
Una decisión sin consenso.
El deseo de Letizia de ver a su hija ha desatado una fuerte discusión con Felipe VI. El monarca no estaba de acuerdo con que ella viajara en estas circunstancias, pero finalmente cedió ante la determinación de su esposa. “Como siempre, ha hecho lo que ha querido”, aseguran voces próximas al entorno real. La reina está profundamente afectada por lo que le ha ocurrido recientemente a la princesa.

La semana pasada, la privacidad de Leonor fue gravemente vulnerada con la publicación de imágenes captadas por las cámaras de seguridad de un centro comercial. Este tipo de material solo puede estar en manos de la policía o la justicia previa denuncia, lo que plantea serias preguntas sobre cómo llegaron a los medios. “Casa Real ha tomado medidas drásticas y ha denunciado.” La situación ha encendido todas las alarmas en Palacio.
Letizia considera que se ha cruzado una línea peligrosa, una que pone en riesgo la seguridad emocional y física de su hija. “Es su hija y una madre es una madre”, comentan fuentes cercanas a la reina. Su preocupación va más allá de la imagen pública de Leonor: teme por su bienestar. Lo que antes era una inquietud privada se ha convertido en una urgencia institucional.
Una llamada desesperada.
Pese a contar con cinco escoltas, Leonor no se siente segura. La joven ha empezado a experimentar miedo real ante la facilidad con la que su imagen puede acabar en redes sociales sin control. Ya ocurrió con una fotografía tomada en un pub, donde aparecía con una jarra de cerveza, subida por un desconocido a internet. Este tipo de exposiciones no solo afectan a su privacidad, sino también a su salud emocional.

Durante años, Casa Real ha sobreprotegido a la princesa con el objetivo de mantener su imagen impoluta. Pero la adolescencia y la vida fuera de España han demostrado que no todo puede estar bajo control. La sensación de vulnerabilidad es cada vez más intensa, y empieza a tener consecuencias psicológicas. El hermetismo que siempre rodeó a Leonor se ha resquebrajado.
“Este movimiento desesperado de la reina se debe a la llamada de socorro de la princesa el pasado viernes de madrugada”, aseguran. Leonor sufrió una crisis de ansiedad que activó todas las alarmas en su madre. Letizia no lo ha dudado: hará lo que sea necesario para estar a su lado. En Valparaíso, madre e hija buscarán refugio la una en la otra para pasar página de este amargo episodio.