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A juicio la mujer que maltraró a su marido durante un año tras encerrarlo en casa con sus 60 chihuahuas

Encerrado con 60 chihuahuas y torturado por su esposa: piden 8 años de cárcel

Encerrado en un cobertizo, rodeado por decenas de chihuahuas, descalzo, herido y vigilado constantemente por cámaras de seguridad. Así vivió durante un año un hombre en Bélgica, víctima de una espiral de violencia doméstica que ha conmocionado a la opinión pública del país. La autora de esta historia de terror es su propia esposa, Anna VDV, con quien se había casado en 2024. Ahora, la Fiscalía ha solicitado para ella una condena de **ocho años de prisión**, acusada de ejercer **tortura continuada** contra su pareja, a la que golpeaba a diario y a la que incluso llegó a arrojar agua hirviendo.

Una pesadilla entre perros, golpes y cámaras de vigilancia

Según los informes, Anna VDV mantuvo a su marido recluido en un cobertizo que compartía con 60 chihuahuas. Lo obligaba a limpiar sus excrementos descalzo, lo agredía físicamente de forma rutinaria y lo controlaba a través de cámaras de seguridad que había instalado en el jardín. La mujer, además, lo culpó por la muerte de dos de los perros y, como represalia, le vertió agua hirviendo encima. Durante todo ese tiempo, el hombre permaneció bajo su control, aislado del mundo exterior, sufriendo en silencio un año de abusos físicos y psicológicos.

Una huida desesperada: “golpeó la puerta de sus vecinos suplicando ayuda”

El infierno terminó el 18 de marzo de 2025, cuando la víctima consiguió reunir el valor suficiente para escapar. Huyó de la casa y golpeó desesperadamente la puerta de sus vecinos, quienes al abrir se encontraron con una imagen impactante: el hombre estaba desorientado, presentaba signos de hipotermia, tenía heridas visibles y no podía apenas hablar. Conscientes de la gravedad de la situación, alertaron de inmediato a los servicios de emergencia.

La coartada de Anna: “Tiene depresión, se ha hecho daño él solo”

Cuando llegaron los paramédicos, Anna intentó encubrir los hechos afirmando que su marido tenía depresión y que él mismo se había autolesionado. Sin embargo, el comportamiento de la víctima hablaba por sí solo: se mostraba tenso, retraído y visiblemente incómodo en presencia de su esposa. Los sanitarios, alertados por su actitud, le pidieron que se bajara de la ambulancia. Fue entonces, ya a salvo, cuando se atrevió a romper el silencio y contar su historia. Al principio dijo que llevaba un mes siendo maltratado, pero luego reconoció que los abusos se habían extendido durante **un año completo**.

Un caso de violencia extrema que estremece a Bélgica

La Fiscalía considera los hechos de extrema gravedad y acusa a Anna VDV de someter a su pareja a una situación de tortura física y psicológica sostenida en el tiempo. El uso del encierro, los malos tratos, el aislamiento, la humillación y el constante control a través de cámaras dibujan un patrón de violencia estructural que la víctima sufrió en silencio, atrapado dentro de su propio hogar. Las condiciones en las que vivía —rodeado de decenas de perros, sin higiene, sin libertad— son descritas como inhumanas y degradantes.

El maltrato también tiene nombre cuando la víctima es un hombre

Este caso ha abierto un debate en Bélgica sobre la visibilidad de los hombres víctimas de violencia de género, un fenómeno aún poco tratado en los medios y con escasa cobertura institucional. La historia de este hombre no solo ha conmocionado por su crudeza, sino porque desafía los estereotipos habituales: en este caso, la agresora fue la mujer, y la víctima, su esposo, que quedó reducido a un estado de absoluta vulnerabilidad y sometimiento.

¿Justicia o impunidad? La palabra final la tendrá el tribunal

Por ahora, la Fiscalía ha sido clara: solicita ocho años de cárcel para Anna VDV, en lo que podría convertirse en una sentencia ejemplar. El proceso judicial sigue su curso y se espera que el juicio se celebre en los próximos meses. Mientras tanto, el testimonio del hombre y las pruebas recogidas por los equipos forenses y de emergencia serán claves para sostener la acusación. Este caso no solo busca justicia para una víctima concreta, sino también encender una alarma sobre formas de violencia que, aunque menos visibilizadas, existen, duelen y deben ser denunciadas.