La DGT advierte: No uses los chorros limpiaparabrisas o te clavamos 200€

La norma que muchos conductores desconocen y que puede acabar en multa.

El Reglamento General de Circulación establece numerosas obligaciones para quienes se ponen al volante, aunque no todas son conocidas con la misma claridad. Algunas de ellas están relacionadas con acciones cotidianas que los conductores realizan casi de forma automática. Precisamente por eso, determinados comportamientos pueden pasar inadvertidos hasta que aparece una sanción. Las autoridades de tráfico prestan atención también a esas pequeñas acciones cuando pueden afectar a la seguridad de otros usuarios.

Las normas de circulación tienen como principal objetivo reducir los riesgos en carretera y garantizar que todos los usuarios puedan desplazarse en condiciones adecuadas. Esto incluye no solo las maniobras más evidentes, sino también comportamientos que pueden parecer completamente inofensivos. Una acción habitual puede convertirse en problemática cuando las circunstancias hacen que perjudique a otro vehículo. Por ese motivo, conocer los detalles de la normativa resulta fundamental para evitar sorpresas.

Entre los elementos del vehículo que requieren especial atención se encuentra el sistema destinado a mantener limpio el parabrisas. Su funcionamiento es esencial para conservar una buena visibilidad, especialmente cuando la luna acumula suciedad durante un desplazamiento. Sin embargo, utilizarlo de una determinada manera mientras se circula puede generar situaciones incómodas para otros conductores. En algunos casos, incluso puede ser considerado una conducta sancionable.

El problema aparece cuando el líquido proyectado termina alcanzando al vehículo que circula detrás. Aunque pueda parecer una consecuencia menor, la situación puede resultar especialmente molesta para quien recibe la salpicadura. El riesgo aumenta cuando detrás circula una motocicleta o una bicicleta, cuyos usuarios están más expuestos a las condiciones de la vía. Por ello, conviene tener en cuenta cuándo y cómo se utiliza este sistema.

Un gesto cotidiano que puede tener consecuencias.

Muchos conductores accionan los chorros del limpiaparabrisas cuando detectan que el cristal necesita una limpieza durante la marcha. También es habitual hacerlo para aprovechar el movimiento del vehículo y conseguir que el líquido se distribuya por la superficie. Sin embargo, si el agua termina llegando al vehículo que circula detrás, la acción puede generar molestias. Las autoridades pueden valorar las circunstancias concretas para determinar si existe una conducta susceptible de sanción.

La situación puede resultar todavía más delicada cuando el vehículo afectado es una motocicleta o una bicicleta. Para estos usuarios, recibir líquido directamente sobre la zona de visión puede representar una dificultad añadida durante la circulación. Algo parecido puede ocurrir cuando se utiliza deliberadamente el sistema trasero para llamar la atención de quien circula demasiado cerca. En ese contexto, la acción deja de ser un simple gesto de limpieza y puede interpretarse como una conducta que genera un riesgo.

Las consecuencias económicas pueden llegar a los 200 euros cuando los agentes consideran que la actuación constituye una conducta negligente y provoca una situación peligrosa en la vía. No se trata, por tanto, de que utilizar el limpiaparabrisas esté prohibido mientras se conduce, sino de las circunstancias en las que su utilización puede afectar a otros usuarios. La prudencia resulta especialmente importante cuando existe tráfico próximo detrás. Evitar acciones que puedan distraer, molestar o reducir la seguridad de otros vehículos es siempre la opción más recomendable.

El estado del sistema también importa.

El limpiaparabrisas cumple una función esencial para mantener una visibilidad adecuada y forma parte de los elementos que se revisan durante la Inspección Técnica de Vehículos. Las escobillas deben encontrarse en condiciones apropiadas para cumplir correctamente su cometido. Cuando están deterioradas, pueden dejar zonas sin limpiar o dificultar la visión del conductor. Por eso, su mantenimiento no debe limitarse únicamente a comprobar si el depósito tiene líquido.

También existen consecuencias cuando el propio sistema presenta deficiencias. Circular con las escobillas en mal estado o con el mecanismo averiado puede dar lugar a una sanción de 200 euros, aunque esta infracción no implica la pérdida de puntos del permiso de conducir. Mantener estos elementos en buenas condiciones permite además afrontar con mayores garantías situaciones de lluvia, suciedad o salpicaduras. Una revisión periódica puede evitar tanto problemas de visibilidad como una posible penalización.

Las redes sociales se han llenado de comentarios sobre este tipo de normas porque muchos conductores descubren por primera vez que determinadas acciones cotidianas pueden tener consecuencias. La sorpresa aumenta cuando se trata de gestos que forman parte de la conducción habitual y que normalmente no se perciben como una infracción. La conversación también se extiende a quienes comparten experiencias relacionadas con controles y sanciones de tráfico. Todo ello demuestra que conocer los pequeños detalles del Reglamento General de Circulación puede ser tan importante como recordar las normas más conocidas.

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