Iker Casillas reclama una indemnización millonaria siete años después del infarto que cambió su vida

La vida de Iker Casillas dio un giro radical tras el infarto de miocardio que sufrió mientras entrenaba con el FC Porto. Aquel episodio, ocurrido en mayo de 2019, puso un punto final inesperado a la brillante carrera de uno de los mejores porteros de la historia del fútbol español. Ahora, varios años después, el exguardameta ha iniciado una batalla judicial con la que pretende obtener una indemnización millonaria por las secuelas físicas que asegura arrastrar desde entonces. Casillas sostiene que su estado de salud le impide desarrollar una vida normal y que el problema cardíaco acabó definitivamente con su trayectoria profesional. En la actualidad, además, mantiene una relación sentimental con la actriz y modelo venezolana Irene Esser, mientras afronta este importante proceso judicial.
El exportero considera que el infarto estuvo relacionado con el intenso esfuerzo físico realizado durante un entrenamiento del conjunto portugués y, por ello, reclama una compensación económica derivada de una incapacidad laboral permanente. Sin embargo, cuando ocurrió el episodio, los especialistas que lo trataron le transmitieron un mensaje muy distinto, asegurándole que se recuperaría “perfectamente” y descartando que el ejercicio realizado aquel día hubiera sido el desencadenante directo del problema cardíaco. Esa diferencia de criterios forma ahora parte del debate que deberá resolver la justicia portuguesa.
Una mañana que cambió para siempre la vida del exportero
El 1 de mayo de 2019 comenzó como un día completamente normal para Iker Casillas. Después de llevar a sus hijos al colegio, acudió a las instalaciones deportivas del FC Porto para entrenar junto al resto de sus compañeros. Sin embargo, apenas había transcurrido media hora de sesión cuando empezó a encontrarse mal. La situación empeoró rápidamente hasta el punto de que necesitó atención médica inmediata. Más tarde recordaría aquellos instantes con una frase que refleja el miedo que sintió: “Tenía miedo, no podía respirar”. El cuerpo médico del club reaccionó con rapidez y fue trasladado de urgencia al hospital, donde se confirmó que estaba sufriendo un infarto de miocardio.
A sus 38 años, Casillas se enfrentaba al mayor desafío de su vida, uno muy diferente a los que había superado durante su carrera deportiva. La noticia conmocionó al mundo del fútbol y generó una enorme preocupación entre aficionados, compañeros y rivales, conscientes de la gravedad del episodio sufrido por uno de los grandes referentes de la portería mundial.
Así se enteró Sara Carbonero del infarto
Mientras Iker luchaba por su salud en el hospital, Sara Carbonero desconocía por completo lo que estaba ocurriendo. La periodista se encontraba en Cádiz participando en un viaje de trabajo relacionado con una campaña de la firma de ropa que comparte con su amiga Isabel Jiménez. Fue durante una escala en Madrid, antes de tomar un vuelo con destino a Oporto, cuando recibió la noticia que cambiaría también su vida.
La propia periodista explicó posteriormente cómo vivió aquel momento en el documental Colgar las alas. Según recordó, una amiga se acercó hasta ella para comunicarle lo ocurrido. “Ana me dejó sentada y a los cinco minutos de salir por la puerta volvió a entrar y me dijo: ‘Estate tranquila, Sara, a Iker le ha dado un infarto’. Así”. Aquellas palabras la dejaron completamente bloqueada y en estado de shock, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo.
Su primera reacción fue intentar hablar con su marido. Llamó insistentemente al teléfono de Casillas, pero no obtuvo respuesta. Después probó suerte con diferentes miembros del FC Porto hasta que decidió contactar con Sandro Pereira, responsable de seguridad del club. Tampoco respondió a la llamada. Más tarde se supo que Sandro permanecía junto al futbolista y que incluso le mostró la pantalla del teléfono cuando vio que era Sara quien llamaba. En ese momento, Casillas pidió que no contestara porque quería ser él mismo quien hablara con ella antes de entrar en quirófano.
