«Por fin estaré bien y como quiero»: sale a la luz la despedida de Tomás Gimeno tras lastrar a sus hijas en el mar

Quiso provocar un dolor inhumano a la madre de las niñas, dejándola en la incertidumbre acerca de su destino.

La autopsia ha determinado que Olivia falleció por un edema pulmonar. Este encharcamiento en los pulmones suele producirse por una insuficiencia cardíaca.

Las causas más habituales son la exposición a ciertas toxinas o medicamentos, un traumatismo en la pared torácica o por estar sometidos a una fuerte presión, como la que habría sufrido su cuerpo al permanecer a mil metros bajo el mar.

Se trata de «una muerte violenta con etiología médico-legal», de acuerdo con el auto del juzgado número 3 de Güímar. Los resultados de los análisis toxicológicos determinarán si su padre, Tomás Gimeno, le suministró algún tipo de fármaco antes de lastrar sus cuerpos al fondo del océano frente al puerto de Santa Cruz de Tenerife.

Para ello, tendrán que realizar un vaciado gástrico y analizar el contenido del estómago. La mayor parte de la absorción se produce en las dos primeras horas después de la ingesta, por lo que no tuvieron tiempo de hacer el metabolismo hepático y se podría medir la dosis tóxica.

El cuerpo fue hallado dentro de una bolsa de deporte plastificada, envuelta en bolsas de basura y en una toalla, «lo que lo ha mantenido en buen estado frente a la acción de los microorganismos del fondo del océano Atlántico». Todo esto hace suponer que Tomás Gimeno, creía que la niña estaba muerta antes de lastrarla con el ancla de su barca, la cadena y una botella de buceo que utilizaba para hacer pesca submarina.

Los investigadores creen que su hermana pequeña, Anna, siguió el mismo destino. Por ese motivo continúan buscando su cuerpo y el del progenitor en la misma zona en la que recuperaron el de Olivia. Junto a la bolsa en la que fue encontrada había otro petate, pero estaba vacío, así que la sospecha es que debió abrirse y la niña se salió.

La barca del hombre fue encontrada a la deriva, cerca de una sillita para el coche que utilizaba la menor. Sospechan que pudo utilizarla, junto a su cinturón de buceo con plomos, para lastrarse con sus hijas. Sabía que allí sería difícil encontrarlos, pero seguramente no podía imaginar que con medios como el robot submarino con el que cuenta el buque Ángeles Alvariño del Instituto Español de Oceanografía sería posible.

Un plan preconcebido.

Según los indicios recabados, el de Tomás fue un plan preconcebido. El móvil del crimen fueron los celos, que se desataron a raíz de que la madre de las niñas comenzara una relación con Eric, un ciudadano belga de 60 años con un alto poder adquisitivo.

De acuerdo con el auto, durante su relación Gimeno «mantuvo de forma constante un trato vejatorio y denigrante dirigiéndole a diario comentarios descalificativos, ofensivos y ultrajantes, en particular enfocados a menospreciarla por haber rehecho su vida con una nueva pareja manifestando además de una forma reiterada que no toleraba que compartiera momentos de su vida con sus hijas».

Acabó con la vida de sus hijas por la noche, de forma silenciosa. Después cubrió sus cuerpos, los metió en bolsas y los llevó hasta el lugar que había elegido. Incluso después de arrojar los cuerpos al agua, regresó al puerto a buscar un cargador para su teléfono móvil, ya que quería despedirse antes de suicidarse y lastrar su cuerpo con los de las niñas.

A las 22:30 horas, Tomás volvió a llamar a Beatriz, llegando a decirle que no podía permitir que sus hijas crecieran sin su padre. Luego envió mensajes a su padre.

Escribió además a algunos amigos a los que les confesaba «que lo sentía de verdad, que lo sentía por él porque necesitaba esto, y que por fin estaría bien y como quería», según se desprende del auto.

La conclusión es que «la intención que tuvo Tomás no fue sustraerlas de su madre y entorno para llevárselas a un paradero desconocido, si no para darles muerte de forma premeditada y planificada y con el fin de provocar un dolor inhumano en su pareja a la que de forma deliberada buscó dejar en la incertidumbre acerca del destino que habían sufrido sus hijas al ocultar sus cuerpos», tras anunciar que no las volvería a ver.

«Había planificado los atroces actos» y «había buscado un lugar expresamente lejos de la costa» para dificultar la investigación. Según declaraciones de sus familiares y amigos, aparentaba ser un buen padre, especialmente con Olivia, con la que había convivido.