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«En picado…»: Miguel Bosé se moja sobre si en los 70 y los 80 había más libertad que ahora

Miguel Bosé: luces, sombras y una voz que nunca deja indiferente.

Miguel Bosé no necesita presentación, pero sí contexto. Icono de la música en español durante más de cuatro décadas, su figura ha oscilado entre la admiración artística y la polémica pública. En los últimos años, sus posturas frente a temas sociales y políticos lo han colocado en el ojo del huracán mediático. Para muchos, sigue siendo un genio provocador; para otros, un personaje difícil de encajar en la actualidad. Pese a todo, su regreso a la escena musical vuelve a ponerlo en el centro del debate.

Ahora, el artista ha reaparecido en el plató de El Hormiguero con una sonrisa, dispuesto a mostrarse más humano y menos polémico. Tras ocho años alejado de los escenarios, Bosé vuelve con fuerza, dejando atrás un periodo largo y silencioso marcado por dolencias físicas. Durante ese tiempo, su salud vocal se vio gravemente afectada, al igual que su espalda, llevándolo a un retiro forzado. Su presencia en televisión marca un nuevo capítulo en su vida, donde el protagonista ya no es el dolor, sino la superación. Esta aparición no solo es promocional: es casi terapéutica.

La gira con la que regresa se titula Importante Tour, un nombre con un fuerte simbolismo personal. «Lo más importante» para él era regresar a su verdadera casa: el escenario. Durante la entrevista, relató cómo superó su delicada situación vocal gracias a un tratamiento con células madre en Lyon. El proceso fue tan exigente que le obligó a estar mes y medio sin poder hablar. Bosé asegura que esa pausa en el habla fue crucial para reconstruirse por dentro y por fuera.

Volver a empezar. Aunque cueste.

«Tenía que quitarme mucha tontería de encima y crecer mucho. Culpé a Bosé. Tú que me has dado tanto me has complicado mucho la vida», confesó el artista, en una reflexión sincera y casi poética sobre su lucha interna. Durante esos años de silencio, no solo sanó físicamente, también revisó su identidad y su trayectoria. Esa dualidad entre el personaje y la persona lo enfrentó a decisiones duras. Ahora, dice haber hecho las paces con ambos. Su retorno no es solo físico: es emocional y artístico.

Explicó que ciertos sonidos como la «tr» o la «dr» le resultan especialmente difíciles de pronunciar: «Son músculos que se atrofian». Aprender a hablar de nuevo fue, paradójicamente, más difícil que volver a cantar. «Cuesta más aprender a hablar que volver a cantar, que es menos complicado que hablar», aseguró. La música, curiosamente, fue su tabla de salvación en medio del naufragio. Mientras su voz hablada titubeaba, la cantada seguía siendo su refugio más sólido.

«El ego lo pulvericé. Me quité todo el dolor, el sufrimiento que había acumulado durante tantos años», señaló el cantante, dando muestra de un proceso de autodescubrimiento intenso. «El dolor no enseña nada», añadió, desafiando una de las creencias más arraigadas en el mundo del arte. Para él, el sufrimiento nunca fue motor creativo, sino un lastre. Lo que sí le ha servido es la voluntad de renacer, de reconstruirse con honestidad. Su mensaje ahora va más allá de la música.

Entre México y la rabia.

A lo largo de estos años de retiro forzado, Bosé confiesa que mantuvo la esperanza intacta: «Siempre supe que en algún lugar estaba la solución». Mientras tanto, vivió esos días complicados «mudo, gordo y cumpliendo años», como él mismo define con ironía. En vez de dejarse vencer, se mantuvo firme, aunque con rabia acumulada. «No tengo tendencia a la depresión, tengo tendencia a encabronarme y cuando me encabrono, me encabrono», afirmó. Esa energía, dice, fue su forma de resistir.

En la entrevista, también habló de su vida en México, país que considera su refugio desde hace muchos años. Allí ha encontrado la paz que tanto buscaba, gracias a la calidez de su gente, sus paisajes y un estilo de vida más conectado con lo esencial. La distancia con España le ha dado perspectiva, tanto personal como política. México le ofrece anonimato y libertad, algo que asegura haber perdido en Europa. Para Bosé, vivir allí es una forma de mantenerse a salvo.

Cuando Pablo Motos le preguntó por Europa, Bosé no dudó en mostrar su visión crítica, directa y sin matices. Para él, el viejo continente es «el último bastión globalista». Considera que Europa ha perdido el rumbo, atrapada en un exceso de regulación. «Europa ha caído en el wokismo más absoluto», lamentó. En su opinión, mientras otras naciones avanzan, el continente se estanca. Su diagnóstico es duro, pero coherente con su estilo provocador.

Políticamente incorrecto. Siempre.

«Las libertades que teníamos en los 70, 80 se han perdido. Ya no las hay. La base de una democracia es la libre expresión, que es la base de la libertad», afirmó con contundencia. Sus palabras levantan ampollas, pero él no se esconde. Reivindica su derecho a decir lo que piensa sin temor a las consecuencias. Su discurso, como siempre, divide, pero también genera conversación. Y eso, para él, ya es un triunfo.

Pablo Motos añadió que «el precio por decir lo que uno piensa es muy alto», a lo que Bosé respondió sin dudar: «Menos en El Hormiguero». La complicidad entre ambos fue evidente durante toda la charla. «No sé por qué a la gente le extraña que diga lo que digo si he sido toda la vida políticamente incorrecto. No hay ninguna novedad», remató. Esa coherencia, polémica o no, es uno de los sellos más reconocibles del cantante.

A sus 69 años, Miguel Bosé se muestra renovado, dispuesto a seguir incomodando, cantando y opinando. Porque para él, volver no solo es importante: es esencial. Y aunque muchos prefieran recordarlo en sus años de gloria, él sigue eligiendo el presente. Su regreso no es un acto de nostalgia, sino una reafirmación de identidad. Bosé ha vuelto, y como siempre, no ha pasado desapercibido.