Cuidado con esto.
En las últimas semanas, la conversación pública se ha llenado de titulares que hablan de riesgos compartidos. No solo se mencionan cuestiones económicas o políticas, también los asuntos de salud vuelven a ocupar un lugar central. La memoria reciente de una gran crisis sanitaria ha dejado a la ciudadanía especialmente sensible a cualquier aviso relacionado con virus y hospitales. Cada nueva alerta despierta preguntas sobre hasta qué punto estamos preparados y qué podemos hacer a nivel individual.

En este contexto de atención permanente, las noticias vinculadas a las infecciones respiratorias y digestivas ya no se perciben como meros datos técnicos. Se interpretan como señales tempranas de posibles tensiones en los centros de salud, en las urgencias y en la vida cotidiana de millones de personas.
La población observa las curvas de contagios casi con la misma atención con la que sigue la previsión del tiempo, consciente de que un cambio de tendencia puede alterar planes familiares, escolares y laborales. Esa sensibilidad explica que los avisos de los organismos internacionales tengan hoy un eco inmediato y generen debate incluso lejos de los círculos especializados.
Los expertos consultados insisten en que la información contrastada es una herramienta de protección colectiva, tan importante como las medidas médicas. Por eso, cuando las autoridades europeas anuncian cambios en el comportamiento de ciertos virus, lo que está en juego no es solo una estadística, sino la organización de todo un invierno.
A la preocupación por la gripe estacional se suma la atención a otros cuadros más discretos, como las gastroenteritis de origen vírico, que cada año afectan a miles de hogares. Comprender qué está ocurriendo con estas infecciones permite anticiparse, reforzar la prevención y reducir el impacto en los grupos más frágiles.
Alertas encadenadas.
El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) ha lanzado un aviso en el que habla de un «aumento inusualmente temprano» de los casos de gripe en la Unión Europea. La institución relaciona este adelanto con una mutación del virus y señala que la variante que domina ahora en el continente es la H3N2, conocida por favorecer una expansión especialmente rápida.

En esta temporada, además, ese linaje ha incorporado una modificación denominada subclado K, que ya se identifica en aproximadamente uno de cada tres contagios secuenciados en la región. El escenario dibujado por el ECDC no responde a una simple anomalía puntual, sino a un patrón que los epidemiólogos siguen con atención.
Japón, Reino Unido, Estados Unidos o Canadá observan la misma mutación como protagonista de sus brotes, lo que confirma que se trata de un fenómeno extendido en el hemisferio norte. Según los análisis preliminares, la ola de gripe se ha adelantado «entre 3 y 4 semanas» respecto a lo habitual, impulsada por la velocidad de propagación de H3N2. Los técnicos reconocen que todavía hay incertidumbre sobre la evolución de la temporada, pero advierten de que Europa «podría enfrentarse a una temporada más severa que las anteriores». Una de las explicaciones es que esta cepa no había sido la predominante en los últimos años, lo que, como recuerda la propia agencia, «podría provocar una disminución de la inmunidad en poblaciones sin exposición reciente».
El organismo europeo recuerda que «un número de infecciones superior al habitual también añadiría una presión adicional a los sistemas sanitarios», ya de por sí sometidos a una carga elevada. Por ello, insiste en la vacunación como principal escudo, con especial énfasis en personas mayores de 65 años, embarazadas y pacientes con defensas disminuidas. Edoardo Colzani, jefe de la Sección de Virus Respiratorios del ECDC, resume la urgencia del momento al señalar que «Este año estamos observando un aumento de las detecciones de gripe mucho antes de lo habitual, lo que significa que el tiempo es crucial». Y añade una recomendación directa a la ciudadanía europea: «si cumple los requisitos, no espere, porque vacunarse ahora es una de las maneras más eficaces de protegerse y proteger a quienes le rodean de enfermedades graves este invierno».
Respuestas locales.
En el ámbito más cercano, Osakidetza ya avisó a finales de octubre de que la gripe se había adelantado en Bizkaia casi un mes en comparación con temporadas previas. El Departamento de Salud respondió con varios llamamientos públicos para reforzar la vacunación y habilitó un vacunódromo en La Casilla, concebido para facilitar el acceso sin necesidad de cita previa. Los responsables sanitarios recuerdan que la actual vacuna se diseñó antes de la aparición del subclado K, y el ECDC admite que los datos sobre su rendimiento frente a esta modificación son «limitados».
Aun así, el preparado incluye protección frente a H3N2 y, aunque sea «menos compatible» con el virus que circula este invierno, «se espera que proporcione protección contra enfermedades graves», un objetivo clave para evitar hospitalizaciones. Mientras tanto, la experiencia de algunos países del este de Asia, donde la ola gripal comienza a remitir, indica que «no han experimentado una gravedad inusualmente alta de la enfermedad», aunque en Euskadi ya se han registrado 553 ingresos por gripe desde finales de septiembre, cinco veces más que en el mismo periodo de 2024.
Los especialistas advierten, sin embargo, de que este invierno no está marcado únicamente por la gripe. Las consultas también registran un notable número de cuadros de gastroenteritis, un problema que puede tener origen alimentario, pero que con mucha frecuencia está causado por virus. Entre ellos destacan los norovirus, patógenos especialmente habituales en los meses fríos y responsables de la llamada “gripe estomacal”.
Se trata de agentes muy resistentes en el entorno, capaces de sobrevivir durante largos periodos en distintas superficies y de tolerar tanto las heladas como temperaturas de hasta 60 grados, tal y como señala el propio ECDC. Los síntomas acostumbran a aparecer entre 12 y 48 horas después de la exposición y, aunque la mayoría de las personas mejora en unos tres días, continúan siendo contagiosas durante varios más, algo especialmente preocupante en niños menores de tres años y en mayores de 65 o 70.
Los norovirus se transmiten con facilidad a través de la vía fecal-oral, ya sea mediante agua o alimentos contaminados o por el contacto estrecho entre personas, y el ECDC recuerda que el vómito genera aerosoles con abundantes partículas virales capaces de llegar a la mucosa oral o de depositarse en objetos y superficies. De ahí que los expertos insistan en que la higiene es una barrera imprescindible y recojan mensajes como el de Pedro Tárraga, miembro del Grupo de Trabajo de Digestivo de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, cuando subraya que “Hay que lavarse las manos de forma frecuente y, si hay tos o estornudos, es necesario colocarse una mascarilla”.
El mismo especialista recalca que la hidratación es la prioridad en el tratamiento de estos episodios y recuerda que, “si el paciente presenta fiebre, puede tomar antitérmicos como el paracetamol o el metamizol. En caso de diarrea muy profusa, loperamida (un antidiarreico)”, siempre siguiendo las indicaciones profesionales. En paralelo, recomienda una alimentación blanda y astringente, basada en preparaciones sencillas como arroz blanco, zanahoria cocida, puré de patata, manzana rallada sin piel, sémola de arroz, pollo o pescado hervido, plátano maduro y pan tostado, alimentos que aportan energía sin sobrecargar el aparato digestivo y ayudan a prevenir la deshidratación.
Todo este conjunto de advertencias ha generado una intensa conversación en las redes sociales, donde se comparten testimonios, dudas y consejos, y donde permanece muy viva la memoria de la pandemia de 2020, un recuerdo que hace que muchos ciudadanos sigan cada boletín sanitario con una atención que difícilmente se había visto antes.