Una soltera se confiesa en ‘First Dates’: «Estuve casada, pero me separé tras la luna de miel porque me dio vergüenza»

‘First Dates’ no decepciona.

‘First Dates’ es mucho más que un programa de citas: es un escaparate emocional donde desconocidos se sientan a la mesa con la esperanza —a veces ingenua— de encontrar a su media naranja. Desde su estreno en 2016, el restaurante del amor de Cuatro ha recibido a miles de solteros que, entre risas, silencios incómodos y confesiones inesperadas, buscan esa chispa que no siempre llega. Su éxito radica en una fórmula tan simple como poderosa: una cita a ciegas televisada donde el espectador hace de testigo, juez y cómplice.

En una era en la que las apps dominan el terreno sentimental, ‘First Dates’ ofrece una alternativa cercana y humana. Aquí no hay filtros ni emojis: solo dos personas compartiendo una cena, con todo lo que eso implica. El formato ha sabido renovarse, integrando cada vez más perfiles diversos y dando espacio a historias personales que conectan con un público amplio y heterogéneo.

Además, la presencia de Carlos Sobera, con su carisma y tono afable, ayuda a romper el hielo de los participantes y del espectador. Y si a eso sumamos la calidez del equipo del restaurante, con Matías Roure como barman cómplice, el cóctel es infalible. Porque el amor —o el intento de encontrarlo— siempre será un espectáculo irresistible.

Conexión cósmica o catástrofe.

Este martes, fue el turno de Marisol, una mujer madrileña con una visión muy espiritual de la vida. “Me defino como muy cósmica, del universo. Estoy muy enfocada en mi crecimiento personal y profesional. También soy muy de almas y de conexión emocional”, declaró al comenzar su experiencia en el programa. Con estas palabras, dejó claro que para ella, el amor va más allá de lo terrenal.

Carlos Sobera la recibió con su habitual simpatía y le preguntó por su historial amoroso. La respuesta de Marisol dejó a más de uno sorprendido: “No voy a decir que me ha ido ni mal ni bien en el amor porque me casé una vez, pero me duró muy poquito. Fue una boda fugaz, me separé cuando volví de la luna de miel porque me dio vergüenza”. Con sinceridad desarmante, dejó claro que no estaba dispuesta a conformarse con menos de lo que busca.

A la hora de describir a su pareja ideal, Marisol fue contundente. “Que sea una persona empática, divertida, romántica, que me valore y que sea respetuosa. Siento que, con una simple mirada, sé si voy a conectar o no con esa persona”, aseguró. Una declaración que anticipaba lo exigente —y selectiva— que sería en la cita que estaba por venir.

El flechazo que nunca llegó.

Luis, un administrativo también madrileño, fue el comensal asignado para compartir la velada con Marisol. Desde el primer momento, ella mostró cierta incomodidad. La cámara captó cómo miró a Matías, el barman, con gesto de auténtico pavor al ver a su cita. El aspecto “samurái” de Luis no fue de su agrado, y eso marcó el tono del encuentro.

Él, por su parte, trató de mostrarse jovial. “La gente no se piensa la edad que tengo (63 años). Más que físicamente, por mi comportamiento abierto y gamberro. En el trabajo he sido un jefe gamba y gamberro”, explicó con simpatía. Pero su actitud no logró encandilar a Marisol, que, para sobrellevar la situación, solo atinó a decir: “Voy a beber…”.

Durante la cena, el desencuentro fue evidente. Las diferencias de carácter se hicieron imposibles de ignorar para Marisol, quien no se cortó al dar su opinión: “Es muy soso, con todos mis respetos, pero es muy soso”. La conversación, en lugar de fluir, parecía más un trámite que un intento real de conocerse.

Colecciones, frialdad y adiós.

Uno de los momentos más tensos se produjo cuando Luis habló de sus aficiones. Aficionado a coleccionar objetos, pensó que ese detalle podía generar interés o al menos curiosidad. Pero Marisol fue tajante en su percepción: “Este va a ser un friki raro que está todo el día en una habitación y colecciona cosas raras”.

A pesar del escaso feeling, Luis se mostró optimista al final de la cena. “Se me ha hecho corta la cena”, dijo con una sonrisa, dejando entrever que él sí estaba dispuesto a repetir. Pero el entusiasmo no era mutuo. Marisol, sin dudar, cerró la puerta a cualquier posibilidad futura: “Necesito a alguien con más sangre”.

La cita terminó como muchas otras en ‘First Dates’: con un “no” rotundo que dejó a uno esperanzado y al otro aliviado. Porque, aunque el programa nos recuerda que el amor puede estar a la vuelta de la esquina, también deja claro que, cuando no hay química, no hay guión que lo salve. Y eso, quizás, es lo más auténtico del formato.

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