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La DGT advierte de una novedad: ¿Para qué sirven las lineas verdes en el arcén?

Los conductores que circulan por determinadas carreteras españolas pueden encontrarse con un elemento que rompe con la imagen habitual de la calzada: una segunda línea de color verde que discurre paralela a la tradicional línea blanca del borde de la carretera. Para quienes no conocen su significado, la aparición de esta marca puede resultar desconcertante e incluso llevar a pensar que se trata de una señalización provisional, de una modificación reciente de la vía o simplemente de una marca pintada por error. Sin embargo, nada de eso ocurre. Estas líneas forman parte de una estrategia de seguridad vial que la Dirección General de Tráfico lleva años estudiando y aplicando en determinados puntos y que tiene como objetivo actuar sobre uno de los elementos más importantes a la hora de conducir: la percepción que el usuario tiene del espacio por el que circula.

La particularidad de esta medida es precisamente que no necesita modificar físicamente la carretera para intentar cambiar el comportamiento de quienes circulan por ella. El asfalto mantiene sus dimensiones, los carriles conservan su anchura y la línea blanca que delimita el arcén continúa cumpliendo su función habitual. Lo que cambia es la cantidad de referencias visuales que recibe el conductor. Al añadir una línea verde en la parte interior de la marca blanca, la DGT pretende generar una sensación diferente al recorrer determinados tramos, especialmente aquellos en los que una carretera amplia, recta o con curvas suaves puede transmitir al usuario una sensación de seguridad mayor de la que realmente corresponde a las características de la vía.

Qué significa realmente la línea verde

La DGT incluye este tipo de marcas dentro de las denominadas “marcas viales características de tramo”, un conjunto de recursos destinados a reforzar la seguridad mediante elementos que forman parte del propio diseño de la carretera. En el caso de las líneas verdes, su colocación responde a una lógica muy concreta. Se sitúan paralelas a las líneas blancas que delimitan el arcén y quedan en la parte interior de estas, creando una nueva referencia visual para el conductor. Aunque la carretera sigue teniendo exactamente la misma anchura, el efecto que se pretende conseguir es que el espacio disponible parezca más reducido y que el usuario perciba de una manera diferente la distancia existente entre su vehículo y los márgenes de la calzada.

Esta modificación visual está relacionada con lo que la DGT denomina “efecto túnel”. La idea consiste en provocar una sensación de estrechamiento sin necesidad de construir ningún elemento físico que reduzca el ancho de la carretera. Al encontrarse con más referencias en los laterales, el conductor puede experimentar una percepción de mayor proximidad respecto a los límites de la zona de circulación. El objetivo final es que esa sensación contribuya a moderar la velocidad y a incrementar la atención. No se trata, por tanto, de una nueva limitación que sustituya a las señales existentes, sino de una herramienta de diseño destinada a influir en la manera en la que el conductor interpreta la carretera.

Es precisamente esta característica la que hace que las líneas verdes puedan pasar desapercibidas para algunos usuarios y, al mismo tiempo, llamar poderosamente la atención de otros. Su función no consiste en transmitir una prohibición nueva mediante un código de color, sino en formar parte de un conjunto de elementos que pretenden hacer que la carretera sea más “autoexplicativa”. Es decir, que el propio trazado y sus marcas proporcionen al conductor información suficiente para adaptar su comportamiento a las características del recorrido. La intención es que la carretera no sea un escenario pasivo por el que simplemente se circula, sino que su diseño ayude a recordar de manera constante cuál debe ser la actitud al volante.

La línea verde no establece un nuevo límite de velocidad

Una de las cuestiones que puede generar más confusión entre los conductores es pensar que la presencia de estas marcas implica automáticamente que exista una velocidad máxima diferente. No es así. Encontrarse con una línea verde no significa, por sí mismo, que el límite de velocidad de ese tramo haya cambiado. El conductor debe continuar atendiendo a la señalización vertical y horizontal correspondiente y respetar la velocidad máxima establecida para la vía. La función de la marca es diferente: pretende reforzar el cumplimiento de esa velocidad mediante un cambio en la percepción del espacio disponible y no mediante la introducción de una nueva prohibición.

Esta distinción resulta especialmente importante porque el color verde puede dar la impresión de que se trata de un código específico asociado a una norma diferente. Sin embargo, la estrategia persigue otro efecto. Si una carretera convencional ofrece una apariencia muy abierta, con carriles relativamente anchos, rectas prolongadas y curvas de gran radio, algunos conductores pueden sentirse cómodos manteniendo una velocidad elevada durante demasiado tiempo. En esos casos, la incorporación de una referencia adicional en los márgenes busca romper esa sensación de amplitud y provocar una percepción algo más restrictiva del espacio, animando al usuario a comprobar su velocidad y a mantener una conducción acorde con las circunstancias.

