Duras palabras contra los responsables de su acoso.
Un emotivo y multitudinario adiós a Claudia, la joven que se suicidó tras sufrir acoso escolar. Así se podría resumir el funeral que se celebró ayer en la iglesia parroquial del Corazón de María, en Gijón, donde cientos de personas se congregaron para dar el último adiós a la chica de 20 años que decidió acabar con su vida el pasado domingo en el Cerro de Santa Catalina. Allí dejó una carta en la que relataba el infierno que vivió durante su paso por el colegio La Asunción, donde fue víctima de acoso escolar por parte de algunos compañeros.

Entre los asistentes al funeral se encontraban familiares, amigos, vecinos y representantes de diversas asociaciones y colectivos que quisieron mostrar su apoyo y solidaridad con los padres de Claudia, que han denunciado públicamente la situación que padeció su hija y han pedido justicia.
La madre de Claudia, María Belén Álvarez Gutiérrez, fue la encargada de leer unas emotivas palabras en memoria de su hija y en reconocimiento a todos los que la ayudaron y acompañaron en su lucha contra la depresión que le provocó el acoso escolar. También tuvo unas duras palabras para los responsables de ese acoso, a los que acusó de haber destrozado la vida de su hija.
El funeral fue oficiado por el párroco del Corazón de María, José Luis González Vázquez, quien condenó el acoso como una forma de violencia y pidió a los presentes que reflexionaran sobre la importancia de respetar y cuidar a los demás. Asimismo, recordó a Claudia como una joven alegre, inteligente y generosa, que tenía muchos sueños por cumplir. Al finalizar el acto religioso, los asistentes aplaudieron y lanzaron globos blancos al cielo en homenaje a Claudia.
La carta íntegra de despedida a su hija Claudia:
Me gustaría decir unas palabras para que todos podamos despedir a mi hija como se merece, como una auténtica campeona que luchó con todas sus fuerzas para salir de la depresión que sufría desde hacía muchos años.
Yo no sé escribir tan bien como ella lo hacía, esas bonitas dedicatorias que daba a sus personas queridas con tanto sentimiento, porque ella era una persona con una sensibilidad especial y con dones artísticos para la escritura y la pintura que casi todos conocéis.
Todos los que aquí estamos la adorábamos. Su familia, de la cual ella se sentía tan orgullosa. Para mí, la mejor hija del mundo; mi hija, mi confidente y mi amiga. Su papá, al que a ella le gustaba proteger. Su súper hermano que tanto la cuidaba. Quería pintar tan bien como el abuelo Ico.
Le encantaba jugar con sus primitos y su adorada perrita, “Danita”; sus titos y titas, sus otros titos y titas, y las súper madrinas. Y su querida abuela Cova; y, como no, Gloria, a la que también adoraba. Hacer las excursiones a la playa conmigo, con Javier y con su perrita. Ella decía que era la mejor familia del mundo, una gran y unida familia que la adoraba.
Su maravilloso novio, Javi, con el cual pasó sus últimos días tan ilusionada y feliz, que le ha hecho este homenaje tan bonito con el violín y su Taylor Swift; por supuesto, sus adorados y maravillosos amigos Pablo, Alba, Cristina, Valeria, y tantos que no puedo enumerar porque estaría dos horas hablando y que tanto la ayudaron hasta el último momento, al que ninguno llegamos a tiempo.
Y qué voy a decir de sus compañeros del “dojo”, vuestra “yumi” para siempre. Allí encontró otra maravillosa familia, donde ella se esmeraba y lo daba todo. Llegó allí de la mano de una persona muy importante, que le devolvió a la vida en algunos de sus momentos más duros: su querido médico Eduardo, mucho más que un médico, una gran persona, con mayúsculas. Y allí, con su admirado “sensei”, con Megumi, Diego y todos los demás compañeros de ninjitsu que, me perdonáis, pero no recuerdo el nombre de todos. Cada vez que volvía machacada de la lucha volvía feliz… Había encontrado algo en Io que se sentía realizada.
Todos nosotros sabemos la gran persona que era, siempre pensando antes en los demás que en ella misma: cariñosa, alegre, servicial y, como uno que está aquí le dijo, siempre recogiendo por el mundo gatitos heridos en su afán por ayudar a la gente.
Lástima que en su corta edad, cuando su personalidad se estaba formando, un grupo de gente malintencionada, que por supuesto no se encuentran dentro de todo este maravilloso y cariñoso grupo que estáis aquí acompañándola, le cortara las alas para seguir siendo ella misma, y le anularan por completo su autoestima y su autoconfianza. Y la hicieran sentirse inferior para siempre. Algo que no le dejó disfrutar de lo maravillosa que era, y no le permitió convertirse en la espectacular mujer que podría haber sido, tanto por sus aptitudes como por sus sentimientos.
Aquí nos deja unos maravillosos recuerdos de veinte años compartiendo con ella, una hija muy deseada y muy querida, y a la cual llevaremos en nuestro corazón siempre. Y de la cual su madre, su padre y su hermano nunca van a permitir que nadie se olvide.
Como no se cansaron ayer de decir sus amigos, Claudia, eres un ángel de luz que nos guiarás para siempre.
Te querremos siempre, cariño.