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El multazo histórico a Telecinco y a Kiko Hernández que podría dejarle en la ruina

Un rostro conocido de la televisión.

Kiko Hernández es uno de esos nombres que forman parte del imaginario popular de la televisión española desde hace más de dos décadas. Su trayectoria comenzó en espacios de entretenimiento donde la exposición personal era parte del formato y la opinión, la moneda de cambio. Con el paso de los años, se consolidó como colaborador habitual en debates de actualidad del corazón. Su estilo directo y sin filtros le convirtió en una figura reconocible incluso para quienes no seguían a diario estos programas.

Antes de alcanzar esa notoriedad, Hernández pasó por distintos formatos televisivos que marcaron su carácter mediático. Supo adaptarse a una televisión cada vez más acelerada, donde la inmediatez y el comentario constante eran clave. Esa capacidad de mantenerse en pantalla le permitió construir una carrera estable en un entorno muy competitivo. Al mismo tiempo, su presencia generó adhesiones y rechazos a partes iguales.

Durante años fue una de las voces habituales de Sálvame, espacio emitido en Telecinco y producido por Mediaset. Allí participaba en tertulias donde se analizaban vidas ajenas con un tono desenfadado y constante. Ese rol le dio una gran visibilidad y también una responsabilidad pública evidente. Con el tiempo, su figura quedó asociada de forma inseparable a ese tipo de contenidos.

Del plató al juzgado.

El perfil público de Hernández se vio alterado cuando su nombre apareció vinculado a una resolución judicial de gran impacto. Un tribunal confirmó que tanto la cadena como el colaborador debían indemnizar a Julia Janeiro con 220.000 euros por vulnerar derechos fundamentales. La decisión hacía referencia a contenidos emitidos durante varias semanas de 2021. Se trataba de intervenciones que, según los magistrados, cruzaron límites claros.

En el proceso también declaró María José Campanario, madre de la joven, quien describió la situación vivida por su hija con palabras muy concretas: “inquietud, impotencia, zozobra y angustia”. Su testimonio sirvió para contextualizar el impacto real de aquella exposición continuada. El caso fue impulsado por Averum Abogados, con Mario Bonacho al frente, un despacho con experiencia en litigios similares contra medios de comunicación.

La sentencia, dictada por la Audiencia Provincial de Cádiz, subrayó que la fama de los padres, Jesulín de Ubrique y Campanario, no justificaba ese tratamiento informativo. Incluso se recordaba que otros programas, como Socialité, habían contribuido a amplificar la situación. Los jueces fueron claros al afirmar que no se acreditó la veracidad de muchas de las afirmaciones difundidas. Además, ordenaron la retirada de los contenidos.

Los límites de la fama heredada.

Uno de los argumentos clave del fallo quedó resumido en una idea muy concreta expresada por el abogado: “Una frase muy paradigmática de este juicio fue que ser un personaje público no se hereda, no puede ser considerada un personaje público porque sus padres lo fueran”. Esa reflexión desmontó buena parte de la defensa planteada. También se rechazó que la actividad de la joven en redes sociales justificara el interés mediático. La resolución insistió en que su perfil digital no abría la puerta a interpretaciones sobre su vida privada.

La cadena intentó apoyarse en el número de seguidores de la joven y en antecedentes familiares para reducir la indemnización. Sin embargo, el tribunal fue tajante al respecto y mantuvo las cantidades fijadas inicialmente. Mediaset aceptó el fallo, mientras que Hernández anunció su intención de acudir al Tribunal Supremo. El proceso, por tanto, todavía tiene recorrido legal.

Este episodio ha supuesto un punto de inflexión en la percepción pública del colaborador. Para algunos, se trata de una consecuencia lógica de una forma de hacer televisión muy concreta. Para otros, el fallo abre un debate más amplio sobre los márgenes del entretenimiento y la información. Lo cierto es que el caso ha trascendido el ámbito judicial y se ha instalado en la conversación social.

Reacciones y debate abierto.

En los días posteriores a conocerse la resolución, las plataformas digitales se llenaron de mensajes. Los seguidores de Hernández se dividieron entre quienes le apoyan y quienes cuestionan su papel en los hechos. Hay comentarios que defienden su trayectoria televisiva y otros que reclaman cambios profundos en este tipo de formatos. Esa división de opiniones refleja hasta qué punto el caso ha calado entre la audiencia y ha reavivado el debate sobre los límites de la exposición mediática.