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“¡Por favor, Sobera, trae a otra persona!”: Un soltero carga contra su cita de ‘First Dates’ nada más conocerla, y su respuesta es demoledora

El encanto intacto de un formato imprevisible.

Programas como First Dates mantienen su vigencia porque nunca repiten fórmula, aunque el escenario sea el mismo. Cada noche, el azar mezcla biografías, expectativas y caracteres que no se podrían guionizar. Esa mezcla provoca situaciones espontáneas que conectan con el espectador desde la curiosidad y la sorpresa. El público sabe que algo inesperado va a ocurrir, pero nunca exactamente qué.

Además, el programa funciona como un pequeño retrato social en tiempo real. Personas de distintos países, edades y trayectorias se sientan a la misma mesa con la intención de conocerse. El contraste cultural y personal genera momentos tan naturales como desconcertantes. Esa autenticidad es uno de los grandes motores de su éxito.

A ello se suma un tono ligero que permite abordar las citas desde el humor y la empatía. Los malentendidos no se fuerzan, simplemente aparecen. Cuando suceden, el espectador se siente testigo de algo genuino. Y esa sensación de verdad mantiene viva la atención capítulo tras capítulo.

Una invitada que llega con acento propio.

En una de las últimas emisiones, la protagonista fue Olivia, una joven escocesa que decidió instalarse en Valencia para perfeccionar el idioma y conocer de cerca la vida local. Su entusiasmo por el baile, especialmente por la salsa, marcaba buena parte de su carácter. Sin embargo, ella misma matizaba sus límites culturales al confesar que la bachata le parecía «demasiado sensual para una escocesa». Esa combinación de apertura y reserva definía su manera de relacionarse.

La participante llegó al restaurante del programa con una lesión provocada por tantas horas de baile, pero también con ilusión. Buscaba a alguien «muy ‘maja’ y ‘simpática’», una expresión que generó un divertido equívoco lingüístico. Carlos Sobera no tardó en intervenir para aclarar la confusión con un comentario que desató risas en plató y mesas. Una vez resuelto el malentendido, el encuentro pudo comenzar.

Su cita fue Tomás, un joven de Cuenca que estudia comunicación audiovisual y trabaja como camarero. Desde el primer momento dejó claro su enfoque abierto sobre las relaciones. «El género no es un obstáculo para mí, igual que no lo es el origen ni otros aspectos», explicó con naturalidad. También añadió que buscaba algo serio y con sentido emocional.

Risas, referencias culturales y primeras señales.

El saludo inicial ya marcó el tono de la velada, entre gestos torpes y risas nerviosas. Mientras él se quitaba la chaqueta, ella dudaba entre estrechar la mano o dar dos besos. La escena fue tan cómica que Sobera intervino de nuevo pidiendo que «no te desnudes todavía». Olivia, entre carcajadas, se llevaba las manos a la cabeza intentando superar la vergüenza.

Con el paso de los minutos, la escocesa empezó a sentirse cómoda. Comentó que había explorado Cuenca a través de internet y la veía como «una ciudad con mucha historia y patrimonio». Sobre Tomás, confesó que le parecía atractivo y destacó el color de sus ojos, algo poco común en su país. Ese intercambio relajó el ambiente.

Tomás, por su parte, se dejó llevar por los tópicos con humor. Su afición por Los inmortales hizo que asociara automáticamente a su cita con el whisky y los kilts. Al descubrir que compartían interés por el arte, la reacción de Olivia fue inmediata y efusiva. «¡Dios mío, qué guay!», exclamó emocionada ante las cámaras.

Cuando las expectativas no avanzan al mismo ritmo.

A pesar de los puntos en común, las conversaciones empezaron a mostrar diferencias importantes. A Tomás le costaba aceptar que algunas bromas no fueran entendidas al instante. Para él, la complicidad debía ser total en todos los ámbitos de la relación. «Es importante el sexo. Hay gente que se aburre en la cama, que lo reduce todo al misionero. La vida es breve y hay que divertirse», afirmó sin rodeos.

Ese planteamiento chocó con la actitud más reservada de Olivia. Cuando él mencionó que «’I enjoy de cunnilingus’», la reacción de ella fue de evidente incomodidad. Tomás interpretó ese gesto como una señal clara de distancia. «La veo victoriana y recatada. Y ahí no nos podemos entender», concluyó ante el equipo.

Ella no negó esa percepción y reconoció ser «un poco bastante tímida». El contraste entre la efusividad de uno y la prudencia de la otra se hacía cada vez más evidente. Incluso entre bromas, él llegó a pedir: «¡Por favor, Sobera, tráete a otra persona!». La cita avanzaba, pero el desencuentro ya estaba sobre la mesa.

Un final que no dejó indiferente a nadie.

En el reservado final, las diferencias se acentuaron aún más. Olivia decidió soltarse cantando karaoke, intentando disfrutar del momento a su manera. Tomás, en cambio, mostraba signos de hastío y no ocultó su sensación. «No me he divertido para nada», sentenció con franqueza.

El camarero esperaba cerrar la noche con un gesto romántico, pero la respuesta fue clara. Olivia recordó que «los británicos nunca besamos en la primera cita». Esa afirmación terminó de definir el desenlace. La distancia cultural y personal resultó insalvable para él.

Finalmente, Tomás rechazó repetir la experiencia y lanzó un consejo que sonó a despedida definitiva. Le pidió que dejara atrás ciertos valores y, citando a Mónica Naranjo, le cantó «’desátame o apriétame más fuerte’». Tras la emisión, las redes sociales se han llenado de comentarios sobre lo desastrosa que fue la cita y sobre cómo, una vez más, First Dates logró sorprender a su audiencia.