“Nos tienen olvidados de la mano de Dios”, un conductor de autobuses arruinado se derrumba ante las cámaras

Julio García tiene un negocio familiar de autocares.

El impacto de la pandemia en la economía está siendo devastador. En concreto, en algunos sectores se está haciendo sentir mucho más que en otros. La hostelería, salas de cine y teatro… en suma, muchos negocios luchan desesperadamente para evitar el peor de los finales.

Estas historias acaparan titulares y minutos en televisión. Pero hay otros sectores, como el de transporte, de los que no se suele hablar tanto. Hasta ahora.

El martes, miles de conductores de autobús cogieron las carreteras de Madrid hacia el Ministerio de Transportes, con el objetivo de denunciar la delicada situación en la que se encuentran. Están cuantificando pérdidas de más de 500.000 euros por empresa.

Además, aseguran estar desprotegidos de las terribles consecuencias del coronavirus. Telemadrid contó en directo con un testimonio desgarrador de uno de los afectados por esta situación.

“Estoy en la ruina, para que le voy a decir más, mi hermano afectado por la covid está igual. Nadie se puede hacer una idea de cómo estamos. Nos tienen olvidados de la mano de Dios y así no podemos continuar”, explicó entre lágrimas. “Tenemos que seguir pagando todos nuestros impuestos, el IVA, la seguridad social…y nadie se acuerda de nosotros”, continuó diciendo uno de los dueños de una empresa familiar de autobuses.

Además, añadió: “El turismo somos todo el mundo, al igual que los hoteles y los restaurantes. Todo el mundo sale en televisión diciendo que están en la ruina, pero a nosotros nadie nos ve. A ver si de una vez se conciencia de que nosotros también somos turismo”.

“Llevo toda mi vida trabajando, desde que tenía 21 años. Ahora tengo 60 y llevo 39 trabajando en los autobuses. Vamos a perder toda la empresa familiar que tenemos. Somos cinco hermanos y vamos a perder toda la empresa. Estamos en la puta ruina. De 14 autobuses que tenemos…toda mi vida en esto”, dijo, sin parar de llorar desconsoladamente.

Y tú, ¿qué opinas?