web analytics

La Lotería de Navidad, de luto: el triste fallecimiento del conocido «calvo de la Lotería» después de su desaparición

Cuando la pantalla se apaga.

Hay fallecimientos que traspasan la esfera personal y conmueven a toda una sociedad. Sucede con figuras que, sin ser familiares ni amigos, forman parte del imaginario colectivo, de esas tradiciones compartidas que nos acompañan año tras año. El público no los conocía en la intimidad, pero su sola presencia despertaba una emoción reconocible, casi doméstica. Cuando desaparecen, lo hacen llevándose consigo un pedazo de la memoria común.

El caso del actor británico Clive Arrindell pertenece a esa categoría. Durante años fue “el calvo de la Lotería”, el rostro luminoso que anunciaba el comienzo de la Navidad en cada hogar español. Su figura, envuelta en nieve artificial y música de arpa, se convirtió en un emblema del sorteo más esperado del año, hasta el punto de que muchos todavía lo asocian con la ilusión de diciembre. Su pérdida ha despertado una oleada de recuerdos y gratitud hacia quien, sin decir una sola palabra, logró transmitir esperanza.

En España, el Teatro Real de Madrid es el escenario donde cada 22 de diciembre se celebra el Sorteo Extraordinario de Navidad. Allí, entre bombos y cánticos infantiles, se ha rendido un homenaje inesperado a Arrindell. El gesto partió de un lotero murciano que emprendió un viaje singular, una caminata simbólica llamada “Ruta de la Suerte”, para reflexionar sobre el azar junto a diferentes invitados —filósofos, actores, deportistas y comunicadores— y recordar al actor que convirtió la fortuna en poesía visual.

La ruta de la suerte.

“Si buscas en el diccionario, la suerte es el resultado positivo de un suceso poco probable. Pero, para mí, la suerte es realmente el gran eslabón perdido cuando buscamos por qué suceden las cosas. En esa búsqueda siempre llegamos a un eslabón que ignoramos, que nadie conoce. Y cada uno se agarra a una creencia, sea científica, cultural o filosófica”, explicaba Miguel Ángel Zapata, director ejecutivo de la administración de loterías número 2 de San Pedro del Pinatar, conocida como El Perolo. Sus palabras acompañan una travesía que combina reflexión y memoria, y que rinde tributo a la magia de lo imprevisible.

En su recorrido, Zapata dialogó con rostros conocidos como Pepa Aniorte, Rafael Narbona, Nacho Guerreros, Kike Quintana, Fernando Romay, Jordi Sánchez y Alfonso Delgado, cada uno en un enclave distinto del país. La última etapa concluyó en el Teatro Real, un punto cargado de simbolismo, donde el propio Delgado —protagonista del conmovedor anuncio de la Lotería de 2014— revivió el poder de las segundas oportunidades. Fue, según el organizador, “el momento más especial de la ruta”.

Los encuentros se han convertido en pequeñas piezas audiovisuales de veinte minutos que se publican semanalmente en redes sociales. La última entrega está prevista para comienzos de diciembre, aunque el proyecto continuará el próximo año con nuevas etapas y nuevos nombres. Zapata soñaba con incluir a Clive Arrindell en esta edición, pero su ausencia lo transformó todo en homenaje.

Un símbolo que nunca se marchó.

Arrindell protagonizó los anuncios de la Lotería de Navidad entre 1998 y 2005, una época dorada de la publicidad española. Su imagen, envuelta en un halo casi mágico, trascendió el simple papel de actor para convertirse en un símbolo de ilusión compartida. Su interpretación no requería diálogo: bastaba un gesto, una mirada, para despertar el deseo de creer en la suerte.

El intérprete falleció en el verano de 2024, una noticia confirmada por amigos cercanos y por la UK Theatre, que lo incluyó en su “In Memoriam” del año. Desde entonces, el proyecto de Zapata se ha propuesto llevar la Ruta de la Suerte hasta Londres, al teatro donde Arrindell daba vida a los personajes de Shakespeare. Allí planea reunir a compañeros y admiradores para recordarlo “hasta donde la suerte nos lleve”.

Voces que también dejaron huella.

El mundo de la publicidad ha visto marchar a otras figuras que, como Arrindell, formaron parte de la historia sentimental de los espectadores. Marta Serrano, por ejemplo, fue durante años la sonrisa de una conocida marca de turrones. Su presencia televisiva marcó la infancia de una generación que aún recuerda su naturalidad frente a cámara.

También se despidió demasiado pronto el modelo y actor Jordi Mollá Gilabert, protagonista de varias campañas internacionales en los noventa. Su elegancia discreta y su capacidad para dotar de alma a cada imagen le valieron el respeto de fotógrafos y creativos. Hoy, muchos de aquellos anuncios se conservan como pequeñas piezas de arte pop.

Otra pérdida reciente fue la de Isabel Lázaro, recordada por su participación en los emblemáticos anuncios de perfumes de los años dos mil. Su figura simbolizaba una época en la que la publicidad se vivía con un aire cinematográfico, y su desaparición ha sido especialmente sentida entre compañeros de rodaje y admiradores del sector.

El eco de una noticia.

La confirmación del fallecimiento de Clive Arrindell recorrió los medios y las redes sociales con la misma rapidez con la que, años atrás, su imagen iluminaba las pantallas cada diciembre. Muchos españoles compartieron recuerdos y mensajes de gratitud, evocando aquel tiempo en el que la Navidad empezaba cuando aparecía su figura. La emoción colectiva recordó que, a veces, los actores no se van del todo: permanecen en las escenas que nos hicieron soñar.

Así, la noticia no solo devolvió a la memoria el rostro de un anuncio, sino también el espíritu de una época. España entera se sintió sobrecogida, como si la suerte, por un instante, se hubiera detenido para rendir homenaje a quien mejor supo representarla.