First Dates: el amor servido en plato televisivo.
Desde hace años, ‘First Dates’ se ha convertido en una parada habitual para quienes buscan pareja en la pequeña pantalla. Este programa de Cuatro, conducido con soltura por Carlos Sobera, no solo es una cita para los solteros, sino también para los millones de espectadores que disfrutan viendo los vaivenes del amor en formato exprés. El plató, ambientado como un restaurante romántico, ofrece un escenario donde todo puede pasar… menos lo predecible.

Su fórmula sigue funcionando gracias a una mezcla muy estudiada: espontaneidad, perfiles dispares y comentarios que rozan lo surrealista. La audiencia no solo espera encontrar una historia bonita, sino también el drama, la incomodidad y, en ocasiones, la comedia involuntaria que surge cuando dos desconocidos intentan conectar. Y ahí radica la clave del éxito: no es solo un programa de citas, es un experimento social disfrazado de entretenimiento.
En cada episodio se mezcla lo humano con lo imprevisible, y eso lo convierte en una especie de espejo colectivo en el que reímos, nos indignamos o incluso empatizamos. Esta semana, el experimento tuvo como protagonistas a Carmen, zaragozana de 50 años, y Angelo, un italiano de 48 con una visión bastante peculiar del cortejo.
El juicio del primer vistazo.
Angelo no tardó en dejar clara su opinión al verla: “Con estas plumas… Yo soy más clásico (…) Va con una camiseta interior debajo de la camisa”. En vez de centrarse en conocer a Carmen, optó por criticar su estilo sin ningún filtro. El tono que utilizó, lejos de abrir una puerta al entendimiento, pareció cerrar cualquier posibilidad de conexión desde el primer instante.
Durante la cena, lejos de mejorar, la situación se tensó aún más. Los comentarios de Angelo no solo se volvieron incómodos, sino que rozaron lo inaceptable: “Con una falda me hubiera gustado más. Lo primero en lo que me fijé fueron tus curvas. Mentir no es mi virtud”. Carmen, visiblemente molesta, no dudó en expresar su desagrado ante esa actitud.
“Eso me molesta. Se refería solo a unas curvas y eso me parece algo fuera de lugar. Podía haber quedado como un señor y ha quedado como un poco señor”, dijo ella, dejando claro que no iba a tolerar comentarios fuera de tono. En vez de avanzar en la cita, Angelo se fue hundiendo en sus propias palabras, cada vez más desafortunadas.
Educación en crisis.
Aunque el italiano acertó la edad de Carmen —y hasta le quitó algún año—, eso no suavizó la percepción que ella tenía de él. “Dice lo que piensa, pero a veces hay que ser un poco más comedido, me parece una falta de educación”, sentenció Carmen, reflejando la frustración de muchas mujeres ante ciertas actitudes normalizadas.
El encuentro terminó como era de esperarse: sin conexión, sin segunda cita y con una despedida cargada de sinceridad. Carmen fue tajante en su valoración final: “Ha habido dos cosas que me has dicho que no me gustan. Una ha sido la minifalda y la otra mis curvas. Podría haber sido más fácil si no hubieras contestado según qué cosas”.
La escena dejó una sensación amarga entre los espectadores, muchos de los cuales se volcaron en redes sociales para apoyar a Carmen y criticar la actitud del italiano. Las redes ardieron en defensa de la zaragozana, aplaudiendo su claridad y dignidad frente a una situación incómoda.
Lo que el amor no debería permitir.
En un programa que promueve el encuentro y la conexión desde el respeto, este episodio ha servido como recordatorio de los límites que no deben cruzarse. La espontaneidad está bien, pero nunca debe ser excusa para la falta de tacto o la grosería disfrazada de honestidad.
Ante la ola de comentarios que ha generado la cita, muchos seguidores del programa han solicitado que se tomen medidas para garantizar un entorno más seguro y respetuoso para los participantes. ‘First Dates’, como referente televisivo, tiene la responsabilidad de cuidar esos detalles.
Por eso, se ha pedido formalmente al programa que reconsidere su decisión y brinde a Carmen la oportunidad de una nueva cita. Esta vez, con alguien que sepa mirar más allá del estilismo y valore lo que realmente importa. Porque, al final, el amor —incluso el televisado— también merece una segunda oportunidad.