Aumenta la plaga de oruga procesionaria, ¡mucho ojo a las mascotas!

La oruga procesionaria está llegando a los parques mucho antes de lo previsto, una larva muy peligrosa de la que hay que saber que puede llegar a ser letal para los perros.

Por culpa de las altas temperaturas que estamos viviendo en este “invierno” tan peculiar, hay que tener especial cuidado si salimos a un parque con nuestros hijos o perros, especialmente los que tienen abundancia de pinos.

Estas larvas de mariposa siempre están ahí pero solo son realmente peligrosas “cuando las temperaturas nocturnas y diurnas se equilibran“. Y este las clínicas veterinarias comenzaron a tener los primeros casos de perros afectados por esta oruga a finales de enero y principios de febrero, aunque los peores meses tradicionalmente son los de marzo, abril e incluso mayo.

Son fácilmente reconocibles por los nidos que forman en las copas de los árboles, blancos y enormes; caminan en grupo como si fueran una procesión, y de ahí viene su nombre.

Los perros, siempre tan curiosos, podrían acercarse a ellas, chuparlas y, en el peor de los casos, a ingerirlas. Son los pelos de estas orugas los que contienen la toxina venenosa.

Los síntomas más comunes son hinchazones, inflamaciones y reacciones alérgicas que hay que intervenir a tiempo para reducir su gravedad. El mayor peligro es que un perro se coma una de ellas, ya que el animal puede llegar a morir por perforación del esófago, y causar necrosis dentro de sus cuerpos por la gran toxicidad que tienen o por un choque alérgico que les impida respirar.

El resto de lesiones pueden ser tan leves que solo necesiten una inyección, o acarrear la pérdida de la lengua o los labios.

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Si tu perro ha entrado en contacto con este tipo de orugas, su primera reacción será “rascarse, darse con las patas y estar muy inquietos, así que si nuestro animal se comporta de esta manera después de haber estado en un parque lo mejor es lavarle bien la boca con agua abundante llevarlo al veterinario.

En el caso de los gatos la prudencia que les caracteriza es uno de los factores que explican por qué no hay tantos casos de contacto con la procesionaria, pero podría llegar a ocurrir.