Situación inesperada en directo en ‘El Hormiguero’.
Desde su infancia en el barrio sevillano del Tardón, Jorge y César Cadaval crecieron en una familia numerosa y trabajadora. Con otros cuatro hermanos, Diego, Carlos, Maite y Juan, su vida familiar estaba marcada por la pasión por el arte que sus padres les transmitieron desde pequeños. Su padre fue mánager de Antonio Machín, mientras que su madre trabajaba en el teatro del Raval en Barcelona. Este entorno artístico sembró en ellos la semilla que más tarde florecería en sus exitosas carreras. Sin embargo, fue César quien primero dio el paso hacia los escenarios.

El debut de César ocurrió de manera espontánea, cuando junto a un amigo del instituto, organizaron un espectáculo en el que aparecían «caracterizados de moros». Este fue el origen de su nombre artístico. Mientras tanto, Jorge, sintiendo la inevitable envidia de ver a su hermano triunfar, decidió unirse a él. Juntos comenzaron a actuar en pequeños eventos locales, soñando con que algún día podrían vivir de sus actuaciones. No obstante, su gran oportunidad llegaría de la mano de un nombre legendario de la televisión española.
Una noche especial, en uno de esos eventos en los que solían presentarse, Chicho Ibáñez Serrador, reconocido director y productor, se encontraba entre el público. Fue él quien les ofreció la posibilidad de aparecer en su famoso programa ‘Un, dos, tres…’. Así, el 17 de abril de 1984, Los Morancos hicieron su primera aparición televisiva. Aunque su fama comenzó a consolidarse poco después, en 1985, con el programa ‘¡Viva 85!’, donde su parodia de flamenco en inglés capturó la atención de la audiencia, marcando un antes y un después en su trayectoria.
Más allá de los escenarios, la unión inquebrantable de los hermanos.
Con más de cuarenta años en los escenarios, Los Morancos han demostrado una longevidad poco común en el mundo del espectáculo. Según ellos mismos, la clave de su éxito reside en la risa compartida. «Nos vamos a jubilar juntos en un geriátrico», afirmaba César en una entrevista, donde también admitía que, aunque tienen sus diferencias, estas nunca duran más de cinco minutos. «Nuestros padres nos inculcaron la unión familiar», añadía, reconociendo que esta fuerte conexión ha sido fundamental para superar los altibajos de una carrera tan extensa.
No obstante, no todo ha sido risas y aplausos en la vida de los hermanos. En 2011, Diego, su hermano y representante, falleció a causa de un cáncer. «Cuando lo de Diego, trabajamos hasta el día siguiente», relataban en una entrevista. A pesar del dolor, su padre les enseñó que «las penas no hay que trabajarlas». Seis años más tarde, Carlos, otro de sus hermanos, murió tras sufrir un infarto, un golpe que afectó profundamente a la familia, pero que reforzó su lazo. Jorge, en un gesto de amor fraternal, asumió el cuidado de la hija de Carlos, Andrea, como si fuera su propia hija.
A pesar de las tragedias familiares, Los Morancos han mantenido su energía en los escenarios, siempre respaldados por sus respectivas parejas. Jorge ha compartido su vida con Ken Appledorn durante más de 15 años, mientras que César está casado con Patricia Rodríguez, con quien ha formado una familia de cuatro hijos: Alfonso, César, Patricia y Marta.
Nuevos retos televisivos y momentos inesperados en directo.
A pesar de llevar décadas dedicados al espectáculo, Los Morancos no han perdido su capacidad de sorprender. Recientemente, han estrenado un nuevo programa en TVE, ‘La Ruta Morancos’, en el que recorren diversas localidades españolas mientras descubren personajes pintorescos y se sumergen en oficios tradicionales. Este nuevo formato ha tenido un buen recibimiento, alcanzando un 7,1% de cuota de pantalla en su debut, consolidando una vez más el cariño del público hacia los hermanos.
En su última aparición en ‘El Hormiguero’, donde acudieron para promocionar su espectáculo teatral ‘Bis a bis’, los hermanos protagonizaron un momento que dejó sin aliento a la audiencia. Durante la emisión, un comentario de César hizo que Jorge mostrara una aparente incomodidad. «A mí no me ha sentado bien», afirmó Jorge, provocando el desconcierto de todos los presentes, incluido el propio Pablo Motos, que intentó calmarlo sin éxito. Las tensiones parecían reales hasta que, de repente, Jorge rompió a reír, desvelando que todo había sido una broma orquestada.
El presentador, visiblemente aliviado, confesó que durante unos instantes había creído que la situación era auténtica. «Casi me da un infarto», admitió. Este tipo de humor, siempre fresco y a veces imprevisible, es lo que ha mantenido a Los Morancos en el corazón del público durante tantos años. Con una carrera tan sólida y una química inquebrantable, es fácil entender por qué siguen siendo uno de los dúos cómicos más queridos de España.