El lado oscuro del postre favorito del verano.
En los medios, las historias sobre restaurantes, supermercados o marcas de comida generan una atención casi automática. Ya sea para indignarse con una mala experiencia o para descubrir la próxima joya gastronómica, el público responde. Este fenómeno se debe, en gran parte, a que lo que comemos forma parte íntima de nuestra vida cotidiana: si algo nos decepciona en ese terreno, lo sentimos como una traición personal.

Por eso, cuando la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) lanza un informe crítico sobre los helados que se venden en España, la noticia no pasa desapercibida. Con la llegada del calor y el auge del consumo de estos productos, su análisis ha sido contundente: «los resultados en cata son, en general, pobres», denuncian. Además, alertan sobre la cantidad de ultraprocesados presentes en su composición.
La calidad general es baja, concluye OCU tras analizar 32 helados de chocolate, vainilla y caramelo. En su valoración, destacan que «la gran mayoría de ellos son de mala calidad» y que contienen «ingredientes muy distintos de los de la receta tradicional a base de leche, huevo y azúcar». Así, más allá del sabor, el problema está en cómo se fabrican.
Aditivos que restan, más que sumar.
En la etiqueta de estos helados abundan componentes difíciles de pronunciar y poco recomendables para la salud. El informe destaca la presencia habitual de aditivos como E-442, E-471, E-472c y los E-14XX. Además, OCU señala que muchos de estos productos ni siquiera incluyen una cantidad significativa de lácteos, lo que, para un alimento que se presume cremoso y tradicional, resulta llamativo.
La normativa, al respecto, tampoco ayuda demasiado. Es bastante permisiva con los porcentajes mínimos de ingredientes como la leche, incluso en categorías como los helados de crema o de leche. En algunos casos, los fabricantes utilizan grasas vegetales —de coco, palma o girasol— en lugar de lácteos, algo que abarata costes pero compromete la calidad.
Solo uno de cada cuatro helados analizados utiliza lácteos como única fuente grasa. El resto recurre a mezclas menos nobles. Y lo mismo ocurre con los edulcorantes: apenas tres referencias usan solo azúcar, mientras que la mayoría combinan azúcar con jarabes de glucosa o fructosa. Una práctica que, aunque común, tiene implicaciones nutricionales negativas.
Más que dulces: engaños disfrazados.
OCU no solo pone el foco en los ingredientes visibles. También denuncia la presencia de hasta 20 tipos distintos de aditivos en las fórmulas, con una media de cuatro por helado. Muchos de ellos —como los espesantes, colorantes y emulsionantes— «enmascaran la falta de ingredientes de calidad», aseguran. Es decir, sirven más para simular que para aportar.
En cuanto al aporte energético, no todos los helados engordan por igual. Los de caramelo son los más calóricos, mientras que los de vainilla se quedan en el extremo opuesto. En la cata, se señala que «los helados de caramelo resultan en general demasiado dulces», los de vainilla son insípidos y, cuando el sabor aparece, «se juzga artificial». Solo el chocolate se salva, aunque sin grandes elogios.
La mayoría de los productos incluidos en el estudio pertenecen a marcas blancas, pero también se ha evaluado a fabricantes reconocidos. Marcas como Carte d’Or y Häagen Dazs aparecen en la lista, y en algunos casos logran destacar entre tanto producto mediocre.
Pocas luces en un panorama helado.
Häagen Dazs Vanilla se lleva la mejor puntuación global del estudio, seguido por Häagen Dazs Chocolate Belga y Carrefour Sensation Chocolate. En cuanto a los de caramelo, el veredicto es claro: son los menos logrados del conjunto, aunque el Häagen Dazs Caramelo salado logra una mención positiva.
En conclusión, solo dos productos —Carrefour Sensation y Häagen Dazs— alcanzan la categoría de «muy buena calidad». El resto se reparten entre la mediocridad y la decepción. Para quienes buscan disfrutar de un buen helado este verano, el informe deja un mensaje claro: mirar la etiqueta antes de abrir el congelador puede ser más importante que nunca.