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«Me quedé a su lado dándole la mano y hablándole…» La heroína anónima de la AP-8 que evito un accidente todavía mayor

Una estudiante y una conductora, testigos directas de la tragedia que conmocionó a la AP-8

La mañana del pasado miércoles quedó marcada para siempre en la memoria de decenas de personas que circulaban por la AP-8 a la altura de Elgoibar. A las 9.15 horas, en el punto kilométrico 69 en sentido Bilbao, se produjo uno de los accidentes más graves registrados en los últimos años en las carreteras vascas. Una furgoneta de la Policía Foral de Navarra fue arrollada por un camión cisterna, provocando la muerte de cinco agentes. Detrás de ellos viajaba un autobús con destino a Bilbao cuyos ocupantes se convirtieron en los primeros testigos de una escena que nadie estaba preparado para contemplar. Entre esos pasajeros se encontraba una estudiante de Medicina que, sin pensárselo dos veces, abandonó el vehículo para intentar ayudar a las víctimas. También viajaba al volante una conductora cuya rápida reacción evitó que la tragedia adquiriera dimensiones todavía más devastadoras.

Un frenazo decisivo que salvó a 63 pasajeros

El autobús había partido minutos antes desde Zarautz rumbo a la capital vizcaína. A bordo viajaban 63 personas que realizaban un trayecto aparentemente rutinario. Sin embargo, en cuestión de segundos todo cambió. Una de las pasajeras recuerda que se encontraba concentrada en sus apuntes universitarios cuando el vehículo realizó una brusca frenada. «Iba leyendo los apuntes y notamos un frenazo muy grande. Todo comenzó a caerse al suelo hasta que el autobús se detuvo. Si no es por la chófer algo nos habría pasado, creo que vio venir lo que iba a suceder. Algunas piezas golpearon la luna delantera, pero logró detener el autobús». La maniobra permitió detener el vehículo apenas unos metros antes del lugar donde acababa de producirse el brutal impacto, evitando que el autobús quedara involucrado en la colisión.

La única sanitaria del autobús corrió hacia la zona del impacto

Tras detenerse el vehículo, la situación se volvió caótica. Mientras muchos pasajeros intentaban comprender qué había ocurrido, una mujer comenzó a preguntar si había algún sanitario entre los viajeros. La estudiante guipuzcoana respondió de inmediato. «Yo era la única sanitaria o estudiante que viajaba en el autobús. No me lo pensé, bajé, vi la furgoneta y fui corriendo hacia ella». Lo que encontró al llegar al lugar del accidente fue una imagen que todavía hoy le cuesta describir. «Nunca me había encontrado nada así, el accidente era muy grave y poco se podía hacer. Pero bajé del autobús a ayudar por instinto. Algunas puertas habían volado… y los cinco estaban dentro del vehículo con sus cinturones de seguridad». La joven admite que la magnitud de la tragedia superaba cualquier experiencia previa y que difícilmente alguien podía estar preparado para enfrentarse a una escena semejante.

Un último gesto de humanidad en medio del desastre

Entre los agentes atrapados en la furgoneta, uno de ellos todavía presentaba signos vitales cuando la estudiante llegó hasta el lugar. Sin medios sanitarios ni equipamiento especializado, la joven hizo lo único que estaba a su alcance. «Me preguntaban si se podía hacer algo. Me acerqué a ellos. Uno seguía con pulso. Me quedé a su lado dándole la mano y hablándole hasta que llegaron las asistencias… mucho más no podía hacer». También se detuvo otro transportista que ofreció colaborar con el escaso material del que disponía, aunque la gravedad de la situación hacía prácticamente imposible cualquier intervención efectiva. A pesar de todo, la estudiante quiso transmitir un mensaje especialmente dirigido a los familiares de las víctimas: «Lo que quiero es que las familias sepan que las víctimas estuvieron acompañadas en esos últimos momentos y que se fueron sin sufrir».

