Crónica de un día que deja huella.
Hay noticias que se cuelan en la rutina como un golpe seco y, durante horas, todo lo demás parece perder importancia. No hace falta haber estado allí para sentir el peso de lo ocurrido, porque la inquietud se contagia de barrio en barrio y de pantalla en pantalla. Son sucesos que obligan a bajar el volumen de la vida cotidiana y a mirar alrededor con otra atención. En esos momentos, una ciudad entera se reconoce vulnerable.

Cuando el transporte, el trabajo o un viaje cualquiera se convierten en el centro de una tragedia, cambia la manera en la que se habla del día. De pronto, lo que era un trayecto habitual pasa a ser un recordatorio de lo frágil que puede ser la normalidad. En la conversación colectiva aparecen las mismas preguntas, repetidas con incredulidad: dónde, cómo, quiénes. Y esa incertidumbre deja un silencio raro, como de duelo anticipado.
En esas horas, también se activa una solidaridad espontánea que empuja a las personas a buscar, compartir, llamar, preguntar. Los nombres dejan de ser titulares y se convierten en rostros, familias, historias que alguien reconoce. Las ciudades, incluso las que no están cerca del lugar del accidente, reaccionan como si el golpe hubiera sido propio. Es el efecto de lo inesperado: lo que ocurre lejos, de alguna forma, también ocurre aquí.
Huelva, en shock y en vigilia.
Huelva empieza a constatar el impacto y la repercusión del descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad a la altura de Ademuz (Córdoba). La capital ha perdido en el accidente a dos referentes del periodismo local, la pareja formada por la fotoperiodista María Clauss, de 53 años, y el periodista Óscar Toro, 56 años. “La pérdida nos deja muy tocados”, se lamenta con este diario su compañero de profesión José Ángel González. Y también a un histórico preparador de oposición a funcionarios de prisiones en la ciudad, Ricardo Chamorro Cáliz cuyo fallecimiento confirmaron este lunes desde el sindicato ACAIP y después corroboraron allegados de la familia.

La dimensión del golpe se entiende cuando se habla de la presencia que ambos tenían en la vida pública onubense. Clauss y Toro, cuentan quienes los conocieron, habían logrado que su trabajo trascendiera el circuito profesional y se mezclara con causas compartidas por mucha gente. En la ciudad se repetía una idea: eran referentes, pero también eran cercanos. Por eso el dolor no se quedó solo en las redacciones.
Clauss, recuerdan, fue construyendo una trayectoria que marcó época en los medios locales, antes de dar el salto a la fotografía profesional con sello propio. “Fue una pionera”, recuerda González. En esa nueva etapa, su mirada se orientó hacia lo social y hacia proyectos donde el oficio se convertía en forma de compromiso. Ese estilo, dicen, acabó siendo reconocible para cualquiera que siguiera su trabajo.
Una obra ligada a lo colectivo.
El Centro Andaluz de Fotografía ha recordado en su cuenta de Facebook cómo Clauss “brillaba tanto como autora ―por trabajos como Mi abuelo el espía?― así como por su implicación en el colectivo WE ARE PHOTO desde el que organizaba el festival Festcomarcas en Huelva. La creadora acababa de entregar al CAF su último trabajo, Misión Andalucía, la misión fotográfica sobre el paisaje andaluz, donde pudo desarrollar su pasión por el medioambiente, donde también se convirtió en un referente como fotógrafa.
Nuestro cariño y solidaridad con las familia de los periodistas Maria Claus y Oscar Toro, y el resto de las víctimas. El periodista Óscar Toro y su mujer, María Clauss, fotoperiodista, entre los fallecidos tras el descarrilamiento del Alvia https://t.co/Bz21WWv0VS
— Sindicato de Periodistas de Andalucía (SPA) (@SPA_Periodistas) January 19, 2026
A ese perfil se sumó el reconocimiento de entidades del sector y compañeros que la vieron crecer profesionalmente. “Estaba muy comprometida con la sociedad y esa parte humana la desarrollaba en sus trabajos”, incide González, aludiendo a una forma de ejercer el oficio que no se quedaba en lo estético. La Asociación de la Prensa de Huelva y el Colegio de Periodistas de Andalucía reforzaron esa idea en un comunicado conjunto: “Siempre vinculados y comprometidos con las causas solidarias y de cooperación internacional, así como en todo tipo de proyectos relacionados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y formación relacionada con el gremio periodístico”. El mensaje, en Huelva, se interpretó como una síntesis de lo que ambos representaban.
Ese mismo hilo une la trayectoria de Óscar Toro, cuya carrera se repartió entre distintos medios y proyectos centrados en comunicación y convivencia. González insiste en que el compromiso era compartido en la pareja y que se notaba en cada iniciativa que impulsaban. “Desde la Asociación Invisible, creada en 2016 con la finalidad de utilizar la comunicación y la información como vehículo para la transformación social, que presidía Toro, hacían una labor muy importante, ofreciendo espacios de aprendizaje compartido para crear unos hubs de comunicación social”, recuerda la APH y el Colegio de Periodistas. En el entorno local lo definen con una frase que se repite estos días: “Era muy querido por su implicación social”.
Búsquedas, ausencias y una ciudad pendiente.
La tragedia también golpeó al mundo de las oposiciones que, ese mismo día, se movía entre Madrid y Andalucía con decenas de aspirantes. Entre los viajeros de ese Alvia iban muchos opositores a Ayudantes de Instituciones Penitenciarias que justo se habían examinado esa misma mañana en Madrid. Ricardo Chamorro Cáliz, de 57 años, que regentaba una academia preparatoria en Huelva, y Andrés Gallardo Vaz, otro preparador del municipio onubense de Lepe, acompañaban a sus estudiantes. Chamorro es también uno los fallecidos en el siniestro, y Gallardo sigue desaparecido, según ha confirmado la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (Acaip) y los familiares.
En su entorno explican que el papel de estos preparadores iba mucho más allá de impartir temario: viajaban con los alumnos para sostener los nervios en un día decisivo. “Llevaban muchos años preparando oposiciones y viajaban con los alumnos para transmitirles tranquilidad y confianza”, comentaban sus compañeros. “La mujer de uno de ellos trabaja también en prisiones por eso en el centro están muy afectados todos”, explicaba. “Unos por ser compañeros y otros porque han sido sus preparadores en años anteriores, el shock ha sido fuerte», añadía.
En paralelo, las horas se llenaron de gestos urgentes: compartir imágenes, revisar listados, recorrer centros sanitarios, cruzar llamadas. La familia y los allegados difundieron fotos desde la tarde del domingo con la esperanza de encontrar una pista, mientras los desplazamientos a Córdoba se sucedían con la misma pregunta en la cabeza. “Lo buscó por todos los hospitales de la ciudad, pero no estaba en ninguno”, explicaba a primera hora de la mañana Rocío Lazarev, amiga de la familia. Desde las academias, el relato era desolador y desigual: “Algunos lo perdieron, otros llegaron a casa y alguno está herido muy grave”, puntualiza Raquel López, antes de resumir el estado de ánimo general con una frase cruda: “Esto es un mazado, estamos desesperados”.
En las últimas horas, el impacto también se ha medido en el ruido digital: mensajes de condolencia, peticiones de información y cadenas de apoyo que se multiplican a cada minuto. Huelva, y muchas personas fuera de la provincia, han convertido sus perfiles en un tablón común para acompañar a las familias. Entre publicaciones y capturas compartidas, se repite la necesidad de certezas. Y las redes sociales se han llenado de comentarios sobre el suceso.