Letizia, de periodista a reina consorte.
Antes de convertirse en una de las figuras más observadas de la esfera pública española, Letizia Ortiz Rocasolano desarrolló una sólida carrera en el periodismo. Trabajó como reportera y presentadora de informativos, cubriendo temas nacionales e internacionales con un estilo directo que la hizo destacar en las pantallas. Su boda con el entonces príncipe Felipe, en 2004, transformó por completo su vida profesional y personal.

Desde su llegada a la Casa Real, ha asumido un papel activo y cada vez más visible en actos institucionales y causas sociales. Con el paso de los años, ha consolidado su imagen como una reina contemporánea, cercana, aunque siempre bajo el escrutinio de los expertos en etiqueta y comunicación. Cada aparición pública suya genera comentarios sobre su vestimenta, su lenguaje corporal y, sobre todo, su interacción con otras personalidades políticas.
Precisamente, el desfile del 12 de octubre —uno de los eventos más solemnes del calendario nacional— es uno de los escenarios donde más se analiza cada detalle de su comportamiento. No solo es una celebración militar y cultural, sino también una pasarela protocolaria en la que nada pasa desapercibido.
Los detalles importan.
Como cada año, los especialistas en protocolo observan con lupa lo ocurrido durante el Día de la Hispanidad. Los desfiles y saludos ofrecen abundante material para detectar aciertos y fallos, y este año no fue la excepción. Patrycia Centeno, reconocida analista de comunicación no verbal, compartió en su perfil de X su visión sobre lo sucedido en lo que definió como un desfile “aburrido”.
Su hilo no tardó en destacar varios instantes peculiares de la jornada, que rápidamente generaron conversación. Entre ellos, uno protagonizado por la reina Letizia y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se llevó gran parte de la atención mediática.
Un saludo que no pasó desapercibido.
El momento más comentado tuvo lugar en el tradicional besamanos. Sánchez fue el primero en pasar ante los reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Saludó al monarca con normalidad, pero cuando llegó frente a la reina, se produjo una escena inesperada: hizo un gesto ambiguo y continuó caminando, dejando la mano de Letizia suspendida unos segundos en el aire.
Lo de Pedro Sánchez con el protocolo es un despropósito. Ha dejado a Letizia con la mano colgada unos segundos ♀️ #bodylangauge #protocolo pic.twitter.com/rnBbdFpJ6M
— Patrycia Centeno (@PoliticayModa) October 12, 2025
“Lo de Pedro Sánchez con el protocolo es un despropósito. Ha dejado a Letizia con la mano colgada unos segundos”, apuntó Centeno en su análisis. Este pequeño lapsus no tardó en viralizarse, generando toda clase de interpretaciones sobre si fue un despiste, un error de cálculo o simplemente una ruptura involuntaria del protocolo.
Un gesto de cercanía inesperado.
Más allá del desliz con Sánchez, hubo otro instante que llamó la atención por motivos muy distintos. De los aproximadamente 1.300 invitados que desfilaron ante la Familia Real, solo uno recibió un saludo prolongado: el escritor Álvaro Pombo, Premio Cervantes, que acudió en silla de ruedas.
Los reyes y sus hijas se acercaron a él para dedicarle un trato especialmente afectuoso, recordando el momento en que Letizia mostró la misma calidez durante la entrega del Cervantes. Este gesto destacó por su humanidad en un acto habitualmente regido por el rigor protocolario, y fue ampliamente elogiado por quienes siguieron la retransmisión.
Los saludos que generan debate.
Otro de los saludos que no pasó inadvertido fue el de Teresa Urquijo, esposa del alcalde madrileño José Luis Martínez-Almeida. Aunque las normas establecen que a partir de 2025 se requerirá una reverencia formal, su saludo ya ha dado que hablar, despertando comentarios entre los observadores de etiqueta por lo curioso de la escena.
El conjunto de estos momentos ha convertido el desfile en uno de los temas más comentados en redes sociales. Espectadores de toda España han compartido sus opiniones, memes y análisis sobre lo ocurrido, demostrando una vez más que cada gesto en un acto oficial puede convertirse en noticia en cuestión de minutos.