La familia de Sara por fin descansa: El ADN de una colilla resuelve un crimen de 1982

Una colilla olvidada que rompió un silencio de 44 años

Lo que durante décadas fue un crimen sin respuesta en el condado de Sonoma ha terminado resolviéndose gracias a un detalle mínimo, casi invisible: el ADN contenido en una colilla de cigarrillo. Casi 44 años después del asesinato de Sara Geer, una adolescente de tan solo 13 años, un jurado ha declarado culpable a James Oliver Unick por unos hechos que se remontan a mayo de 1982. La sentencia, según ha confirmado la Fiscalía del condado de Sonoma, será de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. El veredicto no solo cierra uno de los casos más antiguos de la zona, sino que simboliza la persistencia de la justicia frente al paso del tiempo y la evolución de la ciencia forense como herramienta decisiva en la resolución de crímenes que parecían condenados al olvido.

La noche que truncó una vida en Cloverdale

Los hechos ocurrieron la noche del 23 de mayo de 1982, cuando Sara Geer salió de la casa de un amigo en Cloverdale con intención de dirigirse al centro de la localidad. Nunca llegó a su destino. Según la reconstrucción presentada por la Fiscalía durante el juicio, James Oliver Unick la abordó cerca de un callejón residencial y la arrastró hasta una zona apartada detrás de un edificio de apartamentos. Allí, de acuerdo con la acusación, la violó y la estranguló utilizando los pantalones cortos que la menor llevaba puestos. El cuerpo fue encontrado a la mañana siguiente por un bombero que regresaba a su casa tras terminar el turno nocturno. La brutalidad del crimen y la juventud de la víctima sacudieron a la comunidad, pero las limitaciones técnicas de la época impidieron identificar al responsable.

Décadas de espera y un perfil genético sin nombre

Durante años, la investigación permaneció estancada. No fue hasta 2003 cuando un criminalista del Departamento de Justicia de California logró obtener un perfil genético a partir de restos biológicos hallados en la ropa interior de la víctima. Aquel avance supuso un rayo de esperanza, pero el ADN no coincidía con ninguno de los perfiles registrados en las bases de datos policiales. El caso volvió a enfriarse, atrapado en una espera silenciosa que se prolongó durante más de dos décadas. Sin embargo, la tecnología avanzaba mientras el expediente permanecía abierto, y la ciencia terminaría ofreciendo una segunda oportunidad a los investigadores.

El giro definitivo: genealogía, vigilancia y una colilla clave

El impulso definitivo llegó cuando el Departamento de Policía de Cloverdale reactivó el caso con apoyo externo. Con la colaboración del FBI y el uso de bases de datos genealógicas, los investigadores lograron acotar el perfil genético hasta vincularlo con uno de cuatro hermanos. Entre ellos estaba James Unick. A partir de ese momento, los agentes iniciaron una vigilancia discreta hasta conseguir una muestra directa: una colilla de cigarrillo que el sospechoso había desechado. El análisis fue concluyente. El ADN de la colilla coincidía con el perfil obtenido en 2003 y con el hallado en varias prendas que llevaba Sara la noche del crimen. Aquella pequeña pieza de basura se convirtió en la prueba irrefutable que durante décadas no existió.

El juicio y una deliberación fulminante

James Oliver Unick fue arrestado en julio de 2024 en su domicilio de Willows, California. En el momento de su detención aseguró no conocer a la víctima ni recordar los hechos. Durante el juicio, que se prolongó durante un mes, el acusado sostuvo que había mantenido relaciones consentidas con la menor y sugirió que otra persona pudo haberla asesinado posteriormente. El jurado escuchó también a amigos de Sara y a los investigadores implicados en el caso. Tras apenas dos horas de deliberación, los miembros del jurado rechazaron la versión del acusado y lo declararon culpable. La fiscal de distrito, Carla Rodríguez, subrayó tras el veredicto que “es un testimonio de todos los que nunca se rindieron en la búsqueda del asesino de Sara”, añadiendo que, aunque la espera fue demasiado larga, “finalmente se ha hecho justicia” para la familia y la comunidad.

Cuando la ciencia alcanza al pasado

El proceso fue llevado por la Fiscalía del condado de Sonoma con el respaldo de investigadores locales, estatales y federales, en un esfuerzo coordinado que demuestra cómo los avances en genética forense y el uso de bases de datos genealógicas están transformando la resolución de casos antiguos. Lo que en 1982 era técnicamente imposible, hoy se convierte en una herramienta capaz de identificar a un culpable décadas después. El caso de Sara Geer no solo cierra una herida abierta desde hace más de cuatro décadas, sino que envía un mensaje claro: el paso del tiempo no garantiza el olvido, y la justicia puede llegar incluso cuando parecía ya inalcanzable.

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