El mensaje que casi todos enviamos… y que rara vez ayuda de verdad

Cuando un amigo está pasando por uno de los peores momentos de su vida (perder el trabajo, la muerte de un familiar…)

«Te voy a llamar todos los días. No tienes que contestar si no te ves con fuerzas. Solo quiero que sepas que estoy aquí.»

Y luego cúmplelo.

Llámale de verdad.

Aunque no responda.

Aunque rechace la llamada.

Aunque solo vea tu nombre aparecer en la pantalla.

Porque cuando alguien está roto por dentro, muchas veces no tiene fuerzas ni para pedir ayuda.

No sabe qué necesita.

Y, aunque lo supiera, le cuesta pedirlo.

En esos momentos, el mayor apoyo no es ofrecer ayuda.

Es estar presente sin esperar que la otra persona tenga que dar el primer paso.

A veces, una llamada que nunca llega a contestarse puede hacer sentir a alguien mucho menos solo.

Salir de la versión móvil