La llamada que devolvió la tranquilidad
Las horas de espera fueron especialmente angustiosas para Sara Carbonero. Sin noticias claras sobre el estado de salud de su marido, la incertidumbre fue aumentando hasta que, justo antes de embarcar rumbo a Portugal, recibió finalmente una llamada del propio Casillas. Aquella conversación resultó decisiva para aliviar parte de su preocupación. “Cuando estaba a punto de subir al avión hacia Oporto, me llamó Iker. Tenía la voz débil, pero me tranquilizó”, recordó posteriormente.
Aunque la periodista confesó que apenas recuerda el contenido de aquella conversación debido al enorme impacto emocional que estaba viviendo, escuchar la voz de Iker le permitió afrontar el viaje con algo más de serenidad. No obstante, la tensión acumulada durante aquellas horas hizo que gran parte de los detalles quedaran prácticamente borrados de su memoria.
El duro reencuentro en el hospital
Al llegar a Oporto, Sara Carbonero se desplazó directamente al hospital donde permanecía ingresado el exportero. El ambiente que encontró era especialmente delicado y el estado de ánimo de todos los presentes reflejaba la gravedad de la situación. Cuando vio a Iker tumbado en la camilla tras la intervención, comprendió que nada volvería a ser igual.
La periodista reconoció posteriormente que aquella imagen la marcó profundamente. “Me rompió el alma”, confesó al recordar aquel instante. Más allá del riesgo para su vida, ambos eran plenamente conscientes de que el fútbol, la gran pasión de Casillas desde la infancia, estaba llegando a su final de forma abrupta e inesperada.
Un año especialmente difícil para la familia
El infarto fue únicamente el comienzo de una etapa especialmente complicada para el matrimonio. Apenas unos días después del ingreso de Casillas, Sara Carbonero recibió otro duro golpe al ser diagnosticada de un cáncer de ovario. En cuestión de semanas, la pareja tuvo que afrontar dos graves problemas de salud que pusieron a prueba su fortaleza personal y familiar.
A pesar de las dificultades, ambos intentaron mantenerse unidos durante aquel complicado proceso. Sin embargo, con el paso del tiempo sus caminos terminaron separándose. En marzo de 2021 anunciaron públicamente su divorcio de mutuo acuerdo tras más de una década de relación, cinco años de matrimonio y dos hijos en común, Martín y Lucas. Actualmente, Sara se encuentra recuperada de la enfermedad que le fue diagnosticada.
La demanda contra el FC Porto
Con el paso de los años, Casillas asegura que las consecuencias físicas del infarto continúan condicionando su día a día. Aunque mantiene una vida activa y realiza ejercicio moderado, reconoce que existen importantes limitaciones que le impiden recuperar la capacidad física que tenía antes del episodio cardíaco.
El propio exfutbolista resumía recientemente su situación afirmando: “Voy al gimnasio, juego al pádel, pero no puedo correr, sólo consigo unos 20 ó 50 metros. No puedo más”. Estas limitaciones son la base de la reclamación judicial que ha presentado ante los tribunales portugueses.
El procedimiento pretende determinar si le corresponde una prestación por Incapacidad Total Permanente para el Trabajo Habitual (IPATH), cuya cuantía rondaría los 2,5 millones de euros, equivalentes aproximadamente al 70 % del salario que habría percibido hasta la finalización de su contrato con el FC Porto en junio de 2021.
Las diferentes posturas del caso
El litigio enfrenta actualmente a varias partes con posiciones claramente distintas. Por un lado, Casillas sostiene que las secuelas derivadas del infarto justifican plenamente la indemnización solicitada. Por otro, tanto el FC Porto como la aseguradora Fidelidade consideran que las obligaciones económicas ya fueron atendidas en su momento.
Según la documentación conocida, la aseguradora abonó alrededor de 1,5 millones de euros, correspondiente al límite previsto para accidentes laborales, mientras que el club portugués defiende que continuó pagando íntegramente el salario del futbolista durante todo el periodo de baja médica, una cantidad superior al millón de euros. Ambas entidades rechazan, por tanto, realizar nuevos pagos.
Será finalmente la justicia portuguesa la encargada de valorar toda la documentación médica, contractual y pericial para determinar si Iker Casillas tiene derecho a percibir la indemnización adicional que reclama por unas secuelas que, según sostiene, cambiaron para siempre su vida personal y profesional.