Lo cotidiano que se vuelve viral.
En el amplio catálogo de contenidos que arrasan en redes sociales, hay un tipo de publicaciones que siempre logra captar la atención: las advertencias cotidianas. Pueden ser sobre una estafa en una gasolinera, una mala experiencia en un restaurante o incluso una alerta sobre precios abusivos. Son historias que conectan porque cualquiera podría protagonizarlas.

Los usuarios no solo se enganchan con estos relatos, sino que participan activamente: comentan, comparten y suman sus propias experiencias. En tiempos donde el scroll no se detiene, lo que logra generar conversación suele tener un punto en común: una injusticia o exageración que parece increíble. Y si hay una foto que lo respalde, el efecto multiplicador está casi garantizado.
Las advertencias, especialmente si tocan temas como el coste de la vida o los hábitos comunes, tienen la capacidad de transformar una anécdota en un fenómeno viral. La indignación se mezcla con el humor, y así es como algo tan mundano como un desayuno puede convertirse en noticia.
Cuando el desayuno cuesta como un menú degustación.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con una publicación del usuario Inversor Bético, que compartió en X (antes Twitter) su sorpresa al recibir la cuenta tras desayunar en Madrid con un grupo de amigos. “Pasar el finde” en la capital les llevó a sentarse en una terraza y pedir algo aparentemente sencillo. La sorpresa vino al pagar: 31,20 euros por tres desayunos.
“Han mirado la cuenta 3 veces a ver si era verdad”, relató el autor del mensaje, dejando clara su decepción con lo sucedido. Para reforzar su denuncia, adjuntó una fotografía del ticket, detallando los precios de cada producto. Y es ahí donde el asombro se justifica: 10,50 euros por tres zumos de naranja, 5,40 por tres cafés con leche, 13,50 por los sándwiches mixtos con huevo y un café extra de 1,80 euros.
Han venido unos amigos de Sevilla a pasar el finde y hemos bajado a desayunar
3 desayunos 31.20€
Han mirado la cuenta 3 veces a ver si era verdad, hemos normalizado que un desayuno en Madrid sean 10€ por persona pic.twitter.com/gypCie0auq
— Inversor Bético (@inversorBetico) November 23, 2025
El comentario que más resonó entre los usuarios fue una reflexión sencilla, pero contundente: “Hemos normalizado que un desayuno en Madrid sean 10 euros por persona”. Una frase que sintetiza el hartazgo creciente ante el coste de lo cotidiano en las grandes ciudades.
¿Carísimo o simplemente Madrid?
La publicación, en cuestión de días, superó las 703.000 visualizaciones, convirtiéndose en uno de esos casos donde la experiencia individual se vuelve colectiva. Y como suele pasar en estos escenarios, no faltaron las opiniones divididas. Para algunos, el precio era completamente desorbitado. Para otros, incluso parecía una ganga.
Entre los comentarios, podían leerse reacciones como: “Solo veo caro el zumo”, “me parece un buen precio”, o “en Barcelona pagas eso y más en cualquier sitio decente”. No faltó quien dijera que ese no era un desayuno al uso, dando a entender que los sándwiches con huevo elevaban el coste.
Más allá de quién tenga razón, el post encendió un debate que ya se venía gestando en redes: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a pagar por lo básico? Y, sobre todo, ¿hemos perdido la noción de lo razonable en ciertos entornos urbanos?
El precio de sentarse en una terraza.
El factor “terraza”, especialmente en ciudades como Madrid, es muchas veces sinónimo de suplemento implícito. Aunque en la carta no lo diga, sentarse al aire libre puede significar pagar el doble por un producto estándar. En este caso, además, el local no fue identificado, lo que también alimentó la especulación sobre si era un sitio de moda o simplemente uno más en zona turística.
Lo cierto es que, con o sin nombre del bar, el mensaje tocó un nervio sensible: el de los precios que ya no nos sorprenden, pero que cuando los vemos desglosados nos hacen dudar de nuestra propia lógica. Y eso, en tiempos de inflación e incertidumbre económica, es terreno fértil para el debate.
En definitiva, la advertencia publicada por Inversor Bético ha desatado una conversación que va más allá de tres zumos, tres cafés y unos sándwiches. Ha puesto sobre la mesa (literalmente) una realidad compartida: la dificultad de asumir como normal lo que hace apenas unos años habría parecido impensable. Y por eso, tantos usuarios han sentido la necesidad de opinar, matizar, comparar o simplemente decir: “a mí también me ha pasado”.