Cuando la fama se apaga.
En el argot del mundo del espectáculo, la expresión «juguete roto» alude a aquellas estrellas que brillaron intensamente durante un corto periodo, para luego caer en el olvido. No es una frase amable, pero sí tristemente habitual en un entorno que devora a sus ídolos con la misma rapidez con la que los encumbra. En televisión, donde la popularidad se mide por segundos y el recuerdo por likes, esa metáfora cobra aún más sentido.

Ser un rostro conocido, incluso uno muy querido, no garantiza una carrera longeva. El fenómeno de los realities elevó a cientos de anónimos al estrellato inmediato, pero pocos lograron traducirlo en estabilidad profesional. Para muchos, el final del programa fue también el principio del silencio.
Y es que el foco no perdona ni espera. Un día se grita tu nombre con fervor; al siguiente, eres sustituido por la nueva promesa viral. En esa rueda, han quedado atrapados muchos nombres que hoy nos suenan vagamente familiares, aunque en su momento protagonizaran portadas, debates y tertulias con intensidad casi diaria.
La noche que lo cambió todo.
“¡Sabrina!”, exclamó Mercedes Milá en la noche del 27 de junio de 2001. Era el momento de anunciar al ganador de la segunda edición de Gran Hermano que se emitió en España, la primera en desarrollarse en la emblemática casa de Guadalix de la Sierra que ahora ha pasado a mejor vida. Una temporada cuya final coronó como vencedora a Sabrina Mahí, la malagueña que brilló sin necesidad de discutir en demasía.

Eso sí, a pesar de no entrar en demasiados conflictos sí hizo check la andaluza en lo que refiere a protagonizar una de las tramas más recurrentes en el programa: encontrar el amor. Imposible que los fans del formato y los millones de telespectadores que lo siguieron hayan olvidado su romance con el alicantino Ángel Tous. El hombre que después se convertiría en su marido, aunque del inicio de su romance hayan pasado ya más de dos décadas.
Ahora, ¿cómo es su relación actual? Y sobre todo, ¿qué ha sido de Sabrina? Como tantísimos otros exparticipantes del reality, y con el añadido de que las primeras ediciones fueron seguidas por unas cifras desorbitadas de audiencia que reclamaba la presencia de los concursantes en televisión día sí y día también, Sabrina se quedó en la pequeña pantalla por un buen rato. Para muestra, su participación en Aventura en África, como se llamó Supervivientes en 2005, donde resultó quinta expulsada tras 42 días en Kenia.

El regreso que no fue tal.
El caso es que poco a poco fue desapareciendo de los medios de comunicación, emprendiendo un camino vital alejado de los focos y los platós que muchos ‘grandes hermanos’ siguen frecuentando a día de hoy. Eso sí, en el año 2014 reapareció en el extinto Sálvame de Telecinco para explicar los motivos de su separación de Ángel Tous. Porque sí, después de entonar el ‘sí, quiero’ en 2003 y haber sido padres, en 2010 pusieron fin a su matrimonio.
Hubo que esperar cuatro años para conocer los motivos del fin de un amor que respiró tanta química desde primera hora. “Nos separamos porque nos dimos cuenta de que llevábamos caminos diferentes. Te casas con un proyecto en común y un día te das cuenta de que algo no funciona. Yo le pedí el divorcio porque no nos entendíamos”, reveló Sabrina después de que Kiko Hernández se pusiera con ella para la sección Se busca.
Más allá de esta separación que tanto sorprendió, cabe destacar que en la última década poco o nada se ha sabido de Mahí. Y eso que, a fecha de 2025 y ya habiendo cumplido 48 años, sigue publicando algunas fotografías y vídeos de forma regular en su perfil de Instagram, donde acumula más de 11.000 seguidores.
Silencio buscado, paz hallada.
En cualquier caso, esa actividad en la red no parece ir de la mano con la voluntad de estar expuesta. Solo hace falta remitir a que, hace cosa de un mes, rechazó ser entrevistada por Lecturas. “Ya hace mucho que no salgo en prensa y me gusta que sea así”, dijo a los periodistas de la citada publicación, evidenciando que su periplo mediático fue algo temporal y ahora prefiere que nadie sepa qué hace o deja de hacer.
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La historia de Sabrina es, en esencia, la de alguien que conoció la fama y decidió dejarla atrás. En un ecosistema como el televisivo, eso requiere valentía y convicción, quizás más que el simple hecho de brillar ante millones. Porque no todos los “juguetes rotos” se quiebran: algunos simplemente eligen no volver a ser usados.