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Isa Pantoja se rompe al contar lo que le dijo su madre Isabel Pantoja sobre su adopción: «Me iba a devolver a Perú»

La sombra de Cantora. Una confesión valiente.

Isa Pantoja ha roto su silencio para relatar uno de los episodios más difíciles y oscuros de su infancia. Se trata de una experiencia que ha sido objeto de rumores y especulaciones durante años, pero que hasta ahora ella nunca se había atrevido a abordar públicamente. El suceso, que ocurrió cuando tenía 16 años, implicó a su hermano Kiko Rivera y marcó un antes y un después en su relación familiar. Isa, harta de que otros restaran importancia a lo vivido, decidió compartir su testimonio, detallando con crudeza lo que pasó aquella noche de diciembre en la finca Cantora.

El detonante de aquella jornada, según cuenta, fue el descubrimiento de un teléfono móvil escondido, algo que había mantenido en secreto debido al estricto control que sentía por parte de su madre. La situación escaló rápidamente. «Era diciembre, había lluvia y frío y estábamos en el campo. Fue mi hermano el que llamó a mi madre para contarle que este chico y yo hemos entrado en su casa sin su autorización…», comenzó narrando Isa en televisión, con un tono entrecortado por la emoción al revivir aquellos momentos.

Lo que en un principio parecía ser una discusión familiar más se tornó en una experiencia profundamente traumática. Isa relató cómo su madre perdió el control, exigiéndole que entregara el teléfono escondido, y cómo llegó a zarandearla mientras pedía unas tijeras para cortar su cabello. «Mi madre empezó a zarandearme preguntándome que dónde estaba el teléfono y como yo no se lo daba le pidió a una amiga que estaba allí que le diera las tijeras de la cocina…». Estas palabras, acompañadas de gestos y pausas cargadas de dolor, dejaron a todos los presentes en el plató sin palabras.

Enfrentarse al pasado.

El relato de Isa Pantoja no se detuvo ahí. La joven describió cómo las palabras de su madre en ese momento resonaron en ella como una sentencia de abandono, especialmente la amenaza de devolverla a Perú. «Al final decidí parar para que no pasara nada grave y fue cuando me cortó el pelo, y cuando me lo cortó me dijo ‘te voy a devolver a Perú’…», contó Isa, revelando que, tras aquel acto, buscó refugio encerrándose en el baño de la casa. Desde allí, con el corazón encogido, contactó a dos amigos cercanos para pedir ayuda. «Les dije que creía que me iban a pegar, les pedí que por favor al día siguiente vinieran a Cantora porque estaba sintiendo mucho miedo».

Sin embargo, la situación se agravó cuando su hermano Kiko Rivera llegó a la finca. Según el relato de Isa, Kiko estaba furioso tras ser avisado por su madre de lo que había ocurrido. Su llegada no hizo más que intensificar la tensión, culminando en un episodio que Isa ha calificado como uno de los más humillantes de su vida. «Me asomo al salón de los toros y veo a Manuel (el hijo de Raquel Bollo) y a otro amigo de mi hermano hablando con mi tío. Rápidamente abro la puerta de la casa y salgo al porche desesperada…».

El agua helada y el silencio.

Isa Pantoja recordó, con evidente dolor, cómo su hermano utilizó una manguera para rociarla con agua fría en pleno invierno, mientras su madre abandonaba la escena y el resto de los presentes permanecían indiferentes a sus gritos de auxilio. «Mi madre se fue, es cuando mi hermano empieza a regarme mientras me sigue preguntando que dónde está el teléfono…», relató, confesando que en ese momento ya no sentía ni el agua ni el frío, solo un profundo terror que la dejó completamente vulnerable.

La intervención de su tío Agustín fue lo que finalmente puso fin al calvario. Según Isa, su tío logró detener a Kiko y le ofreció una toalla antes de convencerla para que entregara el teléfono móvil. A pesar de haberlo hecho, Isa describió cómo ese acto no apagó el trauma vivido. «Entonces llegó mi madre y me subió a su cuarto para que me duchara con agua caliente, allí en el baño me vi la cara en el espejo, tenía marcas, no me reconocía, no era yo».

Un testimonio desgarrador.

Isa Pantoja ha decidido dar este paso para enfrentarse a su pasado y a los comentarios que, en más de una ocasión, han cuestionado su versión de los hechos. Su testimonio no solo expone la dureza de su experiencia, sino que también arroja luz sobre una dinámica familiar llena de silencios, tensiones y heridas que parecen no haber sanado del todo.

Con estas declaraciones, Isa no solo ha desvelado una verdad que llevaba años guardando, sino que también ha buscado dar voz a su dolor, dejando claro que, aunque han pasado los años, los recuerdos de aquella noche de diciembre siguen marcando su vida. Su valentía al compartirlo públicamente es, en sí misma, un paso hacia la reivindicación de su historia y su verdad.