Un arma robada de una taquilla para ejecutar un crimen planificado

La investigación sobre el asesinato de la guardia civil Laura Cruz, de 50 años, en el cuartel de Llanes sigue desvelando nuevos detalles sobre cómo actuó el autor del crimen. Según las pesquisas, Dámaso F. S. utilizó una pistola que había sustraído previamente de la taquilla de un compañero en la Comandancia de Zamora, ya que él tenía prohibido portar armas debido a la situación judicial y disciplinaria que atravesaba. Para hacerse con el arma, el agente reventó la cerradura de la taquilla antes de emprender el viaje hacia Asturias con el objetivo de acabar con la vida de su exmujer. El propietario de la pistola ya ha sido llamado a declarar y podría enfrentarse a una sanción administrativa por la forma en la que mantenía custodiada su arma reglamentaria.
Entró en el cuartel aprovechando la apertura del garaje
La reconstrucción de los hechos indica que el agresor consiguió acceder al acuartelamiento de Llanes aprovechando un momento de descuido. Un testigo relató que lo vio entrar corriendo por el garaje justo cuando la puerta se abrió tras la salida de un vehículo. Una vez dentro del recinto, localizó a Laura Cruz y abrió fuego contra ella. La agente recibió dos disparos, uno en el pecho y otro en la cabeza, heridas que resultaron mortales. El ataque desencadenó una situación de máxima tensión dentro del cuartel, donde varios agentes intentaron reaccionar de inmediato para detener al atacante.
Un teniente resultó gravemente herido durante la huida
Tras disparar contra su exmujer, Dámaso F. S. trató de abandonar el lugar, pero durante la huida abrió fuego contra un teniente destinado en Ribadesella que intentaba interceptarlo. El mando recibió un disparo en la parte superior del gemelo y el proyectil llegó a seccionarle una arteria, provocándole una importante pérdida de sangre. Fue evacuado de urgencia al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), donde fue intervenido quirúrgicamente. Su rápida atención médica resultó determinante para estabilizar su estado.
El enfrentamiento final con un sargento del cuartel
El recorrido del atacante terminó nuevamente en la zona del garaje del acuartelamiento, donde se produjo un intercambio de disparos con el sargento responsable del puesto de Llanes. Durante el tiroteo recibió cuatro impactos en el pecho que le causaron heridas mortales. De este modo concluyó un ataque que dejó una víctima mortal, un mando gravemente herido y una profunda conmoción dentro de la Guardia Civil.
Una década de procesos judiciales y un expediente disciplinario
Dámaso F. S. llevaba años inmerso en un complejo proceso judicial. Había llegado destinado a Zamora ocho años antes procedente de Gerona, donde había sido trasladado para cumplir las medidas de alejamiento derivadas de la denuncia por violencia de género presentada por Laura Cruz. Tras una larga batalla judicial de aproximadamente diez años, fue condenado de manera firme por un delito penal grave. Esa resolución activó el correspondiente expediente disciplinario dentro de la Guardia Civil, aunque todavía no había sido expulsado oficialmente del Cuerpo.
Fuentes consultadas indican que hacía poco tiempo se le había comunicado la decisión de apartarlo del servicio, aunque el procedimiento administrativo aún debía superar diferentes fases antes de hacerse efectivo. La propuesta de expulsión debía recibir el visto bueno de la Asesoría Jurídica de la Guardia Civil, pasar posteriormente por el Consejo Superior del Instituto Armado y, finalmente, ser resuelta por la autoridad competente. Todo ese proceso podía prolongarse durante varios meses.
La pérdida del contacto con sus hijos marcó sus últimos años
Entre las circunstancias personales que más afectaban al agente figuraba la imposibilidad de mantener relación con sus hijos. Llevaba siete años sin poder disfrutar de la compañía de su hijo mayor y de las dos hijas gemelas nacidas de su matrimonio con Laura Cruz, una situación derivada de resoluciones judiciales que, según personas de su entorno, afrontaba con enorme frustración. «Le amargaba no poder estar con ellos, se le veía afectado, aunque no hablaba mucho de este asunto», recuerdan quienes coincidieron con él. Algunos compañeros consideran que el conocimiento de la última sentencia fue un punto de inflexión antes del crimen, aunque esas apreciaciones no forman parte de las conclusiones oficiales de la investigación.
Un especialista en perros antidroga muy valorado profesionalmente
Antes de los hechos, Dámaso F. S. desarrollaba su labor en el Grupo Cinológico de la Comandancia de Zamora. Se había especializado en el adiestramiento de perros para la detección de sustancias estupefacientes y numerosos compañeros reconocían su capacidad dentro de esa unidad. De hecho, algunos lo definían como «uno de los mejores» en su especialidad, destacando su implicación en operaciones contra el tráfico de drogas desarrolladas en la provincia junto a su perro «Darko».
Quienes trabajaron con él coinciden en que era una persona reservada y muy centrada en sus funciones. «Entrenaba a los perros y cumplía al cien por cien con su trabajo», explican algunos conocidos, que insisten en que esas valoraciones sobre su desempeño profesional no pretenden en ningún caso justificar el asesinato cometido. Tras establecerse en Zamora junto a su nueva pareja, continuó desempeñando sus funciones hasta que la condena adquirió firmeza.
Un crimen que ha sacudido a la Guardia Civil
Semanas después de ser visto por última vez por varios compañeros durante la retransmisión de la final del Mundial en la Plaza Mayor de Zamora, Dámaso F. S. robó el arma reglamentaria de otro agente, viajó hasta Llanes y ejecutó el ataque contra su exmujer. El caso ha generado una fuerte conmoción dentro de la Guardia Civil y ha abierto interrogantes sobre los protocolos de custodia de armas y las medidas de control aplicadas a agentes sometidos a procedimientos disciplinarios y condenas firmes por violencia de género.