Los dos senegaleses que ayudaron a Samuel, Ibrahima y Magatte, consiguen trabajo en una fábrica de puertas

Un empresario sobrecogido por la humanidad de estos dos jóvenes ha decidido contratarlos en su empresa.

El asesinato de Samuel Luiz fue uno de los más sobrecogedores que se recuerdan. Según testigos de lo ocurrido, hasta 13 personas acorralaron a Samuel para acabar asesinándolo a golpes. Así lo relató Lina, una de las amigas de la víctima que presenció el suceso: “El chico que lo había agredido 5 minutos antes volvió a por él, esta vez acompañado de otras 12 personas, que aprovecharon la ocasión para acorralarlo y asesinarlo a golpes. Vi a lo lejos que una multitud de gente se movía a gran velocidad y salí corriendo hacia ahí”.

“Escuché que alguien gritaba “¡mari**n de mierda!” Cuando llegué me encontré a Samuel en el suelo inconsciente, ellos ya no estaban, lo habían dejado allí tirado y se habían escapado corriendo. A Samu le dio tiempo a cruzar la calle tratando de protegerse. Pero cuando lo vi supe que no iba a salir adelante”, contó.

La joven quiso contar públicamente cómo hubo una única persona que acudió a socorrer al joven de 24 años después de recibir el primer puñetazo. Se trata de un ciudadano senegalés que reside en España de modo irregular. “Este fue el joven, la única persona que intentó ayudar a Samuel”, son palabras que le dedican los amigos de Samuel en un vídeo que circula por las redes sociales.

Él no quiere convertirse en un héroe, pero fue la única persona que trató de separar a Samuel de sus agresores cuando estaba siendo apaleado. Se encontraba a pocos metros de la discoteca de la que el joven de 24 años y su amiga Lina salieron a hacer la videollamada. Fue testigo del primer puñetazo que recibió Samuel, momento en el que corrió a socorrerle. Le separó en un primer momento de sus agresores. Sin embargo, estos después volvieron a por él hasta matarlo.

Posteriormente se ha sabido que no fueron uno, sino dos senegaleses los que trataron de socorrer a Samiel. Ahora, Ibrahima y Magatte llevan unos días trabajando entre máquinas y madera. Se dedican a fabricar puertas, molduras, cajoneras y rodapiés en una fábrica de Oza Cesuras, en A Coruña.

La oportunidad se la ha dado Javier Paz, un empresario coruñés que vive a dos calles de donde se produjo el crimen. La historia humanidad de estos dos jóvenes africanos le conmovió tanto que pensó que tenía que hacer algo para ayudarlos. En cuanto vio que el Gobierno trabajaba para regularizar la situación de ambos en España, Javier les propuso trabajar en su empresa.

“No sabía cómo localizarlos y llamé a una radio para que les llegase mi propuesta”, contó este empresario. En agosto se reunió con ellos, los conoció y decidió contratarlos de inmediato. La suya era la única oferta firme que tenían.

Una semana trabajando en la fábrica.

Ibrahima y Magatte llevan una semana en la fábrica. En Senegal habían trabajado en el sector de la pesca, y en España se dedicaban a la venta ambulante. Nunca antes habían trabajado con la madera. “Son personas humildes, muy trabajadoras y, lo más importante, con muchas ganas de aprender”, cuenta Javier. “Me consta que están más contentos aquí que trabajando en el mar”, añade el empresario.

Esta empresa fabrica piezas de madera, entre otros, para el gigante Inditex. Tras alojarse unos días en una pensión, ahora vivirán en un piso situado en esta localidad coruñesa. Se desplazarán a diario a Oza Cesuras, a unos 25 kilómetros de distancia, para trabajar. Después de que Javier los llevase en su coche los primeros días, ahora será un compañero quien les lleve.

Sin embargo, ninguno de ellos quiere hablar con los medios de comunicación. Prefieren mantenerse al margen del foco mediático mientras avanzan las investigaciones relacionadas con el crimen de Samuel.

Ibrahima y Magatte se muestran enormemente agradecidos por la oportunidad que les ha brindado este empresario. “No se cansan de darme las gracias. Para ellos es un sueño hecho realidad el tener un trabajo en España”, reconoció Javier. “Sus familias hasta quieren que viaje al país para conocerme”, contó este empresario, cuya satisfacción personal es proporcional a la alegría de los senegaleses. “Me consta que el trabajo les gusta y yo estoy orgulloso de tener a personas como ellos en mi equipo”, concluyó.