web analytics

Andy ya no se calla, y revela en directo en ‘El Hormiguero’ la verdad sobre la nariz de Lucas: “No tengo pruebas, pero…”

Andy, el chico que cantaba desde la bahía.

Durante años, su voz fue la mitad de un eco que llenó radios, ferias y verbenas. Andy Morales, gaditano y corazón de barrio, se convirtió en símbolo de una generación que aprendió a decir “te quiero” con estribillos de pop aflamencado. Junto a Lucas González formó uno de los dúos más exitosos del pop español de los 2000, un tándem inseparable que parecía hecho de amistad, calle y acordes sencillos. Pero como tantas historias que suenan a verano eterno, la suya también escondía tormenta.

Antes de los focos y las giras multitudinarias, Andy era un chico que componía en su habitación, soñando con subir a un escenario. Su talento no solo estaba en la voz sino en la forma en que traducía emociones cotidianas en melodías que todo el mundo podía entender. En 2003, el fenómeno Andy y Lucas irrumpió con fuerza y, durante dos décadas, se mantuvo vivo a pesar de los cambios de la industria y las diferencias personales. Pero algo se fue resquebrajando entre los dos amigos.

A medida que las giras crecían y las cifras se volvían más grandes, el vínculo entre ellos comenzó a encogerse. Andy, más discreto y reservado, se fue apagando entre los focos, mientras Lucas asumía el liderazgo artístico y empresarial. Lo que en los primeros años fue complicidad natural, terminó por transformarse en una convivencia cargada de silencios.

Hoy, Andy vuelve a escena con un discurso distinto: el de quien ha aprendido a cantar solo, sin depender del otro. Y, curiosamente, el eco de esa independencia ha resonado en uno de los programas más vistos de la televisión española.

Un regreso con mensaje.

Este lunes, ‘El Hormiguero’ abrió su semana con la visita de Andy Morales, presentado por Pablo Motos como “exmiembro del famoso dúo de Andy y Lucas”. El artista acudió para dar a conocer su nueva canción, Marioneta, incluida en su disco Solo. Nada más pisar el plató, Andy confesó que era “la primera vez” que acudía al programa “solo”: “Qué mejor sitio que aquí para venir. Era un sueño y lo estoy cumpliendo”.

Esa mezcla de emoción y vértigo definió su paso por el programa. Andy habló sin rencor, pero con una claridad que pocas veces había mostrado en público. “Después de muchísimos años… recuerdo que cuando empezamos, participaba en todo lo musical, y luego fui perdiendo esa parte de meter voces, encargarme de coros y desaparecí. Desaparecí por dinero”, confesó. Su tono no era de reproche, sino de alivio: el de quien por fin puede contar su parte de la historia.

El cantante aseguró que la relación dentro del grupo fue cambiando hasta el punto de sentirse desplazado. A pesar de eso, insistió en que su nueva etapa no es una venganza musical, sino una reconstrucción personal.

“Es un desamor”.

Cuando Motos le preguntó si Marioneta era una canción de ruptura, Andy no dudó: “Es un desamor”. Añadió que la idea original y su interpretación “era una ruptura. Es lo que sentí con esa persona, y es lo que he intentado reflejar”. Al presentador se le escapó una comparación inevitable con Shakira, pero Andy se lo tomó con humor: “A ver, no seamos mamones, que me vais a meter en un lío… Es un desamor. Yo he tenido momentos de mi vida en los que me he enamorado y en los que me he desenamorado, pero ha coincidido con la letra”.

En ese mismo tono confesó una reflexión más profunda: “Muchas veces en la vida confías en alguien, vas ciegamente, piensas: ‘No me la está haciendo, tengo que confiar’, y después de la ruptura, uno se para a pensar y dice: ‘La culpa es mía’”. Era evidente que Andy no solo hablaba de una relación sentimental, sino también de su pasado profesional.

Entre risas nerviosas, también tuvo que enfrentarse a una pregunta sobre una de las estrofas del tema —“No quieres a nadie, solo a tu egoísmo”—. Su respuesta fue tan espontánea como sincera: “No tiene nada que ver. ¿No nos podemos ir otra vez a publicidad? Llevo ensayándolo tres semanas”, dijo, desatando carcajadas en el plató.

