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¿Es mejor para la dieta azúcar o sacarina? Boticaria García tiene una respuesta clara y concisa

El azúcar sigue presente en casi todo lo que comemos

Aunque muchas personas piensan automáticamente en bollería, refrescos o caramelos cuando se habla de azúcar, lo cierto es que esta sustancia está mucho más presente en nuestra alimentación diaria de lo que parece. De manera natural, numerosos alimentos contienen distintos tipos de azúcares. Las frutas, por ejemplo, aportan fructosa, glucosa y sacarosa en diferentes cantidades, mientras que otros productos habituales como las verduras, los lácteos o incluso la miel también contienen azúcares de forma natural. El problema, según los expertos en nutrición, aparece especialmente cuando entran en juego los llamados azúcares añadidos, aquellos que la industria incorpora durante el procesamiento de los alimentos para potenciar el sabor dulce y hacerlos mucho más apetecibles para el consumidor.

Zumos procesados, chocolates, helados, cereales, galletas, yogures saborizados o incluso algunas salsas esconden cantidades importantes de azúcar añadido que muchas veces pasan desapercibidas. Por eso, revisar las etiquetas nutricionales se ha convertido en una recomendación básica para quienes quieren cuidar su alimentación. Un consumo excesivo y mantenido en el tiempo puede derivar en problemas graves para la salud, desde aumento de peso hasta enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

La OMS lleva años alertando del consumo excesivo de azúcar

La preocupación no es nueva. La Organización Mundial de la Salud mantiene desde hace años unas recomendaciones muy claras respecto al consumo de azúcares libres. El organismo aconseja que estos no superen «menos del 10% de las necesidades energéticas totales» de una persona a lo largo del día. Pero incluso va más allá y señala que «se pueden observar mejoras si se reducen a menos del 5%», una cifra mucho más estricta que muchos expertos consideran difícil de alcanzar con los hábitos actuales de alimentación.

A pesar de estas advertencias, reducir el azúcar no siempre resulta sencillo para muchas personas. Hay quienes no conciben tomarse un café sin añadir una cucharada de azúcar, mientras que otros mantienen un consumo frecuente de productos de repostería o bebidas dulces. Precisamente por esta dificultad para abandonar el sabor dulce, la industria alimentaria ha desarrollado durante décadas diferentes alternativas destinadas a sustituir el azúcar tradicional. Y entre todas ellas, una de las más conocidas sigue siendo la sacarina.

La sacarina: el sustituto que promete endulzar sin calorías

La sacarina es uno de los edulcorantes artificiales más utilizados del mundo. Su principal ventaja es evidente: aporta un sabor extremadamente dulce sin sumar calorías al organismo. Esto la ha convertido durante años en una opción habitual para personas que quieren adelgazar, controlar la glucosa o simplemente reducir el consumo de azúcar en bebidas y alimentos.

Sin embargo, la gran duda sigue siendo la misma: ¿realmente es tan saludable como parece? La farmacéutica y nutricionista Boticaria García ha analizado esta cuestión y ha explicado qué ocurre exactamente en el cuerpo cuando consumimos azúcar y cuándo optamos por edulcorantes artificiales como la sacarina.

Así afecta el azúcar al cerebro, según Boticaria García

La experta explica que el azúcar no solo tiene un impacto físico, sino también neurológico. Según detalla, «viaja al cerebro y activa un sistema de recompensa. Aparece la famosa dopamina, que nos va a hacer desear más alimentos azucarados». Este mecanismo es precisamente el que provoca que muchas personas desarrollen una fuerte preferencia por los sabores dulces y les cueste reducir su consumo con el paso del tiempo.

Además, Boticaria García advierte de que el cerebro puede desarrollar cierta tolerancia. Es decir, cada vez necesita una mayor cantidad de azúcar para experimentar el mismo nivel de placer o satisfacción. La nutricionista recuerda que «mucho azúcar se relaciona con obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares», tres de los principales problemas de salud pública en la actualidad.

La parte menos conocida de la sacarina y los edulcorantes artificiales

Aunque los edulcorantes artificiales no elevan la glucosa ni aportan calorías, la experta señala que tampoco son una solución perfecta. Según explica, «los edulcorantes artificiales pueden engañar a las papilas gustativas porque saben dulce, pero no aportan calorías, no aumentan la glucosa en sangre y no estimulan el sistema de recompensa con la misma intensidad».

Sin embargo, añade que no todo son ventajas. Boticaria García alerta de que estos productos pueden tener efectos secundarios menos conocidos relacionados con la alimentación y el organismo. En concreto, señala que «pueden alterar la sensación de saciedad, la preferencia por sabores dulces e, incluso, modificar la microbiota intestinal». Es decir, aunque ayuden a reducir el consumo de azúcar, también podrían mantener el hábito de depender constantemente del sabor dulce en la dieta diaria.

Entonces, ¿qué es mejor: azúcar o sacarina?

La respuesta de la nutricionista es clara y bastante directa. Si hay que escoger entre ambas opciones, considera preferible recurrir a la sacarina antes que abusar del azúcar tradicional. Aun así, insiste en que el objetivo ideal debería ser otro completamente distinto: acostumbrar progresivamente el paladar al sabor natural de los alimentos y reducir la necesidad constante de añadir dulzor a todo lo que consumimos.

Por eso, la recomendación final de Boticaria García es contundente: «Si hay que elegir, mejor sacarina, aunque lo ideal es no usar ningún tipo de edulcorante y disfrutar del sabor auténtico de los alimentos». Una conclusión que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre cuánto azúcar consumimos realmente cada día y hasta qué punto dependemos del sabor dulce sin darnos cuenta.