«Asco…»: Una experta en protocolo aclara qué pasó realmente en el apretón de manos de Sánchez y Trump

Pedro Sánchez, el político que llegó cuando nadie lo esperaba.

Pedro Sánchez es el actual presidente del Gobierno de España y uno de los rostros más reconocibles de la política europea. Su ascenso no fue lineal: en 2016, tras ser apartado de la dirección del PSOE, renació políticamente hasta recuperar el liderazgo del partido y conquistar La Moncloa. Su trayectoria ha estado marcada por giros inesperados, estrategias arriesgadas y una presencia muy calculada ante las cámaras.

Desde su llegada al poder en 2018, ha buscado proyectar una imagen de firmeza y modernidad en el escenario internacional. Ha participado en numerosas cumbres y encuentros multilaterales, tratando de situar a España en un papel activo dentro de la Unión Europea y la OTAN. Su estilo, más contenido que exuberante, contrasta con líderes más explosivos, y eso ha dado lugar a momentos diplomáticos muy analizados.

Conocido por su temple y por cuidar cada gesto en público, Sánchez también es objeto frecuente de análisis de expertos en comunicación no verbal. Sus comparecencias, saludos y reacciones son examinadas con lupa, especialmente cuando comparte escena con figuras de gran peso político y mediático.

El apretón de manos que todos estaban esperando.

Durante la reciente cumbre de paz celebrada en Sharm el Sheij (Egipto), el primer encuentro público entre Pedro Sánchez y Donald Trump acaparó las miradas. Aunque fue un momento breve y protocolario, se convirtió rápidamente en uno de los instantes más comentados del evento. Lo que a primera vista parecía un saludo cortés escondía matices mucho más complejos.

La analista de lenguaje corporal Patrycia Centeno publicó un extenso hilo en la red social X en el que desmenuzó cada gesto y microexpresión de ambos líderes. Según explicó, la sonrisa de Trump no era tan amistosa como parecía: mostraba señales de asco y contención. El expresidente estadounidense elevó ligeramente la nariz y tensó la comisura de los labios, un gesto que suele asociarse al rechazo. “Aparentemente sonríe, pero levanta la nariz y sube la comisura del labio», un gesto asociado al asco. Además, aprieta los labios: reprime”, explicó.

Además, Centeno observó que Trump ofreció la mano con un gesto poco habitual en él. No alzó la palma como acostumbra —una postura que indica superioridad—, sino que mantuvo la mano lateral, un matiz que, según la experta, podría interpretarse como un reconocimiento de igualdad. Aun así, su brazo extendido a medias revelaba cierta distancia emocional.

Una batalla de gestos en directo.

El análisis no se centró solo en Trump. Sánchez también fue observado con detenimiento. Aunque sonrió, su expresión mostraba un leve gesto de incomodidad: la nariz se arrugó en el lado izquierdo, una señal de disgusto difícil de disimular. A esto se sumó el conocido “tirón” característico de Trump al estrechar la mano, un movimiento con el que acostumbra a imponer su terreno. En esta ocasión, la fuerza fue notable, aunque no extrema.

La escena incluyó además un pequeño intercambio simbólico de poder. Trump dio dos toques sobre la mano de Sánchez, gesto que Centeno interpretó como una afirmación de dominio. El presidente español respondió con un golpe en el brazo del estadounidense, en lo que podría leerse como una devolución del pulso. Fue un duelo silencioso, pero claramente perceptible para quien sabe mirar.

Detalles que no pasaron desapercibidos.

Más allá de la coreografía de manos, el aspecto físico de Sánchez también fue objeto de comentarios. Su frente presentaba un brillo llamativo que, según la analista, transmitía nerviosismo. Era el único líder con ese efecto bajo los focos, lo que llevó a pensar que no se trataba de un problema de iluminación, sino de maquillaje ausente o mal aplicado. Un detalle mínimo, pero significativo en un contexto donde cada elemento comunica.

Este esperado saludo se produjo apenas cuatro días después de que Trump insinuara públicamente que España debería ser expulsada de la OTAN por no alcanzar el gasto militar exigido por Washington. Desde Moncloa se respondió con firmeza, reivindicando el compromiso del país con la Alianza Atlántica. El cruce de declaraciones aumentó la tensión previa a la cumbre, añadiendo una capa política a lo que después se escenificó con un apretón de manos.

La escena no tardó en incendiar las redes.

El encuentro entre Sánchez y Trump, con todos sus matices, no pasó inadvertido para el público. Miles de usuarios analizaron las imágenes fotograma a fotograma, compartiendo teorías, memes y comentarios sobre la supuesta “lucha silenciosa” entre ambos líderes. El gesto, aunque breve, se convirtió en uno de los momentos más debatidos de la cumbre y alimentó intensas conversaciones en las redes sociales.

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