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Alerta sanitaria: España en alerta por un popular producto que puede generar graves problemas de salud

Atención a esto.

En las redes sociales hay un tipo de contenido que nunca falla: las advertencias del día a día. Basta con que alguien avise de un posible riesgo en algo tan cotidiano como el táper del almuerzo o el uso de una freidora de aire para que el mensaje se comparta miles de veces. Ese tono de “ojo con esto que tienes en casa” engancha, porque apela directamente a nuestros hábitos más básicos. Y, de paso, convierte a cualquier detalle doméstico en noticia de interés masivo.

En el terreno de la alimentación esta dinámica es especialmente visible. Vídeos de nutricionistas, hilos de consumidores y comunicados oficiales se mezclan en el mismo timeline. Un día toca revisar la nevera, al siguiente las especias del armario y, al otro, los endulzantes de moda. La sensación es que cualquier producto puede esconder una letra pequeña que no habíamos visto.

Las alertas oficiales, que antes parecían un asunto técnico reservado a boletines y documentos administrativos, se han colado así en la conversación diaria. Cuando un organismo de seguridad alimentaria publica una advertencia, no solo lo hace en su web: también termina en grupos de WhatsApp, stories y mensajes reenviados. Y aunque a veces el tono se deforma o exagera, el punto de partida suele ser un aviso muy concreto.

Lo cotidiano asusta.

En los últimos días, la que ha entrado en ese circuito de difusión es una nueva advertencia de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). El organismo ha informado de la detección de sulfitos no indicados en el etiquetado de un azúcar de coco comercializado en España. Según la notificación con referencia ES2025/627, el problema afecta a un endulzante que se vende como ecológico y que muchos consumidores emplean como alternativa al azúcar tradicional. Lo que podría parecer un detalle menor en la etiqueta se convierte, para ciertas personas, en un riesgo real.

La alerta concreta señala el lote L250290 del producto “Azúcar de coco Bio”, de la marca Eco Wassi. El motivo de preocupación es la presencia de sulfitos que no figuran entre los ingredientes, algo especialmente relevante para quienes tienen intolerancia o sensibilidad a este compuesto. Para ese grupo de población, la recomendación es clara: evitar el consumo del lote señalado. En cambio, para quienes no presentan este tipo de reacción, las autoridades insisten en que no se considera un producto peligroso.

Esta comunicación no llega de la nada, sino que supone la quinta actualización de una serie de avisos relacionados con endulzantes que contienen sulfitos sin declarar. Las primeras advertencias se difundieron el 27 y el 31 de octubre, mientras que las siguientes se publicaron el 4 y el 13 de noviembre. Con este nuevo caso, la lista de productos afectados alcanza ya ocho referencias de siete marcas distintas: Eco Wassi, Azucarera, Dreamfoods, Planeta huerto, Bizilur, Gumendi y La Salmantina. Una enumeración que, visto el uso creciente de este tipo de azúcares, ha despertado la atención de muchos consumidores.

Lo que no se ve.

El origen de esta última alerta se sitúa en la Comunidad Valenciana, cuyas autoridades comunicaron a AESAN la presencia del alérgeno no declarado. A partir de ahí, se ha verificado que la distribución del producto alcanza a todas las comunidades autónomas, por lo que el aviso se lanza a nivel nacional. La lógica es sencilla: si el artículo ha podido llegar a cualquier punto del país, también puede estar ahora mismo en la despensa de muchos hogares. De ahí la importancia de que la información llegue al mayor número posible de personas.

Cuando AESAN hace pública una alerta sanitaria persigue precisamente ese objetivo: que quien tenga el producto implicado en casa pueda identificarlo y actuar en consecuencia. El primer paso, explican, pasa por comprobar la información en fuentes fiables, empezando por la propia web oficial del organismo, www.aesan.gob.es, ante la cantidad de rumores que circulan por internet. Después, es fundamental valorar si uno pertenece al grupo de riesgo al que se dirige el aviso, ya que muchas comunicaciones se centran en personas con alergias o intolerancias específicas y no en el conjunto de la población. No todas las advertencias tienen la misma relevancia para todo el mundo, y saber situarse ayuda a evitar alarmas innecesarias.

El tercer elemento clave es revisar con detalle el producto que tenemos entre manos. No basta con que se parezca: hay que confirmar que coinciden el nombre comercial, el formato, el peso, la fecha de caducidad o de consumo preferente y, sobre todo, el número de lote indicado en la alerta. Solo si todos esos datos se corresponden con los del comunicado puede decirse que el artículo está realmente afectado. Esta comprobación minuciosa marca la diferencia entre una preocupación genérica y una situación que requiere actuar.

Si, tras revisar la información, el azúcar de coco o cualquier otro producto coincide exactamente con el descrito por AESAN y la persona forma parte del grupo potencialmente sensible, la recomendación es no consumirlo en ningún caso. Se aconseja devolver el artículo al establecimiento donde fue adquirido para solicitar el reembolso o el cambio, especialmente si se conserva el ticket o comprobante de compra. Y, si ya se ha ingerido y aparecen síntomas compatibles con una reacción adversa, lo prudente es acudir a un centro sanitario para una valoración profesional. Todo este protocolo, traducido en hilos explicativos, capturas de pantalla y mensajes entre amigos, ha hecho que la advertencia sobre el azúcar de coco se convierta en uno de los temas más comentados entre los internautas.