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El héroe de Adamuz. El cuponero de que rescató con su quad a una decena de pasajeros de entre los hierros

Cuando el país se detiene.

Hay noticias que no se quedan en el titular: entran en casa, se cuelan en la conversación y cambian el tono de un día entero. No importa si ocurren lejos o cerca, porque activan algo común: la sensación de fragilidad y la necesidad de entender qué ha pasado. En esos momentos, la sociedad se mira a sí misma buscando respuestas y también consuelo.

En emergencias así, el impacto no se mide solo en lo inmediato, sino en la onda larga que dejan. Familias pendientes del teléfono, ciudades que contienen el aliento, y una cadena de personas intentando ayudar sin saber muy bien cómo. También aparece otra realidad: la de quienes, sin uniforme ni protocolo, reaccionan por pura humanidad.

Es entonces cuando la vida cotidiana se parte en dos: antes y después de un aviso urgente. Cada detalle cuenta y cada minuto parece ir más lento, mientras se organiza la asistencia y se intenta localizar a quienes viajaban o estaban cerca. Y, en paralelo, surgen historias pequeñas que acaban representando a una comunidad entera.

Una tarde normal que cambió de golpe.

Ese corte repentino se vivió este domingo en la provincia de Córdoba, con un accidente ferroviario que obligó a desplegar un dispositivo de emergencia en las inmediaciones de Adamuz. El suceso afectó a un tren de Iryo que cubría el trayecto Málaga-Puerta de Atocha y a otro convoy que circulaba por una vía contigua. Con el paso de las horas, la prioridad se concentró en atender a los heridos y en acompañar a quienes buscaban noticias de sus familiares.

Según el relato del periodista de Radio Nacional de España (RNE) Salvador Jiménez, que se encontraba a bordo, los dos últimos vagones fueron los que descarrilaron. El último de ellos quedó volcado sobre uno de sus lados, mientras el tren invadía la vía contigua por la que pasaba el LD AV 2384 Puerta de Atocha-Huelva, que también descarriló. Jiménez detalló que el Iryo 6189 salió de Málaga a las 18.40 horas y que a las 19.45 se sintió como «un terremoto» en todos los coches.

A partir de ahí, la escena se convirtió en una sucesión de acciones rápidas y decisiones improvisadas. El periodista explicó cómo «inmediatamente» la tripulación pidió por megafonía si había personal sanitario entre los viajeros para asistir en los dos últimos vagones, con cristales rotos y uno de ellos volcado. Los pasajeros fueron saliendo hacia el apeadero, mientras miembros del equipo usaban martillos para abrir paso por las ventanas y facilitar la salida.

El rescate espontáneo en Adamuz.

Mientras los servicios de emergencia avanzaban, la noticia corrió por el pueblo y movilizó a vecinos que entendieron que no había tiempo para dudas. Uno de los primeros en llegar fue Gonzalo Sánchez, vendedor de cupones en Adamuz, que se enteró por los grupos de WhatsApp y salió hacia el apeadero. Tardó unos diez minutos desde el casco urbano, pero lo que encontró al llegar, cuenta, «es mejor ni imaginarlo».

Gonzalo describe hierros retorcidos y vagones desplazados tras el impacto, en una zona con desnivel que complicaba la intervención. Aun así, se acercó a los coches afectados y ayudó a sacar a varios pasajeros que estaban prácticamente ilesos, trasladándolos en su coche hasta Adamuz para que recibieran asistencia. En el pueblo, mientras tanto, se reunían familiares y se improvisaban puntos de información para tratar de localizar a los que aún no habían sido encontrados.

El cuponero recuerda el primer intercambio con quienes ya estaban trabajando en el lugar. «Cuando llegué solo había guardias civiles y sanitarios y me preguntaron que adónde iba», explica. «Yo les respondí que iba a echar una mano», añade, y le dejaron pasar.

Un quad, mantas y una comunidad despierta.

Después de ese primer traslado, Gonzalo volvió con su quad para entrar por caminos más difíciles hasta una zona, según relata, «muy complicada», de acceso limitado y ubicada «en mitad de la sierra». Con ese vehículo no solo movió a más pasajeros hacia un punto seguro, sino que también ayudó a desplazar a sanitarios con su material hasta el lugar donde se estaba atendiendo a los heridos. Salió de casa alrededor de las 20:30 y, pasada la medianoche, asegura haber perdido la noción del tiempo, dispuesto a volver a salir si hacía falta.

“No había salvado a nadie”, admite, pero en medio de una emergencia así, dice, «sale de pronto». Su caso es solo un ejemplo de la respuesta vecinal: personas ofreciendo mantas para combatir el frío, acercando agua, prestando coches y cediendo espacios para que los afectados pudieran esperar acompañados. Algunos, incluso, abrieron la puerta de casa para dar cobijo a viajeros que no podían continuar el trayecto de inmediato.

Gonzalo cuenta que acogió a Hugo, un onubense que viajaba en Alvia desde Madrid a Huelva, hasta que sus familiares llegaron a Adamuz para recogerle. Y, a medida que la información se difundía, la historia del accidente y la intervención del cuponero se expandieron más allá del municipio. En redes sociales, la noticia ha generado una oleada de mensajes: condolencias, preguntas, agradecimientos y debates sobre lo ocurrido, junto a numerosos comentarios sobre la hazaña de Gonzalo y la respuesta solidaria del pueblo.