Por qué se utilizan en determinadas carreteras

La medida está especialmente pensada para determinados tramos de carreteras convencionales. Son vías en las que las características del trazado pueden favorecer una percepción de seguridad superior a la real y en las que, precisamente por la ausencia de obstáculos evidentes, el conductor puede relajarse más de lo recomendable. Una larga recta con buena visibilidad puede generar la sensación de que existe poco riesgo, mientras que una curva amplia puede ser interpretada como un punto que permite mantener una velocidad elevada. Sin embargo, la ausencia de una dificultad visual evidente no significa que desaparezcan los riesgos asociados a la velocidad, a la circulación en sentido contrario o a cualquier imprevisto que pueda surgir durante el trayecto.

La línea verde pretende intervenir precisamente en ese punto. Al introducir una referencia que anteriormente no estaba presente, la DGT busca modificar la lectura visual que el conductor hace de la carretera. El usuario continúa disponiendo del mismo espacio físico, pero la percepción puede ser diferente. Es una estrategia que no necesita instalar barreras, reducir carriles o realizar grandes obras y que puede aplicarse sobre determinados tramos como complemento de otras actuaciones destinadas a mejorar la seguridad. La filosofía que la sustenta parte de una idea sencilla: si el diseño de la carretera puede influir en la conducta del conductor, también puede utilizarse como herramienta preventiva.

El experimento comenzó en dos carreteras de Palencia

La experiencia española con estas marcas tiene su origen en Castilla y León. La DGT puso en marcha un proyecto piloto en dos carreteras de la provincia de Palencia: la CL-613, en el recorrido entre Palencia y Sahagún, y la CL-615, que conecta Palencia con Guardo. La elección de estos itinerarios no fue casual. Se trataba de carreteras convencionales con características que permitían estudiar precisamente el efecto que podía tener una modificación visual sobre el comportamiento de los conductores. Sus tramos largos y rectos, sus curvas amplias y determinadas características relacionadas con la anchura de la vía podían favorecer una percepción de seguridad que no siempre se correspondía con la necesidad de mantener una velocidad adecuada.

El proyecto buscaba comprobar si una actuación relativamente sencilla podía influir en la manera en la que los conductores recorrían esos kilómetros. La propuesta no consistía en cambiar radicalmente la carretera, sino en introducir un elemento visual capaz de generar el mencionado “efecto túnel”. La expectativa era que, al percibir el espacio de circulación como algo más estrecho, los usuarios tendieran a moderar su velocidad y prestaran mayor atención a las condiciones del recorrido. De esta manera, la propia carretera se convertiría en una herramienta adicional de prevención, complementando las señales tradicionales y las actuaciones de vigilancia.

Las líneas verdes no fueron la única medida aplicada

Uno de los aspectos fundamentales para interpretar correctamente los resultados del proyecto piloto es que las líneas verdes no se aplicaron de manera aislada. La intervención estuvo acompañada de diferentes medidas de vigilancia y control destinadas a reforzar la seguridad de los tramos seleccionados. Entre ellas se encontraban los radares de tramo, los controles de velocidad realizados por la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y la vigilancia mediante los helicópteros Pegasus. También se instaló señalización vertical destinada a advertir a los conductores de las características del tramo y de la existencia de controles. Todo ello significa que el experimento debe entenderse como una actuación global y no como una prueba en la que únicamente se modificó la pintura del asfalto.

Esta circunstancia es importante porque los resultados posteriores pueden estar relacionados con el efecto combinado de todas esas actuaciones. Si los conductores reducen la velocidad al encontrarse con una nueva configuración visual, pero al mismo tiempo saben que existen radares, controles y vigilancia específica, resulta difícil separar completamente el efecto de cada uno de los elementos. La propia información difundida por la DGT permite entender que la reducción de la siniestralidad no puede atribuirse exclusivamente a las líneas verdes. La actuación formaba parte de un paquete más amplio de medidas de seguridad diseñado para conseguir que el comportamiento de los usuarios se ajustara mejor a las condiciones de la vía.

Los accidentes con víctimas descendieron durante el proyecto

Los primeros datos difundidos por la DGT fueron favorables para la experiencia. Según las cifras correspondientes al periodo analizado, entre 2016 y 2017 los accidentes con víctimas descendieron un 63% en la CL-613 y un 59% en la CL-615. También se registró una reducción de los heridos graves en los tramos objeto de la actuación. Los porcentajes llamaron la atención porque mostraban una evolución positiva de la seguridad en las dos carreteras seleccionadas y ofrecían argumentos para continuar estudiando este tipo de soluciones. Sin embargo, como ocurre con cualquier evaluación de una intervención de seguridad vial, los datos deben interpretarse teniendo en cuenta todas las actuaciones que se realizaron simultáneamente.

La reducción de los accidentes no permite concluir por sí sola que las líneas verdes fueran responsables de todo el descenso registrado. La presencia de controles de velocidad, radares, vigilancia aérea y nueva señalización formaba parte del mismo proyecto y podía tener una influencia significativa sobre la conducta de los usuarios. Por ello, el interés de la experiencia no reside únicamente en atribuir una determinada cifra a la pintura verde, sino en comprobar si el diseño de la carretera, combinado con otras medidas de vigilancia y prevención, puede contribuir a reducir los comportamientos de riesgo. La DGT mantiene esta actuación dentro de su catálogo de herramientas orientadas a mejorar la seguridad de determinados tramos.