Amistad, cuentas y heridas.

A medida que avanzaba la conversación, el tono cambió. Andy habló de las dificultades que atravesaron en los últimos años: “Hemos tenido momentos muy tensos, malos, pero también buenos. Ahora no, pero durante la crisis tuve un problema económico y él me ayudó, y en la pandemia también”. Sin embargo, admitió que hubo otras situaciones que no llegó a comprender del todo.

Sobre la pelea que ambos protagonizaron en mayo, aclaró: “Fue una pelea de verdad, pero físicamente no nos tocamos. Fue muy desagradable. Lo que viví allí no es de amigos. Yo con mis amigos no nos insultamos”. Su relato mezclaba tristeza y resignación, como si aún buscara una explicación que no llega.

Según Andy, todo se desató en un concierto en Mérida. “Estábamos en un concierto, le intento calmar, le digo tonterías con el micrófono… y me dice: ‘Cállate la boca, que tenemos que ser unos profesionales’. Me agobié. Cuando me bajé nos gritamos y nos tuvieron que separar. No nos tocamos, pero sí que nos dijimos de todo. Estuvimos a punto. Presuntamente, me tiró una botella”, relató, intentando ponerle algo de humor a un episodio que no lo tiene.

Además, el presentador le ha preguntado por la nariz de Lucas, uno de los temas más comentados de los últimos meses, y Andy ha respondido que no conoce toda la verdad: “A ver, yo no soy traumatólogo, pero cuando le vi por primera vez me dijo que no se había hecho las curas y demás, y le dije que no pasaba nada, y luego fue empeorando, y no sé la verdad realmente. Tengo mis sospechas, pero igual que todo el mundo. No te puedo decir porque no tengo las pruebas, pero puede ser un poco extraño, presuntamente”.

Lo que el dinero se llevó.

El artista también habló del aspecto económico, dejando claro que durante años no tuvo acceso a los números del dúo: “Cuando salimos de Sony él se hizo cargo de todo y yo no veía los datos. En crisis me quedé sin nada, y a partir de ahí él lo gestiona con su sociedad limitada”. Añadió que tampoco recibía ingresos de plataformas como Spotify o YouTube: “Yo no veía ningún duro tampoco de YouTube, de ninguno. Desde que dejamos Sony yo no he visto nada de nada”.

Su testimonio dibuja un escenario tenso, donde la confianza personal se mezcló con la gestión del dinero, una combinación explosiva en cualquier grupo musical. “Yo he tenido que comprar entradas para mis conciertos. Él tuvo 200 entradas y a mí me dieron 52. Creía que tenía el mismo derecho”, contó. Aun así, insistió en que su prioridad ahora es la música, no las cuentas pendientes.

Al terminar, se mostró liberado: “Cuando acabé me sentí libre. Ahí no me lo creía. A los 20 minutos ya era libre. Podía hacer lo que quería, y si yo cometo un error lo asumo yo”.

El precio de cantar juntos.

La historia de Andy y Lucas no es un caso aislado. En la música, los lazos que se crean en los inicios suelen tensarse con los años, especialmente cuando el éxito entra en escena. Oasis, por ejemplo, pasó de ser la banda británica más influyente de los noventa a una guerra abierta entre los hermanos Gallagher, incapaces de compartir un camerino sin insultarse.

También los Take That vivieron su propio terremoto cuando Robbie Williams abandonó el grupo en pleno auge, harto de las tensiones internas y la falta de libertad creativa. Décadas después, la reconciliación fue más simbólica que real: los egos en la música, como las melodías, nunca desaparecen del todo. Otras veces, como en el caso de Pereza, la separación fue inevitable: Leiva y Rubén Pozo siguen hablando bien el uno del otro, pero sus caminos musicales se bifurcaron por completo.

La moraleja parece repetirse una y otra vez: detrás de cada éxito compartido hay dos biografías que laten a distinto ritmo. Andy, ahora en solitario, ha decidido marcar el suyo propio. Y tal vez, por primera vez en mucho tiempo, el eco de su voz ya no necesita otra mitad para sonar completo.