Cuando tienes muy claro desde pequeño que eres más ateo que el “Anticristo”

Suele decirse que los niños son como esponjas: lo absorben todo, motivo por el que los padres tenemos que tener mucho cuidado con lo que decimos en casa delante de ellos. Y es que los más pequeños de la casa no tienen filtro, y piensan que todo lo que escuchan decir a los adultos se puede comentar luego en el colegio o con sus amigos. Algo que a más de una nos ha metido en un buen lío, aunque luego aseguremos que “no sabemos de dónde saca el niño esas cosas” y excusas parecidas.

Pero en algunas ocasiones la cosa no es tan grave, y la falta de filtro —y de vergüenza— de los niños simplemente da como resultado una situación cómica para los adultos. O, como le pasó a nuestra protagonista, años más tarde te reencuentras con aquello que te causó tantos problemas de niña… y te das cuenta de que, en realidad, eras una adelantada a tu tiempo.

Juzgad vosotros mismos:

¿Qué os parece a vosotros? Contádnoslo en los comentarios.

Por cierto, que este niño se corona como el p*to amo de la clase contestando esto en un examen.