La DGT habla de una carretera que “explica” cómo conducir

Detrás de esta iniciativa existe una filosofía que va más allá de conseguir que un conductor reduzca temporalmente la velocidad. La DGT utiliza el concepto de “carretera autoexplicativa” para referirse a vías cuyo diseño proporciona al usuario información sobre la forma en la que debe circular. La idea consiste en que los diferentes elementos de la carretera —marcas, configuración, señalización y características visuales— ayuden a transmitir de forma intuitiva que un determinado tramo requiere mayor atención o una velocidad más moderada. En este contexto, la línea verde funciona como una señal visual permanente que acompaña al conductor durante parte del recorrido y pretende mantener activa su percepción del riesgo.

La ventaja de esta estrategia es que no depende exclusivamente de que el conductor encuentre una señal puntual y la recuerde durante todo el trayecto. La marca permanece visible mientras se recorre el tramo y, por tanto, puede actuar como un recordatorio continuo. El objetivo no es sustituir las señales de tráfico ni los límites de velocidad, sino complementarlos mediante el propio diseño de la vía. De esta forma, un conductor que circula por una carretera aparentemente cómoda y amplia recibe una referencia adicional que puede hacerle reconsiderar la velocidad a la que está viajando y prestar atención a la señalización existente.

Una idea que ya se había probado fuera de España

La estrategia tampoco es una invención exclusiva de las carreteras españolas. Antes de que la DGT trasladara esta experiencia a España, soluciones basadas en la utilización de elementos visuales para modificar la percepción de la calzada ya habían sido probadas en otros países europeos. Entre ellos se encuentran Países Bajos y Suecia, dos países que cuentan con una larga trayectoria en la aplicación de medidas destinadas a adaptar el diseño de las carreteras al comportamiento de los usuarios. La experiencia internacional sirvió como referencia para estudiar si una solución similar podía ser útil en determinados tramos de la red viaria española.

La incorporación de estas marcas responde, por tanto, a una tendencia más amplia dentro de la seguridad vial: utilizar no solo la vigilancia y la sanción, sino también el propio diseño de las carreteras como herramienta para prevenir conductas peligrosas. El principio es que una vía correctamente diseñada puede ayudar al conductor a interpretar sus características y adaptar su comportamiento antes de que aparezca una situación de riesgo. Las líneas verdes son una de las expresiones más llamativas de esta filosofía porque modifican de forma visible el aspecto habitual de la carretera, aunque su función real sea mucho más concreta de lo que puede parecer a simple vista.

Una marca que llama la atención, pero no cambia las normas

Para el conductor, la consecuencia práctica es sencilla: si encuentra una línea verde junto a la habitual línea blanca del borde de la calzada, no debe interpretar que existe automáticamente un nuevo límite de velocidad. La normativa y la señalización correspondiente continúan siendo las referencias que determinan la velocidad máxima permitida. Lo que la marca pretende es que el usuario sea más consciente del espacio por el que circula y adapte su conducción a las circunstancias del tramo. La carretera no se ha estrechado físicamente y tampoco aparece una nueva categoría de carril por el mero hecho de que exista esa línea de color.

La particular apariencia de estas marcas responde, precisamente, a su intención de captar la atención. Una línea blanca adicional podría confundirse con otros elementos habituales de la calzada, mientras que el color verde crea una referencia visual claramente diferenciada. El objetivo es que el conductor note que algo cambia y, a partir de esa percepción, aumente su nivel de atención. La medida se integra así en una estrategia más amplia en la que la infraestructura trata de anticiparse a los errores humanos y reducir las posibilidades de que una sensación de comodidad o amplitud termine traducida en una velocidad excesiva.

La experiencia iniciada en Palencia ha servido para que este tipo de marcas formen parte de las medidas que la DGT considera de interés dentro de su estrategia de seguridad vial. El organismo señala actualmente una reducción del 16% de la siniestralidad asociada a esta actuación, aunque, nuevamente, los resultados deben contemplarse dentro del conjunto de intervenciones realizadas. Más allá de una cifra concreta, el proyecto representa una forma diferente de abordar la seguridad en carretera: en lugar de limitarse a advertir al conductor mediante señales o sancionarlo cuando incumple una norma, se intenta que el propio entorno de conducción contribuya a generar un comportamiento más prudente.

Así, lo que para muchos usuarios puede parecer simplemente una extraña línea verde pintada junto al borde de la carretera responde en realidad a una estrategia basada en la psicología de la percepción. La vía conserva sus dimensiones, pero la imagen que recibe el conductor cambia y con ella puede cambiar también su comportamiento. Las carreteras en las que aparecen estas marcas forman parte de una experiencia destinada a comprobar hasta qué punto el diseño puede convertirse en un aliado de la seguridad vial. Y aunque las líneas verdes no sustituyen los límites de velocidad ni las obligaciones habituales al volante, sí pretenden recordar algo fundamental: la sensación de que una carretera es segura no siempre significa que se pueda circular por ella a mayor velocidad.