Un conflicto familiar que vuelve al foco.
A las puertas de que se cumplan seis años desde la emisión del documental ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’, el apellido Carrasco-Flores vuelve a colocarse en el centro del debate. Esta vez, el asunto no gira tanto en torno a una entrevista o un titular puntual, sino a una decisión judicial que ha reactivado viejas heridas. En el origen está la tensión entre madre e hija y el modo en que una historia íntima acabó convertida en fenómeno televisivo. Y, como suele ocurrir, el eco mediático ha terminado por multiplicar lecturas y bandos.

Rocío Carrasco es un rostro conocido desde hace décadas en la crónica social española, ligada a una saga familiar muy seguida por el público. Su vida ha estado marcada por la exposición, los relatos cruzados y un interés constante por cualquier giro en su historia personal. Con el citado documental, Carrasco llevó al gran público un testimonio que ella consideró necesario para explicar su trayectoria vital. En ese relato, el contexto familiar y las relaciones más cercanas quedaron inevitablemente dentro del foco.
Rocío Flores, por su parte, es la hija de Rocío Carrasco y Antonio David Flores, y también ha crecido bajo el seguimiento mediático. Aunque durante años intentó mantener un perfil más reservado, su presencia pública se consolidó con el tiempo, especialmente en televisión. La emisión del documental supuso para ella un punto de inflexión, al sentirse señalada por el contenido y el tipo de materiales mostrados. Desde entonces, su posición ha estado asociada a la defensa de su intimidad y a una batalla legal que ha ido marcando etapas.
De la televisión al juzgado.
Según el relato que sostiene Flores, el problema no fue únicamente aparecer mencionada, sino la manera en que se expusieron datos y documentación vinculados a su esfera privada. Ese enfoque desembocó en acciones judiciales contra los productores Óscar Cornejo y Adrián Madrid por revelación de secretos, un proceso que ha terminado con una condena. Aun así, no se trata de una resolución definitiva, ya que la otra parte contempla recurrir a una instancia superior. Con ese matiz sobre la mesa, la controversia no se apaga: cambia de fase.
En ese contexto, Rocío Flores ha expresado públicamente que vive este momento como una victoria personal, después de años de discreción y trabajo con su equipo legal. Su reaparición en plató ha sido medida y cargada de intención, poniendo el foco en el impacto que dice haber sufrido fuera de cámara. Al entrar en ‘De viernes’, transmitió firmeza y seguridad, como si acudiera a cerrar un capítulo que se le ha hecho interminable. Y dejó una frase que resume su señalamiento directo de responsables: “me han destrozado la vida Óscar Cornejo, Adrián Madrid y mi madre forma parte primordial de ese documental, claro que sí”.
Esa misma intervención abrió una pregunta inevitable: si, más allá de los productores, la disputa podría ampliarse. Cuando le plantean de forma directa si piensa actuar también contra su madre, Flores no ofrece una respuesta cerrada, pero sí describe el desgaste que le supuso llegar a determinados extremos. “El proceso de llegar a eso yo ya lo pasé en su momento. El haber tomado esa decisión yo ya lo pasé y a día de hoy sigo arrastrando todas las consecuencias que me generó haber tomado esa decisión”, afirma, dejando entrever que el dilema sigue vivo. También explica que ya tomó decisiones legales en el pasado, aunque ahora evalúa el escenario con cautela y guiada por el criterio profesional: “en su momento decidí poner la denuncia, tanto a Adrián como a Óscar, pero también es verdad que después de todo esto han pasado una serie de cosas que no puedo contar, es que no lo puedo revelar, que sí que me hace sentarme y tener que mirar las opciones que tengo y haré lo que me aconsejen los abogados y lo que tenga que hacer”.
Un nuevo capítulo, más preguntas.
En su discurso, Flores insiste en que maneja información reciente que, según dice, le afecta “directamente” y le habría causado perjuicio en un ámbito que no tiene que ver con lo televisivo. Es ahí donde introduce una frontera clara: lo que considera materia de juzgado, no de plató. Su forma de contarlo mezcla determinación y prudencia, como si midiera cada palabra para no comprometer un paso futuro. En ese punto, remarca que su prioridad es respetar los cauces legales y no adelantarse.
Rocío Flores llega al plató para enfrentarse por primera vez a las preguntas sobre el documental de su madre.
#DeViernes
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Con esa idea vuelve a insistir, apelando a lo que describe como gravedad del asunto y a su intención de no salirse del procedimiento. “Son cosas que han pasado por la vía legal. Pero no puedo entrar ahí. Os juro de verdad que me ha costado tanto llegar hasta donde estoy ahora mismo, que la justicia me ha dado la razón. He confiado tantísimo en la justicia que no me voy a saltar absolutamente nada. Mi prioridad siempre ha sido llevarlo todo por ahí y os estoy contestando que han pasado una serie de cosas que no voy a contar. Considero que lo que ha pasado es tan grave, que no lo tengo que hablar aquí, sino en un juzgado”, recalca, respondiendo a la insistencia en plató y al interés de tertulianos como Antonio Rossi y Terelu Campos, amiga de Carrasco.
El resultado es una historia que, lejos de cerrarse, vuelve a dividir a la audiencia entre quienes creen que Flores está reparando un daño y quienes consideran que el conflicto ha sido alimentado por la exposición mediática. Rocío Carrasco y Rocío Flores, madre e hija, se han convertido en símbolos opuestos para distintos sectores del público, con interpretaciones radicalmente distintas sobre lo que ha ocurrido y cómo debe contarse. En las últimas horas, las redes sociales se han llenado de comentarios, con una división de opiniones muy marcada entre seguidores y detractores de ambas celebridades.