La rápida llegada de los servicios de emergencia no pudo evitar el desenlace

Los equipos de emergencia llegaron al lugar del accidente poco después de recibir el aviso, a pesar de las enormes dificultades derivadas del bloqueo total de la autopista. Según relata la joven, apenas transcurrieron algo más de diez minutos hasta que las asistencias comenzaron a intervenir. Los sanitarios consiguieron evacuar al agente que aún permanecía con vida, aunque finalmente también falleció pocos minutos después. «Hasta ese momento no podíamos hacer nada ya que no teníamos ningún material», recuerda. La impotencia y el impacto emocional comenzaron a aflorar una vez abandonó el escenario del siniestro y regresó al autobús.

El momento en que el shock se apoderó de los testigos

Después de prestar ayuda y regresar junto al resto de pasajeros, la estudiante comenzó a experimentar las consecuencias psicológicas de todo lo vivido. «Una vez fuera de la escena del accidente y tras volver al autobús empecé a temblar». El vehículo pudo abandonar la zona posteriormente a través de un desvío por la AP-1 en dirección a Mondragón. Fue allí donde recibió la confirmación oficial de la muerte de los cinco agentes. «Cuando llegamos me informaron de que habían fallecido los cinco y me rompí». Unas palabras que reflejan el profundo impacto que dejó la tragedia entre quienes fueron testigos directos de los hechos.

La conductora que evitó una catástrofe todavía mayor

Mientras los focos se centraban en las víctimas y en las labores de rescate, otra figura emergía discretamente entre los relatos de aquella mañana. Se trata de la conductora del autobús, residente en Castro Urdiales, que gracias a su rápida reacción logró evitar que decenas de pasajeros se vieran implicados en el accidente. «Era frenar y que sea lo que Dios quiera. Y gracias a Dios, frenó», resumía una de las pasajeras. La propia chófer reconoce que durante las primeras horas apenas fue consciente de la magnitud de lo sucedido debido a la adrenalina acumulada. No fue hasta el día siguiente cuando comprendió plenamente lo cerca que estuvieron de verse envueltos en una tragedia todavía más grave.

Segundos eternos frente al accidente más difícil de su carrera

La conductora llevaba años recorriendo diariamente el trayecto entre San Sebastián y Bilbao. Conocía perfectamente el tramo de autopista donde se produjo el accidente, una zona que no suele figurar entre las más complicadas del recorrido. Sin embargo, aquella mañana se encontró frente al desafío más complejo de toda su trayectoria profesional. Según explicó posteriormente, observó cómo la furgoneta policial perdía el control mientras el camión realizaba una maniobra que terminó desencadenando el impacto. «Tuve que activar todo para frenar». Durante esos instantes críticos, mantuvo el control del vehículo mientras fragmentos desprendidos de los vehículos accidentados golpeaban el parabrisas.

Maletas volando, gritos y una decisión que cambió el desenlace

La secuencia quedó grabada en la memoria de la conductora. «Agarré fuerte el volante y lo mantuve firme todo el tiempo», recuerda. Mientras frenaba con todas sus fuerzas, los cristales y restos del accidente impactaban contra la parte frontal del autobús. Las maletas salieron despedidas por el interior y numerosos pasajeros comenzaron a gritar presa del pánico. Aun así, mantuvo la calma y continuó centrada exclusivamente en detener el vehículo. «En ese momento solo quería frenar». Los segundos parecieron eternos. «Sentí un telele en las manos de agarrar el volante». Finalmente, la eficacia de los sistemas de frenado y su experiencia al volante permitieron detener el autobús a escasos metros del siniestro.

Una tragedia que deja historias de valentía y humanidad

El accidente de la AP-8 dejó un balance devastador con cinco policías forales fallecidos y una enorme conmoción tanto en Navarra como en el País Vasco. Sin embargo, entre el dolor también han emergido historias de solidaridad, profesionalidad y valentía. La actuación instintiva de una estudiante que corrió a ayudar sin pensar en sí misma y la sangre fría de una conductora que evitó una colisión múltiple han quedado como dos de los testimonios más impactantes de una jornada trágica. Dos mujeres anónimas que, en medio del caos y el sufrimiento, hicieron todo cuanto estuvo en sus manos para ayudar a los demás.