Sorprendentes declaraciones de la hoja de Lola Flores.
Hija mayor de Lola Flores, conocida universalmente como La Faraona, Lolita Flores siempre ha llevado con orgullo el peso y la luz de sus apellidos. Cantante, actriz y figura televisiva, su vida ha estado marcada por el arte y por una sinceridad que desarma a cualquiera. Con 67 años, sigue pisando fuerte los escenarios, heredando y reinterpretando el temperamento que convirtió a su madre en un mito de la cultura española.

El pasado 6 de septiembre, regresó a las ondas Julia en la onda, el programa de Julia Otero en Onda Cero. Apenas unos días después, la comunicadora catalana contó con Lolita como invitada estelar. Allí, la artista presentó Poncia, montaje teatral inspirado en La casa de Bernarda Alba, una obra de Lorca que ha acompañado durante décadas la memoria de su familia.
«Salgo del teatro hecha pedazos emocionalmente», confesó Lolita en antena. Para ella, el papel tiene un valor íntimo: fue el gran sueño frustrado de su madre. «Es la pena más grande que se llevó al fondo de su alma», añadió la intérprete, recordando a Lola Flores con emoción contenida.
Una vida lejos de lujos.
Pero la conversación con Otero no se quedó en el terreno artístico. Lolita aprovechó para abrirse sobre su día a día y desvelar aspectos poco conocidos de su realidad personal. «Yo ahora vivo de alquiler. Me compré una casa, pero la vendí para pagar a Hacienda», reveló, dejando claro que su apellido no es sinónimo de privilegios ni ostentación.
La actriz reivindicó su independencia y sencillez, asegurando que se siente «muy feliz» e «independiente». «Lo soy teniendo mi cama para mí sola, mi tele para mí sola, mi cenicero para mí sola», dijo con una sonrisa que transmitía libertad más que soledad. Y sin embargo, no descartó el amor: «Un hombre de 45 o 50 años me vendría muy bien, pero él en su casa y yo en la mía».
La memoria de los ausentes.
La entrevista también sirvió para recordar a su hermano Antonio Flores, fallecido hace ya tres décadas. Lolita adelantó que su sobrina Alba Flores está a punto de estrenar un documental que rescatará vivencias inéditas en torno a aquella pérdida irreparable. «Porque a mí me hace mucha gracia, parece que todo el mundo vive debajo de la cama de los Flores, ¿no? Saben cómo pensamos, cómo vivimos, si nos ponemos la flor desde las nueve de la mañana en la cabeza. Y no es así», aclaró con tono firme.
#LolitaJELO: “Vivo de alquiler. Me compré un piso y lo vendí para pagar a Hacienda cuando estaba el señor Montoro. Me dan ganas de pedirle los 2 millones que me quitó.” pic.twitter.com/JVC5tvUgdW
— Julia en la Onda (@Juliaenlaonda) September 14, 2025
En este 2025, no ha sido la única ocasión en que Lolita se ha desnudado en público con la palabra. El pasado enero conversó con Jordi Évole sobre sus batallas más duras: las adicciones, la muerte de su madre y de su hermano. «Fue un año y medio de locura absoluta en mi interior. Bebía, tomaba coca, me acostaba a las tantas, me ponía los discos de Moncho, me ponía la botella de whisky y una caja de Kleenex. Y a escribir y a llorar», relató con crudeza.
El sostén de la familia.
Ese dolor encontró un punto de salvación en su hija, Elena Furiase. «Quien me salvó de todo eso fue mi hija. Elena llamó a mi hermana, Rosario, diciendo que no me veía bien. A un hermano no se le quiere tanto como a un hijo, pero se le quiere como a uno mismo», reconoció Lolita hace unos meses. Una confesión que mostró hasta qué punto la familia ha sido faro en medio de la tormenta.
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Hoy, además de la complicidad con Elena, los nietos Noah y Naia se han convertido en otro de sus refugios emocionales. «Como abuela se vuelve loca, es muy buena abuela. Si estás con ellos tiene que ser de calidad y cuando ella está con ellos la destrozan viva», contaba tiempo atrás Furiase, evidenciando la ternura y energía con la que Lolita encara esta etapa vital.