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Confirman la peor hipótesis sobre la muerte de Mati, la española asesinada en Indonesia: «La mataron por…»

Una vida de viajes y libertad.

Matilde Muñoz Cazorla, conocida por todos como Mati, era una mujer que parecía hecha para el movimiento. Nacida en Ferrol, pero residente en Palma de Mallorca, llevaba años recorriendo el mundo con una libertad poco común. A sus 72 años, combinaba su pasado como azafata con su presente como profesora de yoga, y financiaba sus aventuras alquilando su vivienda durante la temporada turística.

Lombok, una isla paradisíaca al oeste de Bali, fue su última parada conocida. Allí, en el hotel Bumi Adiitya, sus pasos se desvanecieron. El 2 de julio se reportó su desaparición y, desde entonces, el silencio se volvió insoportable para su entorno.

El desconcierto crece.

Al principio, sus amigos notaron que algo no iba bien cuando dejó de responder a los mensajes. Primero los leía, luego ni eso. Desde España, su exmarido y varias amigas movilizaron redes sociales, grupos de yoga y foros de españoles en Indonesia para difundir su foto. Nadie quería creer que Mati se hubiese marchado por voluntad propia; todas las sospechas apuntaban al hotel.

La presión pública aumentó cuando una parte de sus pertenencias fue hallada en la basura, lo que condujo a una inspección policial en una habitación que ni siquiera era la suya. Su moto seguía estacionada en el aparcamiento y, tras verificar sus registros migratorios, se confirmó que no había abandonado Indonesia. El rompecabezas estaba lleno de piezas que no encajaban.

«Frustrante, indignante, decepcionante… Así ha sido toda la gestión del caso de Matilde Muñoz, desaparecida hace dos meses en Lombok», relata Ana Jorba, una de las amigas de Mati Muñoz. «Llamamos, escribimos, contactamos en la búsqueda con Embajadas. Hemos hecho de investigadores, nos hemos devanado los sesos y ellos, ¿qué han hecho?», afea Jorba a las autoridades.

Hallazgo macabro en la playa.

La confirmación de los peores temores llegó el sábado 30. El cuerpo de Matilde fue encontrado bajo la arena de la playa de Batu Bolong, a solo unos metros del hotel donde se hospedaba. Poco después, dos hombres de 34 y 30 años, ambos locales y con vínculos con el establecimiento, fueron detenidos.

El primero seguía empleado en el hotel; el segundo había sido despedido por un robo anterior. Según informaron las autoridades indonesias, ambos confesaron el crimen. El motivo: un botín de apenas tres millones de rupias, unos 155 euros, y una tarjeta de débito que ni siquiera pudieron utilizar.

La reconstrucción de los hechos estremeció a quienes seguían la búsqueda. Los sospechosos habrían entrado al bungalow de Mati por una ventana, con intención de robar. La mujer los sorprendió y, en un forcejeo, la asfixiaron. Luego envolvieron su cuerpo en una sábana y lo ocultaron durante días en un almacén. Finalmente, decidieron enterrarlo superficialmente en la playa. La geolocalización de su móvil, que ya había sido vendido en el mercado negro, permitió corroborar los detalles de la confesión. Ahora enfrentan cargos de asesinato premeditado y robo con violencia.

El cuerpo de Matilde fue trasladado al Hospital Bhayangkara, donde se realizará la autopsia para esclarecer las circunstancias exactas de su muerte. Una vez concluido el proceso, será repatriado a España, donde su familia y amigos esperan respuestas que quizás nunca lleguen del todo. La indignación crece entre quienes conocían a Mati, no solo por la brutalidad del crimen, sino por la lentitud con la que las autoridades actuaron desde el principio.