
La noche del martes en ‘First Dates’ trajo consigo una cita llena de diferencias y momentos inesperados. Marina, una comercial valenciana de 35 años, fue una de las primeras en llegar al restaurante del amor. Desde el primer momento, dejó claro qué buscaba en una pareja: »Una relación sana y normal con mayúscula, pero hoy en día lo normal está bastante escaso». Se definía como una persona aventurera y apasionada del deporte al aire libre. »Hago de todo, escalada, barranquismo, me encanta hacer mucho deporte al aire libre», explicaba con entusiasmo.
Sin embargo, en el amor no había tenido demasiada suerte. »La mitad de la gente que hay en las aplicaciones de ligar es gente que solo busca lo que busca. A mí no me gustan y por eso he venido a ‘First Dates»’, confesaba. Marina esperaba encontrar a alguien con quien compartir sus aficiones, y su cita de la noche era Michele, un jefe de cocina italiano de 41 años que también vivía en Valencia.

Desde el primer instante, la atracción entre ambos no fue mutua. Michele quedó completamente impactado. »La vi como una diosa perfecta, lo que estaba buscando», aseguraba. Sin embargo, Marina no compartía el mismo entusiasmo. »Que sea italiano no me gusta mucho porque he vivido historias en mi pasado con gente italiana que son mucho de regalarte los oídos», expresaba con escepticismo.
El encuentro avanzó con una inesperada coincidencia: ambos deseaban tener una hija. »Cuando quieras empezamos», bromeó Michele, desatando la risa de Marina. »Tú no pierdes el tiempo», le respondió ella entre carcajadas. Pero, a medida que la conversación se profundizaba, la valenciana comenzó a dudar de la sinceridad de su acompañante. »Tiene ciertos puntos en los que no me llego a fiar. No me parece del todo sincero», admitía.

En un giro sorprendente, Michele se definió como »una máquina sexual» y aseguró que podía tener relaciones »ocho veces en una noche». Esta confesión dejó perpleja a Marina, pero no fue lo único. También reveló su afición por los locales de intercambio de parejas, algo que la joven descartó de inmediato. »Ese tipo de ambientes no me gustan nada. Nunca iría, está fuera de mi ámbito», sentenció con firmeza.
Con tantas diferencias entre ellos, la decisión final parecía evidente. Michele se mostró abierto a una segunda cita, pero Marina, convencida de que no era el hombre que buscaba, rechazó la propuesta. No obstante, el italiano no perdió la oportunidad de sorprenderla una última vez: »Como contigo no pudo ser, me puedes presentar a tus amigas», bromeó, arrancando una última carcajada a la valenciana.